sábado,29 enero 2022
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Culpan a los gobiernos de la subida del recibo

Las eléctricas presionan a Bruselas para frenar la competencia de las renovables

Redacción
Las 10 mayores eléctricas europeas, con amplia presencia española y excepción de la pública francesa EdF, iniciaron el pasado viernes una campaña de lobby ante las autoridades de la Unión Europea para frenar la competencia de las renovables, a las que culpan del aumento del recibo a los consumidores y de no garantizar la seguridad de suministro incluida como objetivo en los tratados europeos.

Entre esas 10 empresas que han firmando un manifiesto en favor de un marco legal estable y armonizado en toda la UE figuran dos grandes energéticas de España, uno de los países con recibo de la luz más caro pese a la caída de los precios de producción y a las considerables ayudas estatales, próximas a las necesitadas por el sector bancario, hace más de una década asumiendo el Estado los llamados costes de transición a la competencia (no pagados a otros sectores) y ahora un déficit de tarifa que tiene como destinatario final la deuda pública y acumula más de 25.000 millones de euros.  Se trata de Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, y Rafael Villaseca, consejero delegado de Gas Natural Fenosa, a cuyas firmas se unen las de los italianos Paolo Scaroni (ENI) y Fulvio Conti (Enel), el francés Gérard Mestrallet (GDF Suez), los alemanes Johannes Teyssen (E.ON) y Peter Teryum (RWE), el holandés Gertjan Lankhorst (GasTerra), el sueco Oystein Loseth (Vattenfall) y el checo Daniel Benes (CEZ Group).

“No pedimos subsidios, pedimos incluso detener o reducir dramáticamente los subsidios a las renovables con tecnologías maduras y concentrar los subsidios en I+D para las tecnologías de mañana”, dijo el presidente y consejero delegado de GDF-Suez, Gérard Mestrallet. A ello el espaól Sánchez Galán añadió el conocido “más del 50% de la factura que pagan hoy los europeos no tiene nada que ver con la generación de energía o las redes, sino que responde a decisiones políticas erróneas que se han tomado en diferentes países”.

A esa petición de concentrar los subsidios en la I+D en vez de las renovables se suman decisiones recientes como las denunciadas ayer por Javier Olaverri en EL PAIS: " el Gobierno Rajoy no quiere enfrentarse a las empresas tradicionales y prefiere seguir una política de “amiguetes” que no apuestan por el cambio. No solo ha sido incapaz de reordenar el sector para que los costes actuales eléctricos sean lo más competitivos posible, sino que ha desencadenado una guerra total a las nuevas fuentes de energía renovables. Hoy, en los sitios soleados de España, es perfectamente posible para un particular producir energía fotovoltaica sin subvención alguna y a precio similar a la que le cuesta comprarla en el mercado. Eso se debe a que los precios de los paneles solares se han dividido por diez en lo que va de siglo y siguen bajando". Tambien apuntaba que la ley fiscal que exonera a la central de Garoña del pago de 154 millones de euros con destino al tratamiento del combustible nuclear llega cuando la francesa EDF reconoce que sus nuevos reactores necesitan un precio garantizado de 100 euros/Mwh, casi el doble que el actual precio de mercado (55€/Mwh) y mucho más alto que el precio actual de la energía eólica (80€/Mwh).

Sin embargo, la amenaza existencial de las eléctricas tiene otro origen, como ha explicado también este fin de semana The Economist en el reportaje titulado "Cómo perder 500.000 millones de euros".  El problema es la falta de demanda (caerá un 2% entre el 2010 y el 2015, según la Agencia Internacional de la Eergçia), el exceso de oferta, la carestía de os recios al consumo pese a los menores costes de roducción y la propia gestión de las eléctricas, cuyo valor de mercado o capìtalización ha caído en ese medio billón de euros los últimos cinco años, más de lo que han caído las acciones de los bancos europeos en el mismo periodo, con las consiguientes pérdidas de derechos para los fondos de pensiones y otros inversores los empleados, los empleos menos remunerados o perdidos, y la propia pérdida de la confianza en los títulos de las eléctricas como fiables y resistentes a la inflación, como lo demuestra que al colapso de precios de las accionesse han sumado las políticas de dividendos. 

Las 10 eléctricas del manifiesto reclaman que las nuevas instalaciones de energía renovable dejen de contar con subvenciones públicas, tanto para tecnologías maduras (eólica) como las menos (fotovoltaica y termosolares). El sector energético reclama además a la UE que repare el mercado de emisiones de CO2 con el fin de que dé una “señal clara” que permita orientar las inversiones. “Necesitamos un objetivo para 2030 que sea ambicioso pero razonable. Sin una señal clara sobre el carbono no estaremos en posición de invertir”, señaló el responsable de GDF-Suez. 

Les preocupa también la «Hoja de ruta para 2050», que ha iniciado el debate sobre la mejor manera de hacer frente a las necesidades crecientes de energía emitiendo pocos gases de efecto invernadero, a precios asequibles. Y en este contexto también alguna literatura de Bruselas, como su última publicación sobre energía, donde se indica que para atraer a los inversores es preciso ofrecerles desde ahora una orientación y un marco reglamentario claros y previsibles (como el que dicen reclamar los 10 del manifiesto), "ya que en los próximos años numerosas instalaciones de producción de energía estarán demasiado viejas y tendrán que ser sustituidas por otras nuevas para periodos de treinta o cuarenta años. El sistema actual, centralizado, con grandes unidades de producción de energía, va a evolucionar hacia un sistema en el que serán cada vez más frecuentes las pequeñas unidades de producción descentralizadas, y eso hay que tenerlo en cuenta desde ahora".

 

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