miércoles,20 octubre 2021
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Le Dieu de Laplace et la place de Dieu

Vanity Fea
Veo con cierta satisfacción que Stephen Hawking va progresando en su comprensión del cosmos, y que en su último libro ´The Grand Design´ viene a concurrir con las críticas que se le podían hacer a su postura en ´A Brief History of Time´. La noticia tal como podía leerse en El País rezaba así: "Stephen Hawking excluye a Dios como creador del Universo".

 

"El astrofísico cierra la puerta a la compatibilidad entre ciencia y religión.

"El científico británico Stephen Hawking afirma en su nuevo libro, The Grand Design  (El Magnífico Diseño), que el Big Bang fue una consecuencia inevitable de las leyes de la física, que Dios no creó el Universo y que las teorías científicas más actuales convierten en redundante la figura de un creador. El libro, del que el periódico británico The Times  adelanta hoy algunos extractos, señala: "Dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo crearse a sí mismo -y de hecho lo hizo- de la nada. La creación espontánea es la razón de que exista algo, de que exista el Universo, de que nosotros existamos". Por tanto, añade, "no es necesario invocar a Dios" para que haya cosmos.

"En su obra más popular, A Brief History of Time (Una Breve Historia del Tiempo), un texto de divulgación sobre el Universo y su evolución, Hawking, físico teórico reconocido internacionalmente por sus aportaciones en cuestiones de cosmología, agujeros negros y gravitación cuántica, sugería que "si llegamos a descubrir una teoría completa, sería el triunfo definitivo de la razón humana porque entonces conoceríamos la mente de Dios". Ahora sostiene que, del mismo modo que el darwinismo eliminó la necesidad de un creador en el campo de la biología, las nuevas teorías de la física hacen redundante el papel de un creador del Universo. El último libro, escrito junto al físico estadounidense Leonard Mlodinow, saldrá a la venta el próximo 9 de septiembre, una semana antes de la visita del Papa a Reino Unido.

"Los argumentos actuales de Hawking sugieren que ha roto con su visión anterior acerca de la religión, cuando sostenía que las leyes de la física significaban que sencillamente no era necesario creer que Dios hubiera intervenido en el Big Bang. Ahora destaca, por ejemplo, que el descubrimiento del primer planeta extrasolar, en 1992, ayudó a desmontar la visión de Isaac Newton de que el Universo no pudo surgir del caos sino que fue creado por Dios. Ese hallazgo "hace que las precisas condiciones de nuestro sistema planetario -el Sol único, la afortunada combinación de la distancia Sol-Tierra y la masa solar- sean mucho menos llamativas y en absoluto evidencias convincentes de que la Tierra fuera cuidadosamente diseñada para satisfacer a los seres humanos", escriben Hawking y su colega en el nuevo libro."

Aquí mi no breve reseña de Breve Historia del Tiempo de Hawking, con críticas ateas incluidas. En algunos aspectos el nivel de discusión sobre cosmología y religión de esta autoridad internacional deja bastante que desear, consistiendo más en patas de banco que en una discusión cosmológica seria. Qué patético, estar volviendo sobre cuestiones que deberían estar fuera del debate científico desde hace dos siglos–como si fuesen noticia científica.

De hecho ahora viene a concurrir Hawking con la posición natural de la ciencia física–y con lo que eran las teorías de Laplace, el cosmólogo francés del siglo XVIII. Cuando se le preguntó qué lugar ocupaba Dios en su interpretación gravitatoria de la formación del Universo, Laplace repuso que Dios era una hipótesis inútil.

El truco consiste en sustituirlo por la Fuerza. Es lo que hizo, con algo más de detalle, aunque sin ecuaciones, y antes de George Lucas, el filósofo evolucionista Herbert Spencer–ver sobre él, por ejemplo, mi artículo "Victorian Dark Matter". En la teoría evolucionista de Spencer, toda la complejidad de lo que hay deriva de la interacción de las fuerzas locales en las que se ha dividido una fuerza simple original–la que en la teoría actual de Hawking viene a ser lo que él llama la gravedad (aunque no es la de Newton, claro). Puede leerse más sobre cómo es posible la creación a partir de la nada en "El efecto mariposa y la complejidad ex nihilo". También sobre la compatibilidad entre ciencia y religión le convendría leer a Hawking First Principles, de Spencer, donde la cuestión recibe una respuesta un tanto más compleja.

Era chocante que Hawking, que se dio a conocer precisamente por su teoría de la generación continua de partículas a partir de la nada, reservase un lugar especial a Dios como creador de la partícula original. Un dios por cierto tanto más inútil cuanto que no se sabía nada de él–ni siquiera si era un ser pensante. No llegaba ni a la categoría de demiurgo, y de hecho sólo desempeñaba en la teoría el papel de una Fuerza. Ahí es donde empieza la ciencia, y ahí es donde va a parar. Otro vocabulario y otras especulaciones no son sino maneras de confundir al personal, que bastante lío tiene ya montado sin necesidad de que los físicos introduzcan hipótesis inútiles. Ahora que, vender libros, seguro que venderán, Hawking y su coautor Leonard Mlodinow (que hace poco publicó en esta misma línea The Drunkard´s Walk: How Randomness Rules Our Lives).

Por cierto, que parece que vuelve a meter la garra Hawking con su título–The Grand Design, cuando precisamente parece que no hay ningún plan ni ningún diseño, como venían diciendo Darwin, o Stephen Jay Gould. De una imagen usada por Gould para explicar la existencia de la complejidad en un universo aleatorio es de donde ha extraído Mlodinow la imagen de los andares del borracho–y la marcha de borracho que sigue el universo no deja mucho lugar al diseño inteligente. Habrá que leer el libro, en fin, a ver qué "design" es ese al que se refiere Hawking–al que parece que le cuesta entender que la física elemental viene primero, lógica y cronológicamente hablando, y las mentes después.

En suma, que lo del Gran Diseño, o bien es irónico, o se refiere a la belleza de las leyes autogeneradas y los fenómenos a que dan lugar, o se refiere a la belleza de la propia teoría de Hawking. Otro sentido no puede tener en un libro de cosmología científica.

La impresentable levedad del ser

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