viernes,3 diciembre 2021
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Sobre la reflexión y el ensimismamiento

Los circuitos neurales de la consciencia: Modo offline

Vanity Fea
No es que lo diga yo, pero el ensimismamiento puede considerarse el estado por omisión de la mente humana. Omisión de atención al entorno inmediato, para empezar: hay quien lo llama el modo ´offline´ de la consciencia.

Puede verse en YouTube una conferencia de Carmen Cavada sobre los circuitos neurales de la consciencia:

Carmen Cavada, "Circuitos neurales de la consciencia." (Seminario del Grupo Ciencia, Razón y Fe). Videoconferencia. YouTube (universidaddenavarra) 30 nov. 2012.

         https://youtu.be/wRSYulaXB1o

         2015

Sobre el "Estado por omisión del cerebro" o "default mode of the brain" de que habla Carmen Cavada (minuto 16), quiero comentar lo siguiente.

Derek Bickerton hablaba, en su Adam´s Tongue, de dos modalidades de funcionamiento cerebral; a una la llamaba el modo "en red" (online)—cuando el cerebro está atento a los sentidos e interactuando con el entorno.

Lo que Carmen Cavada llama "estado por omisión", el estar "en las nubes" o ensimismados, entendido como el estado habitual del cerebro, sería el modo "offline" de Bickerton: cuando el cerebro interactúa consigo mismo, desconectado del entorno inmediato y de la información de los sentidos, y atento a su propia autointeracción. Platón, Aristófanes, William James (con su stream of consciousness), se refirieron a este fenómeno, señala Cavada. Decía E. Klinger que gran parte de la actividad mental y de la experiencia propiamente humana consiste en esta experiencia interior en gran medida fragmentaria, cuya función desconocía pero consideraba que había de ser neurológicamente relevante.

La autointeracción, la reflexividad, ha sido frecuentemente definida como característica del pensamiento humano, y el cerebro, con sus involuciones y anfractuosidades, puede fácilmente concebirse como un instrumento generador de reflexividad, de autointeracción entre sus diversas partes, tan interconectadas entre sí y tan aisladas a veces de la información sensorial directa. (Ver por ejemplo El puesto del hombre en el cosmos de Max Scheler para una teoría fenomenológica de la reflexividad).

En el minuto 23 de la conferencia de Cavada se aprecia el papel en la consciencia de lo que he llamado la teoría de la retroproyección mental; la consciencia requiere no sólo la presencia de la "T" ante el sujeto perceptor, sino el papel activo del sujeto perceptor gestionando esa atención: organizando lo que ve, y proyectándolo de nuevo, comunicándose consigo mismo usando el mundo externo o la información sensorial, online, como una interfaz para la autointeracción.

Percibimos no sólo recibiendo datos del entorno, sino procesándolos en distintas áreas o sistemas cerebrales, encargados de organizar la conceptualización, la interpretación de lo que vemos de acuerdo a ideas, esquemas,  y marcos de referencia. Creando bucles en la mente. Y así el mundo percibido es parcialmente recibido,  y parcialemnte reelaborado y proyectado. Volveremos sobre esto en un futuro, hoy no. Pero es una noción esencial para la teorización del "mundo como teatro" o como realidad expandida, o de la realidad circundante concebida a modo de realidad virtual. Es la manera en que se genera y procesa la semiosis compleja que es propiamente humana, y se construye y mantiene el entorno semiótico o semiosfera que habitamos.

Pero volvamos atrás a un punto, porque quiero apuntar una última cuestión que me viene dando vueltas a la cabeza cuando estoy en modo offline.  A saber:

La distinción de Bickerton entre modos offline y online es provechosa, y la conferencia de Cavada explica bien dos cosas: uno, qué partes del cerebro han de activarse para la actividad en red, despierta y consciente. Y cómo el modo offline es una especie de simulación, de planificación del futuro y de simulación de actividades sociales hipotéticas, todo ello muy relevante para la planificación de la acción.

Pero puede ser útil intercambiar los nombres de "modo online" y "modo offline". Por lo siguiente: cuando estamos offline, estamos conectados no sólo a nosotros mismos, interactuando con nuestro propio cerebro, sino que estamos en red a nivel lingüístico, simbólico, en el sentido de que estamos conectados a una red colectivamente generada de representaciones sociales, una red interiorizada que sigue en activo.

No estamos realizando en ese momento el trabajo de relacionar el input sensorial con esta red de informaciones culturales, pero precisamente por ello está el simbolismo más intensamente activo en sus propios términos, o consigo mismo. Cuando estamos desconectados del entorno físico y social, es precisamente por eso por lo que estamos más intensamente en contacto no sólo con nosotros mismos, según se suele entender, sino también con nuestras capacidades intrínsecas de interactuar con la realidad simbólica. La capacidad simbólica y el simbolismo en sí tienen ahí un juego más libre e intrínseco, pues no se ven ahí requeridos para el trabajo de conexión e interpretación continua de un input sensorial.

Esto se aprecia de modo especialmente intenso en la escritura, en el pensamiento filosófico, y en la creación artística. También, en cierto modo, en esta curiosa mezcla de los modos online y offline que son la lectura, la percepción del arte, la inmersión en las narraciones. Conectados al arte, o al Texto, estamos a la vez conectados y desconectados del mundo, y desde luego muy conectados con nosotros mismos y con lo que nos constituye como humanos—una consititución en red, aunque sea in absentia, en una red desconectada e interiorizada, que nos une a la mente colectiva con señal más fuerte que una wifi potente, una señal grabada en nuestra propia arquitectura cerebral y en las conexiones que hemos ido construyendo.

Oía hace poco, en un viejo documental, en la exposición del Paraninfo de la universidad de Zaragoza sobre la fisiología de los sueños, la voz del viejo Santiago Ramón y Cajal, aconsejando la soledad y el aislamiento del mundo para permitir el pensamiento creativo y reflexivo, la interacción del pensamiento consigo mismo.

En la multitud, decía este Ramón y Cajal de entreguerras, nos volvemos un mero canto rodado, un individuo-masa que diría Ortega.

En la soledad, en el modo offline, desconectando de la red interaccional inmediata, es donde el pensamiento se encuentra consigo mismo, y trabaja a sus anchas. Y no estamos ahí solos, pues el hombre solo no tiene sentido ni existe. Estamos en red incluso cuando estamos solos, quizá nunca más que entonces.

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