viernes,20 mayo 2022
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Los motores del nuevo modelo productivo almeriense (III): La revolución verde

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El nuevo modelo productivo almeriense se inició en los años setenta del siglo pasado. Se pasó de una agricultura tradicional a la moderna, fue el inicio del turismo y de la reactivación de la piedra natural. Dichas actividades que representan poco más de una cuarta parte del PIB, actúan de motores de arrastre del resto de la economía. A diferencia del tradicional, el nuevo modelo sí genera acumulación de capital: produce excedentes que incrementan el consumo y la inversión
El primer y principal motor del actual modelo productivo de Almería es la agricultura intensiva de regadío. Son destacables dos elementos esenciales de la misma: En primer lugar, se trata de un modelo de desarrollo endógeno, como bien señala el profesor García Lorca en “Agriculture in Drylands: Experience in Almeria” (VV.AA “Coping with Global Environmental Change, Disasters and Security”, Springer Science & Business Media, 2011), ya que se origina como consecuencia de la movilización de los factores locales: de los recursos naturales, del capital y del trabajo. En segundo lugar, porque, a diferencia de la agricultura tradicional, en la nueva agricultura toda la oferta se orienta al mercado (interior y exterior) y el autoconsumo pasa a ser un componente residual de la demanda.

Esta nueva agricultura fue impulsada inicialmente por el sector público: en concreto, por el desaparecido Instituto Nacional de Colonización (INC). En 1941, la parte oriental del Campo de Dalías –entonces un erial- fue declarada zona de interés nacional a efectos de colonización. El INC realizó perforaciones de pozos en dicha área y procedió al reparto de lotes de tierras regables a razón de dos hectáreas por colono. El sistema de riego era todavía el tradicional: por inundación, lo que popularmente se conoce como riego a manta. Años después, en 1957, el propio INC puso en marcha, en Aguadulce, una experiencia piloto de 20 ha en enarenado (uso de la arena como sustrato de cultivo en sustitución de la tierra), que distribuyó en parcelas de media ha; tales parcelas se destinaron al cultivo del tomate, con gran éxito en su rendimiento y con el añadido de poder obtenerlos fuera de temporada (extratemprano). En 1960, el INC inició una nueva experiencia, en este caso la del emparralado –siguiendo la técnica usada para la uva de mesa- utilizando como soporte el hierro y la madera y cubriéndolo de plástico: el descubrimiento del polietileno, cuya producción era barata, posibilitó su uso agrario, siendo Almería una adelantada en su implantación. El cultivo bajo plástico incrementaba los rendimientos y aceleraba el período de producción en relación con los enarenados.

A mediados de los sesenta, se introdujo el riego por goteo que ahorraba en torno al 50% de agua respecto del riego a pie; en este caso se siguió la experiencia del desierto israelí a cuyo fin se contrató el asesoramiento de técnicos de este país y también de franceses. A las innovaciones anteriores han seguido otras muchas, entre ellas, la incorporación de fertilizantes y pesticidas en el propio sistema de riego, la computación del proceso de producción (el invernadero inteligente), el control integrado de plagas (con métodos biológicos, genéticos, físicos y químicos) y también un moderno y ágil proceso de comercialización propio (a diferencia de los comienzos que era realizado por empresarios de otras zonas levantinas) a través de cooperativas, sociedades agrarias de transformación (SAT) y lonjas de subasta. Todo este proceso, ha hecho de los invernaderos verdaderas fábricas de producción de hortalizas y plantas y, de Almería, la huerta de España y parte de Europa.

En fin, la experiencia que se inició en el Campo de Dalías y poco después también en el de Níjar, se fue extendiendo a las comarcas próximas de similares condiciones climáticas: Bajo Andarax, Bajo Almanzora y también a otras zonas costeras de las provincias de Granada y de Murcia.

El área de invernaderos en la provincia de Almería, se localiza, en su práctica totalidad en las comarcas de Dalías y de Níjar. Según Hortoinfo, la superficie total superaba, en 2016, las 30.000 ha, siendo El Egido el municipio de mayor superficie invernada (12.446 ha), seguido por los de Níjar (5.042), Roquetas de Mar (2.023), Vícar (1.865), Berja (1.602), La Mojonera (1.387), Adra (1.376), etc.; de ahí pasamos a las 335 de Cuevas del Almanzora, las 251 de Pulpí o las 43 de Vera en la zona de Levante. Los cultivos predominantes son: tomate, pimiento, berenjena, calabacín, melón, sandía, pepino y, también, entre las plantas ornamentales, las rosas, crisantemos y claveles.

En la zona de Levante, cuyo mejor ejemplo lo representa Pulpí, predomina el cultivo al aire libre. Su reconversión agrícola también se inició en los sesenta como consecuencia de la captación de aguas subterráneas –también por iniciativa pública-, que permiten regar, aunque de forma discontinua, unas 7.000 ha. Lo mismo que en el Campo de Dalías, el cultivo comenzó por el tomate, al que se fueron añadiendo el melón, la sandía, la lechuga –con gran éxito-, los cítricos, etc. Y también se han generado, como en las comarcas de Poniente, una serie de actividades inducidas, tales como semilleros, instaladores de riego y otras muchas.

Por otra parte, en Pulpí tienen su sede algunas empresas importantes relacionadas con la agricultura, entre la que sobresale el Grupo Primaflor (que se creó como Sociedad Agraria de Transformación –SAT- en 1976 para la producción de flores), que se ha convertido en la principal empresa española de producción y comercialización de verduras y hortalizas (y también es procesadora de alguno de ellos), con un empleo directo de unas 2.000 personas; según la información que proporciona dicha empresa, actualmente cultiva 6.400 ha (en tierras propias y arrendadas), que se localizan, además de Pulpí, en los municipios de León (para atender el norte de España y Portugal), Águilas, Cartagena, Baza y Granada; en 2015, también extendió su producción a Bedford y Elveden en el Reino Unido.

En síntesis, las características básicas del nuevo modelo de agricultura intensiva, ya sea de invernadero o al aire libre, pueden resumirse en las siguientes: se localiza básicamente en la costa debido a sus excepcionales condiciones climáticas; es, simultáneamente, intensiva en capital y trabajo, un rasgo distintivo que se da en muy pocas actividades productivas (generalmente se tienden a sustituir trabajo por capital); el grado de intensidad en la producción es decreciente de Oeste a Este (de Poniente a Levante, como dicen en la zona): la mayor concentración de invernaderos se da en el Campo de Dalías y la mayor extensificación (cultivos al aire libre) en la de Levante.

El grado de intensificación/extensificación está íntimamente relacionado con la dimensión de la explotación: en las áreas de invernadero predomina la pequeña explotación familiar (en torno a 2,5 ha); los intentos de gran explotación han demostrado su fracaso, y el mejor ejemplo lo constituye Quash-Tierras de Almería, la operación Javier de la Rosa que, en los primeros ochenta supuso un gran quebranto financiero a la Banca Garriga Nogués (la filial catalana de Banesto). En las de cultivo al aire libre (zona de Levante), dicha dimensión media es, según la Junta de Andalucía, de unas 13 ha.

En todos los casos de agricultura intensiva, el capital es local, lo que es una buena garantía de continuidad. Y la producción, por lo general, no recibe subvenciones públicas, lo que es una buena prueba su competitividad nacional e internacional.

Los principales problemas y limitaciones que tiene este nuevo modelo radican en los tres siguientes, que no necesitan de explicaciones adicionales: el primero, reside en la erosión y desertización creciente del territorio, del que es muy responsable el factor humano; el segundo, el uso generalizado de insecticidas y pesticidas, que está esquilmando los suelos, en particular en los cultivos al aire libre; y el tercero, la escasez y calidad del agua –con salinización creciente-, que actúa de factor limitante de la extensión del área de cultivo. Por tales razones –y también por los menores salarios- muchos empresarios han dado el salto a Marruecos, en concreto a la zona de Agadir, que cuenta con excelentes tierras, que se está convirtiendo en una fuerte competidora de Almería.

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