martes,7 diciembre 2021
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Los recursos financieros de la Unión contra la coronacrisis ¿un Plan Marshall para Europa?

Las políticas económicas aplicadas por la UE en las dos crisis económicas del siglo XXI, las de 2008 y 2020, han sido bien diferentes. Los programas de austeridad que presidieron la primera, en buena parte, se han sustituido por los de solidaridad en la segunda. Con ser un salto cualitativo muy significativo, aun queda un largo camino por recorrer.

Como en otras muchas partes del mundo, el impacto económico de la coronacrisis en la Unión ha sido fuerte y sobre todo imprevisto y repentino: se produjo de forma abrupta a mediados de marzo de 2020 paralizando la mayor parte de la actividad económica.

En 2020 el PIB de la Unión, cayó 6,1% respecto de 2019. Y algo similar ocurrió con el paro, que  se incrementó en casi cuatro millones, de los que más de una quinta parte -el 23%-, lo aportó España; con ser grave este aumento, no ha sido dramático debido al seguro de desempleo y a otras medidas de protección social que se arbitraron con rapidez. Uno de los grandes paganos de la crisis ha sido el déficit y el endeudamiento público: el primero, pasó del  -0.8% del PIB de la Unión en el cuarto trimestre de 2019 al -7.5% en el cuarto de 2020; y el segundo lo hizo en el mismo periodo del 77.5%  al 90.7% del PIB.

Ofrece pocas dudas que una de las principales diferencias entre la actual crisis y la de 2008, ha residido en la respuesta que ha dado la Unión: en este caso, mucho más ágil y potente en términos financieros que la anterior. Y lo mismo ha sucedido con el BCE, que puso en marcha, en marzo de 2020, un programa temporal de compras de emergencia de títulos públicos y privados, por valor de 750.000 millones de euros que fue aumentado en otros 600.000 millones de euros el 4 de junio de dicho año; en la de 2008, transcurrieron casi tres años desde que se anunció la medida (julio de 2012, con cuatro años de retraso desde que se había iniciado la crisis) hasta que comenzó el programa de compras del BCE (marzo de 2015).

Otra acción no menor, que conviene tener presente, ha sido la relajación temporal de las reglas fiscales imperantes en la Unión sobre déficit y el endeudamiento público: se les ha permitido a los Estados gastar lo que fuese necesario para afrontar la crisis; flexibilidad que también se ha extendido a la política de la competencia, permitiendo a los Estados conceder ayudas para apoyar financieramente a las empresas en dificultades financieras, llegando incluso a su potencial nacionalización en caso de amenazas externas.

En la tabla que sigue, he tratado de condensar el plan financiero puesto en marcha por la Unión para el periodo 2021-27. En conjunto alcanza un total de 2.464.300 millones de euros a precios de 2018. A efectos metodológicos, se debe distinguir claramente entre los dos grandes componentes en el que se divide: por una parte, el Marco Financiero Plurianual (MFP, apartado 1), por un total de 1.074.300 millones, que hubiera tenido que aprobarse con o sin crisis ya que es un mandato de los tratados (marca el techo máximo que puede alcanzar el presupuesto común anual); y, por otra (apartado 2), el que específicamente se ha previsto para atender la crisis, que asciende a 1.390.000 millones de euros. Sobre este segundo componente, es sobre el que centraré mi atención en lo que sigue.

Como se ha dicho, los recursos para luchar contra la crisis ascienden a un total 1.390.000 millones de euros; de ellos 490.000 millones (suma de las partidas 2.1.1 y algo más de la mitad de la 2.2.1 de la tabla) se destinan a ayudas directas y 900.000 millones a préstamos. Por lo tanto, las subvenciones suponen el 35,25% del total de los recursos destinados a la crisis; el resto, el 64,75%, son préstamos a los que los Estados pueden recurrir pero que han de devolver, con las consiguientes consecuencias negativas en sus cuentas presupuestarias.

El eje central del programa anticrisis gira en torno al llamado Plan de recuperación, más conocido por Next Generation EU (partida 2.2.1) para el que se han previsto 750.000 millones de euros; un plan de inversiones que está íntimamente relacionado, tanto en la temporalidad como en sus objetivos, con el MFP para el periodo 2012-2027 (de hecho, ambos fueron aprobados por el Consejo Europeo en su reunión de 17 a 21 de julio de 2020). Pero no solo Next Generation es, cuantitativamente, la partida de mayor peso del plan anticrisis de la Unión, sino que sobre ella descansa el grueso del cambio de modelo productivo que se propone realizar en los próximos años (transición ecológica y digital, crecimiento sostenible, cohesión social y territorial, salud y resiliencia, etc.). Y más en concreto lo hace sobre una de sus subpartidas: la del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia que absorbe el 89,6% de los recursos: la totalidad de los préstamos (360.000 millones) y el 80% de las subvenciones (312.000 millones).

Next Generation viene acompañado, además, de dos importantes mensajes: uno de tipo político y el otro económico. Por el político, se previene a los Estados sobre la condicionalidad en la recepción de los recursos (que también se extiende a los procedentes del MFP), al respeto de los valores de la Unión que se contienen en el artículo 2 del TUE (esto explica el actual contencioso que la UE mantiene con Polonia). El económico, es de solidaridad: Next Generation será financiado por una deuda comunitarizada, la primera de su historia.

Pero Next Generatión no es el único instrumento financiero que ha arbitrado la Unión para luchar contra la crisis sanitaria y económica. También se han puesto al servicio de la misma otros que bien ya existían con anterioridad (los tres que se recogen en el punto 2.1.1 de la tabla: modificaciones y recuperaciones de partidas no gastadas del presupuesto, los préstamos del Banco Europeo de Inversiones y los préstamos del Mecanismo Europeo de Estabilidad) o bien se han creado ad hoc, como son los casos del propio Next Generation y del SURE (Support to mitegate Unemploiment Rirsk an Emergency), un programa de préstamos de la UE a los Estados para atender el incremento del desempleo derivado de la pandemia (caso, por ejemplo, del Expediente Temporal de Regulación de Empleo  -ERTE- en España). El cuadro se completa con los ya indicados incentivos monetarios del Banco Central Europeo (BCE) en su programa de compras de deuda pública y de activos de las empresas calificadas.

Llegados a este punto, cabe preguntarse si el plan anticrisis de la Unión es un Plan Marshall para Europa (incluso añadiéndole los 640.000 millones de euros que estima la Comisión que directamente han gastado los Estados). Para tener una referencia aproximada de su potencia, nada mejor que compararlo con el que ha aprobado Estados Unidos con la misma finalidad.

En los inicios de la crisis, el paro alcanzó en EE.UU los 20 millones personas en poco más de un mes: pasó del 4,4% al 14,6% entre marzo y abril de 2020. La respuesta financiera del gobierno americano fue muy rápida y contundente: con toda celeridad, el 18 de marzo de 2020, la administración Trump aprobó un programa de ayudas directas por 2,2 billones de dólares, al que siguió un segundo, en diciembre de 2020, por otros 900.000 millones dólares; y el 6 de marzo de 2021, la administración Biden aprobó un tercer plan por 1,9 billones de dólares de dólares. En total, EE.UU ha puesto al servicio de la crisis unos recursos financieros evaluados en 5 billones de dólares (unos 4,1 billones de euros). Su destino ha sido para ayudas directas a las familias, a las empresas, al desempleo, a la protección del sistema de salud, a los Estados de la Unión y a las ciudades.

Por su parte, la FED (Sistema de Reserva Federal de Estados Unidos), también ha actuado con contundencia y rapidez. El 3 de marzo de 2020, redujo la tasa de fondos federales (el tipo de interés interbancario) en 1,5 puntos, bajándola al rango del 0% – 0.25%; y, unos días después, inició un ambicioso plan de compras de bonos del tesoro y títulos privados que, a 20 de diciembre de dicho año, había alcanzado los 2,7 billones de dólares (unos 2,2 billones de euros). En fin, una política monetaria muy expansiva con la finalidad de que el crédito fluyera a la economía real prácticamente sin límites.

Comparando ambos planes, es obvio que el americano es muy superior en recursos financieros y monetarios al europeo. Las ayudas directas de EE.UU multiplican por más de 8 las de la Unión (y por 3,6 si se adicionan las de los Estados). Y otro tanto cabe señalar sobre la actuación de los bancos centrales: los recursos de la FED multiplican por 1,63 a los del BCE.

A todo lo anterior debe añadirse otra consideración importante. Los beneficiarios de las ayudas americanas las han recibido en menos de dos meses desde que fueron aprobadas, y lo han hecho sin apenas ninguna traba administrativa, mientras que las de la Unión van llegando con cuentagotas. Por lo tanto, la agilidad en la toma de decisiones, la potencia financiera y la tramitación burocrática (no obstante haberse acelerado en la Unión), no admite parangón posible con EE.UU. Este proceder se refleja en los resultados obtenidos: en la rapidez de la recuperación de la crisis a uno y otro lado del Atlántico, que es mucho más rápido en EE.UU que en la Unión. Con haber mejorado mucho, los europeos aun no hemos aprendido lo necesario de los errores de la crisis de 2008.

Recursos financieros de la UE para el periodo 2021-2027

Origen de los recursos Millones euros Aplicación y características

 

1. MFP (Marco Financiero Plurianual) 1.074.300 Base del presupuesto común para financiar las políticas de la Unión
2. Específicos para la crisis 1.390.000 Hacer frente a la coronacrisis (Ayudas directas y préstamos)
2.1.  Recursos previamente existentes 540 000 Ayudas directas y préstamos
2.1.1. Presupuestarios: modificaciones y recuperaciones de partidas no gastadas MFP (2014-20) 100.000 Ayudas directas para atenciones sociales y sanitarias
2.1.2.BEI (Banco Europeo de Inversiones) 200 000 Préstamos a empresas
2.1.3. MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad) 240.000 Préstamos a Estados (no implican rescate)
2.2. Nuevas fuentes 850.000
2.2.1. Fondo de recuperación (Next Generation) 750.000 Inversiones en cambio modelo productivo: ayudas directas (390.000 millones) y préstamos (360.000 millones). Ambas condicionadas al art.2 del TUE
2.2.2. SURE (Support to mitegate Unemploiment Rirsk an Emergency) 100.000 Préstamos a Estados para atender el desempleo
 3. Recursos totales (1+2) 2.464.300 Políticas presupuestarias de la Unión y coronacrisis
3.1.  Ayudas directas 1.564.300 De ellas, destinadas a la coronacrisis: 490.000
3.2. Préstamos 900.000 Destinados a la coronacrisis

Fuente: elaboración propia con datos de la Comisión
Europea.

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