sábado,28 mayo 2022
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Crecimiento desequilibrado

Mal de Baumol en costes sectoriales

Futurolandia
Es un hecho empírico incontestable que, a largo plazo, unos sectores productivos crecen más que otros. Múltiples son las causa por las que los servicios en general van aumentando, a través de décadas, su área de participación en el VAB y en el empleo, en detrimento de la industria; tal como esta lo hizo, siglos atrás, con la agricultura. ¿Existe un peligroso crecimiento desequilibrado sectorialmente? ¿Hay una cierta ley estructural de descompensación, como defiende William Baumol?

¿Es posible que los sectores más productivos sean los más perjudicados en cuanto a peso económico y en la generación de empleo?, 

A pesar de que los primeros trabajos de Baumol sobre estas cuestiones se remontan a casi 50 años, el tema es de plena actualidad y está vinculado a las polémicas sobre nuevo modelo productivo, política industrial o sostenibilidad del estado de bienestar.

Como recoge el Informe Mensual de Noviembre de Caixa Bank Research (http://www.caixabankresearch.com/la-industria-como-eje-de-transformacion-pasado-presente-y-futuro), en los últimos 20 años la industria en España, en plena revolución tecnológica, perdió un 15% de puestos de trabajo, mientras el resto de sectores ganaron un 37%; la contribución del valor añadido industrial  al PIB se redujo entre 1995 y 2015 de casi el 20%  al 16%.

Con una visión temporal más amplia, en los últimos 160 años y referido ya a EEUU, la participación del empleo industrial aumentó hasta mediados del pasado siglo, llegando a suponer uno de cada tres puestos de trabajo; ahora se acerca a uno de cada 10. Mientras, los servicios han aumentado, ininterrumpidamente, su cuota de empleo desde menos del 20% hacia 1850 a casi el 70% en el momento actual.

El esquema sectorial evolutivo a largo plazo que diseñaron Allen Fischer y Colin Clark hacia 1940 se ha confirmado en las economías más avanzadas. Durante el pasado siglo, "el factor tecnológico adquiere una importancia creciente y las ganancias de productividad del sector manufacturero se aceleran. A medida que este patrón se consolida y el nivel de renta de los trabajadores se eleva, aumenta el peso de las actividades ligadas al sector de los servicios, como las relacionadas con el ocio, la sanidad y la educación"

El mecanismo que se encuentra detrás de estos cambios es el que trata de explicar Baumol: la enfermedad de los costes, conocida también como el mal de Baumol.  En 2o12 publica un libro con un título muy llamativo, The cost disease: Why computers get cheaper and health care doesn't.  La revista The Economist le dedicó artículo en el que lo calificaba de "enfermedad incurable"

Su diagnóstico comienza en 1967,  cuando William Baumol publica un interesante artículo sobre las razones y consecuencias de un crecimiento desequilibrado, que se produce al convivir sectores tecnológicamente estancados frente a otros fuertemente progresivos.

El tema de la heterogeneidad de sectores y su incidencia sobre el crecimiento y los excedentes de trabajo, ha sido un tema habitual de análisis. En particular se ha insistido en la dicotomía entre sectores expuestos al comercio (la mayor parte de la industria) y los no-expuestos (en particular parte de la agricultura, algunos servicios y parte de la pequeña industria).

Un desarrollo equilibrado exigiría que los progresivos excedentes de renta de los sectores no-comercializados se dedicasen a invertir en tecnología y en acumulación de capital en el resto (sectores comercializados), con mejoras de productividad y relocalización de factores. En particular, el equilibrio exige que el volumen de trabajadores liberados en los sectores con incrementos de productividad, no esté muy lejos de las oportunidades de nuevos empleos en los restantes.

El trabajo de Baumol desplaza la tradicional separación entre sectores expuestos o no a la libre competencia de los mercados, a la de sectores estancados o progresivos en términos de cambio tecnológico, que traslada la habitual dicotomía agricultura/industria a la de industria/servicios. En su análisis, una economía podía representarse, de forma simplificada, por dos grandes sectores: uno, en que los incrementos de productividad son sólo esporádicos (como en una amplia variedad de servicios tales como los de gobierno, educación, restaurantes y actividades para el tiempo libre), en que el trabajo es su propio producto más que un factor adicional de producción; otro, compuesto por “actividades tecnológicamente progresivas (como las manufacturas), en las que las innovaciones, acumulaciones de capital y economías de escala, tienen un efecto acumulativo en la producción por hora trabajada”.

La consecuencia de una economía con un sector estancado y otro progresivo, es un crecimiento desequilibrado. El sector estancado verá aumentar, comparativamente con el progresivo, sus costes y precios. Si las proporciones de la producción entre ambos sectores se mantienen relativamente constantes, el área de inputs utilizados por el sector estancado (y el área de gastos de consumo dedicado a la compra de sus productos), tiende a aumentar progresivamente. Es decir, el sector progresivo mejora productividad, reduce mano de obra y aumenta salarios por persona y todo ello es compatible con reducciones de precios. Por su parte, el sector estancado, mantiene productividad (o al menos tiene unas ganancias más reducidas) pero tiene que hacer frente a las elevaciones salariales provocadas por el sector progresivo, con lo que verá incrementados sus precios relativos y la proporción de empleo.

En un trabajo posterior en la misma línea, Baumol, Blackman y Wolff (1985), revisan el modelo inicial partiendo de la incorporación de un tercer sector, el «asintóticamente estancado», que utiliza parcialmente inputs del sector progresivo y en otra parte del estancado.

Con datos de EEUU, incluyen como sectores progresivos los manufactureros y algunos casos espaciales de servicios, tales como comunicaciones, comercio y alquiler de edificios. Entre los estancados consideran minería, construcción y una gran parte del sector servicios, tales como finanzas y seguros, gobierno y diversos servicios generales como los educativos, sanidad, hoteles, esparcimiento y servicios a empresas. Es decir, el sector servicios incluye alguna de las actividades más progresivas junto con las más estancadas tecnológicamente. La evidencia empírica que aportan, apunta hacia los siguientes hechos:

  • Aumento de los precios relativos y área de gasto de los servicios, tanto en el tiempo como por países, al aumentar el grado de desarrollo.
  • Se confirma, por tanto, el denominado mal de Baumol (“Baumol cost disease of the stagnant services”): los diferenciales de productividad se trasladan a los costes unitarios de los sectores tecnológicamente más estancados que aumentan continuamente con relación al coste de los productos progresivos.
  • Además, este subsector tecnológicamente estancado de los servicios, ha venido absorbiendo principalmente los excedentes de fuerza laboral.

Dado que un sector de los servicios característico de ese posible estancamiento de la productividad es el público, no es de extrañar que el enfoque de Baumol se haya concentrado en este sector en particular, a la hora de encontrar una justificación para el crecimiento relativo del gasto público que se observó durante una amplia época, en particular en sanidad y educación.

Antonio Pulido http://www.twitter.com/@PsrA

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