domingo,22 mayo 2022
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La flor del desierto

Mi libro favorito lo escribió y vivió una mujer

Miss Controversias
La flor del desierto es un libro que cuenta la vida de la top-model somalí Waris Dirie, cómo fue su infancia, su huída de Somalia y su éxito. En un segundo libro relata cómo fue su regreso a la tribu después de haber desfilado para los diseñadores de moda más prestigiosos. La historia la hace la gente valiente y esta es la historia de una mujer única y valiente.

¿Sabes quién es Waris Dirie?

Waris ha escrito dos libros. El primero, La flor del desierto, habla de una niña, ella, que vivió su infancia en una familia nómada de Somalia, con sus correspondientes cabezas de ganado, sus hermanos, sus condiciones de vida, que vistas desde el occidente de hoy, eran lamentables y lo peor de todo, su correspondiente ablación femenina.

La historia describe el misterio que escondía ese momento, que visto desde los ojos de una niña, suponía el hito de hacerse mayor. Recomiendo su lectura en un lugar tranquilo, y en un momento de estabilidad emocional. La descripción del momento de su ablación es un golpe de realidad para quien nació en España en los 80. El resto de mujeres, los utensilios, el hecho y… ¿para qué?

Llega el momento de casarse con un hombre viejo y decide huir. Pasa días y noches sola en el desierto hasta que consigue llegar a la capital del país. De allí, a través de un familiar acaba trabajando de empleada de hogar en la embajada de Somalia en Londres. Casualidades, valor, mucho esfuerzo, como aprender inglés por las noches medio escondida, y una belleza innegable, la llevaron al estrellato de las pasarelas.

Su segundo libro, Amanecer en el desierto, describe cómo fue el reencuentro con su madre, quien iba descalza, después de su hija haber posado con zapatos de los grandes diseñadores de moda. Me impactó muchísimo ese relato. También narra cómo fue su primera visita a un ginecólogo, sus relaciones sexuales y su maternidad. Son dos libros imprescindibles.

En nuestra realidad occidental del 2022, acabo de leer que el Consejo de Ministros ha aprobado hoy un presupuesto de 20.319 millones de euros para un Plan Estratégico de la Igualdad Efectiva de Hombres y Mujeres. Ya veremos a ver en qué consiste exactamente este plan, porque veo muchas luchas que se hacen sin hechos, quizá porque en España ya ha habido muchos hechos en esta lucha. 

Creo que lo que tenemos en España no es comparable a la mayoría de los lugares del mundo, y esta vez, es en el mejor de los sentidos. En España tenemos seguridad, igualdad de derechos y nuestros chicos ven esa igualdad como normal, porque hemos crecido con ella. ¿Hay margen de mejora? Sí, también os digo, idiotas va a haber siempre, pero esos no marcan el devenir de un país. Tenemos mucho, mucho conseguido. Nadie se cuestiona, por ejemplo, si es el chico o la chica quien paga en un restaurante, algo que sí ocurre en muchos lugares del mundo. Son esos pequeños gestos de un camarero al preguntar quién va a pagar y no darlo por hecho, los que demuestran la realidad de la calle. Por no hablar de la seguridad. Pueden pasar cosas pero no es ni de lejos lo normal. He leído hace poco respecto a Colombia que las niñas de 15 años no pueden salir a la calle solas porque las violan. En este sentido, hay una controversia con una ley que quiere prohibir que encierren a las niñas, pero las madres lo hacen en realidad para protegerlas. La solución supone años de mucho trabajo educativo. Y mientras tanto…

Precisamente, Ibercampus ha publicado hoy un artículo sobre la situación internacional de la igualdad de género.

Por eso echo de menos más hechos y menos discursos. A veces los discursos son necesarios para concienciar, pero lo que marca la diferencia son los gestos del día a día, como en el caso del restaurante. Como comentaba en mi artículo sobre la injusticia de las brechas salariales, observo comportamientos que de forma generalizada, en mi opinión, perjudican a la igualdad de género, pero de forma individual, son totalmente loables. Ese tipo de cosas, de nivel avanzado de feminismo, son las que tenemos que empezar a manifestar, para que , si las hacemos, seamos conscientes del impacto que nuestros actos tienen en toda la comunidad.

En una entrevista en El País, Waris Dirie comentaba que dejó de ser embajadora de la ONU por la ablación femenina porque había muchos discursos y poca acción, y el problema necesitaba acción.

Lo mismo «nos digo a nosotras».

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