martes,30 noviembre 2021
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Otra forma de celebrar nuestra deuda con la naturaleza

El Envés
Una amiga, Beatriz Calvo Villoria, me envió este texto que no puedo dejar de compartir: Este año siguen las iniciativas de reforestar por parte de voluntarios venidos de todas los lugares del mundo injertados en la savia paisana de la Sierra de Gata.

En memoria de todos mis amigos árboles muertos y esparcidos como cenizas por los vientos de la sierra, siembro con palabras una tierra sedienta de sombra, de ramas elevadas al viento que atraigan con sus danza las lluvias del atlántico y nutran los arroyos, los manantiales, de nuevo el curso sabio de la vida.

Ellos también eran santos en vida, daban sombra, cobijo, frescor, eran heraldos de la lluvia, de la tierra fértil, santos amigos en un absoluto desapego de sus frutos para todos. Hoy día de difuntos les recuerdo a ellos, esos otros santos, anónimos y bellos, majestuosos con su aureola del sol que procesan para el regocijo de la vida.

Crónicas desde las cenizas

Viajé hacia mi tierra de acogida, Sierra de Gata, no había vuelto desde el incendio, la alfombra verde de la hierba calmaba el negro que opacaba la luz que antes se proyectaba en el verde de las copas de los árboles, hoy muertos, testigos mudos de la locura de lo humano.

Casi corrí, dejando el coche en la presa de las monjas para comprobar si el corazón de esta Sierra, la Cervigona se había salvado. Hasta llegar al puente, el negro del luto de un paisaje que era fibra entre mis células me susurraba cantos fúnebres. Aquella encina amada a la que siempre acariciaba, ahora lucia negro tostado como vestimenta, aunque un jolgorio de pequeños brotes me hablaban desde su centro, "viva, aún estoy viva". Otra amada amiga, muerta estaba y el verde ya no hablaba.

Pasado el puente, pasado el pantano con su franja de chocolate negro, de cenizas heridas, transmutadas en fiera lejía, la Cervigona salvaje me grito: "hermana, bienvenida, mira que hermosa luzco", y todas las ramas de las encinas, robles, madroños empezaron a sacudir sus ramas al ritmo vigoroso de un viento que atardecía. Lloré mientras la cascada lloraba del Cielo sus bendiciones de siempre, poderosas aguas bañaban con su salto las atmósferas en una genésica fiesta de posibilidad y vida.

El sol que atardecía nos regaló un rayo dorado que iluminó el costado de Jálama y, de rodillas, doble mi ánimo ante tanta belleza, mientras el viento jugaba ahora en las ondas del agua, dibujando estrellas plateadas.

Recogí veinte bellotas de unas de mis hermanas encinas y regresé al fuego de mi hogar.

El domingo el sol encendió un fuego en el cielo para todos los voluntarios de Rama, la red de ayuda mutua activada de la Sierra, después de un sábado bañado en agua y nos encontramos todos en una loma herida por el fuego, desde la que se contemplaba el gran círculo que la Sierra de Gata es para todos nosotros, un contenedor de historias,de relaciones, de vidas volviendo a coser una nueva historia, otro ciclo de lo vivo. Bellotas, castañas germinadas, enebros, aromáticas, iban encontrando sus huecos en la tierra, todo estaba hermosamente orquestado por nuestros sabios forestales y las semillas de futuros bosques compartían con la semillas de los futuros hombres y mujeres de esta Sierra, decenas de niños, de manitas inocentes plantaban a diestro y siniestro, planteles, bellotas, castañas, romeros….

Tres angelitos con manos de plata se sumaron a plantar conmigo las 20 benditas bellotas, lucían hermosas, como joyas iluminadas por sus inocentes manos. Besamos cada semilla y juntitas poníamos nuestra intención de querer ver la semilla convertida en una hermosa encina, y cada una decía un animal que viviría entre sus ramas: lagartijas, mariquitas, culebras, un nido con halcones y dibujábamos, como los hombres de las cavernas, en el suelo, cada animal invitado por nuestra imaginación. Y alguna convocó a un río que vendría a morar cerca de sus raíces, y las truchas saltaban de nuestra mente y salpicaban de agua y de esperanza la tierra yerma.

Guardo como un tesoro esa mañana en la que los ancestros nos miraban desde el Cielo, recogiendo cada acto de amor a la tierra, donde descansan sus restos, como una oración elevada a sus almas que muchas, seguro moran ya en los lugares más benditos del Cielo

La imagen puede contener: árbol, planta, cielo, exterior y naturaleza

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