domingo,5 diciembre 2021
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Por fin un debate universitario sobre los perjuicios de la EBAU

Javier Laquidain, periodista y consultor de comunicación
Para la ministra, no puede haber una prueba única porque se vulnerarían las competencias autonómicas, pero la Universidad de Valencia quiere analizar y debatir las consecuencias del sistema.

¿Cómo sabe la ministra de Educación en funciones, Isabel Celaá, que solo «algunos, los menos, solicitan una EBAU única», como ha declarado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Señora ministra, los estudiantes son los conejillos de Indias en el proceso de selectividad. Estudian lo que les exigen en su comunidad autónoma y, al llegar a las pruebas de evaluación del bachillerato (EBAU), se enfrentan a un sistema desigual que determina, de forma arbitraria, que les toquen pruebas más difíciles o fáciles que al resto de sus compañeros, cuyos resultados condicionan sus oportunidades de acceder o no a la carrera que quieren cursar, ya sea en su propia comunidad o en otra en función de la nota alcanzada de forma tan inicua.   

La ministra ha insistido en que la prueba no puede ser única y común a todos, porque «se vulnerarían las competencias de las comunidades autónomas, que tienen una parte alícuota de incorporación a los currículos de los alumnos. Si la EBAU equivale a un 40 por ciento del resultado total y ajustamos esa prueba común de tal manera que sea exactamente la misma, nos 'tragaríamos' esa parte alícuota de competencia de las comunidades autónomas». Es decir, el sistema educativo español se ha fraccionado en diecisiete modalidades diferentes como consecuencia de la capacidad de cada comunidad de introducir cambios en el currículo, gran parte del cual sigue siendo común. Y esa desigualdad, que es la causa del esperpento que sucede en la selectividad, es de todo punto inamovible. Hemos llegado hasta aquí, y no hay vuelta atrás, quiere decir la ministra.  

Armonizar contenidos diferentes 

Ha recordado la ministra que una comisión formada por las autonomías, el ministerio y la universidad identificarán aspectos que sean susceptibles de mejora. «Vamos a trabajar en lo que significa una armonización en los contenidos, de modo que garanticemos las mejores oportunidades para todos los estudiantes», ha dicho. Pero, la pregunta es cómo se va a armonizar lo diferente. Si unos alumnos aprenden la historia de España desde la prehistoria y otros desde el siglo XIX, ¿qué harán? ¿Examinarán solo de la materia en que unos y otros han coincidido, es decir, del XIX? Si unos han dedicado todo el curso a profundizar en dos siglos de historia y otros han visto solo uno o dos capítulos de ese periodo, ¿con qué grado de igualdad de oportunidades se enfrentarán a la prueba? ¿Qué entiende la señora ministra por armonizar en caso tan flagrante?  

Por su parte, alguna universidad empieza a preguntarse qué es lo que pasa exactamente en la EBAU. Es la de Valencia. Su rectora, Mavi Mestre, ha asegurado que van a analizar si la dificultad del examen de matemáticas, en la que la nota media alcanzada fue de un 4,5, perjudica al alumnado valenciano, porque le deja fuera de algunas carreras a las que accederán estudiantes de otras autonomías con notas más altas. 

Competencias autonómicas contra derecho a la ecuanimidad 

La rectora ha añadido que el asunto hay que estudiarlo bien «porque está en juego totalmente el futuro de los universitarios, pero creo que es el momento de abrir ese debate». Ya era hora de que cayeran en la cuenta de esta realidad, señora rectora. Luego, agregó, habrá que abrir un debate a nivel de conselleria, en primer lugar, y a nivel de comunidades autónomas, sobre el acceso a la universidad y valorar si hay que hacer «alguna prueba específica para algunas titulaciones propias de cada universidad». En definitiva, la rectora no solo quiere averiguar si la desigualdad del sistema resulta perjudicial para los alumnos a los que les toca la china de una prueba más difícil que otras, sino que pretende profundizar en la idoneidad del proceso para ver si existen otros problemas y desequilibrios. Interesante misión por lo compleja que pueda llegar a resultar.

Los resultados del análisis que acometa la Universidad de Valencia, y puede que alguna otra universidad, y del que haga la comisión propugnada por la ministra, donde las universidades estarán presentes, prometen ser curiosas, y hasta puede que inauditas. Y lo más paradójico es que se haya tardado tantos años en apreciar que el sistema resulta absolutamente injusto, agravante y digno de ser revisado. 

Solo queda por comprobar si las sacrosantas competencias de las comunidades autónomas en materia educativa prevalecerán, como una barrera infranqueable, sobre el derecho de las nuevas generaciones a ser tratadas con igualdad en su acceso a los estudios universitarios.

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