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Un retropost de 2008

Prospección, Retroprospección, Eternidad

Vanity Fea
Una nota sobre la retroprospección, y sobre el tiempo que pasa y queda, en la poesía de Borges. Si la escritura de Borges es una escritura de la eternidad, no será porque sea indiferente al tiempo, sino por su representación compleja de la experiencia humana, en la que el tiempo avanza, regresa, acumula sentido, y se trasciende a sí mismo.

Si la escritura de Borges es una escritura de la eternidad, no será porque sea indiferente al tiempo. Más bien podría ser por el complejo juego de perspectivas temporales que ofrece, como en estos poemas de El Hacedor, donde la retrospección se imbrica con la prospección y la página crea un lazo de tiempo que atrapa al lector: precisamente porque éste ya está atrapado a la vez en el tiempo, y en la eternidad.

 

        La lluvia

 

Bruscamente la tarde se ha aclarado

Porque ya cae la lluvia minuciosa.

Cae o cayó. La lluvia es una cosa

Que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado

El tiempo en que la suerte venturosa

Le reveló una flor llamada rosa

Y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales

Alegrará en perdidos arrabales

Las negras uvas de una parra en cierto

Patio que ya no existe. La mojada

Tarde me trae la voz, la voz deseada,

De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

Este poema transcurre en un tiempo eterno que a la vez no existe (paradójica continuidad del presente y del pasado) y sin embargo no es sino el tiempo ordinario en el que vivimos, que así mezcla lo inmezclable. También, también a mí me trae esta lluvia de Borges, y este poema, la voz de mi padre que vuelve. Aunque no ha muerto: no más que yo, al menos. Espero no releer este poema nunca en otras circunstancias—pero ya lo he releído.

 

A la efigie de un capitán

de los ejércitos de Cromwell

No rendirán de Marte las murallas

A éste, que psalmos del Señor inspiran;

Desde otra luz (desde otro siglo) miran

Los ojos, que miraron las batallas.

La mano está en los hierros de la espada.

Por la verde región anda la guerra;

Detrás de la penumbra está Inglaterra,

Y el caballo y la gloria y tu jornada.

Capitán, los afanes son engaños,

Vano el arnés y vana la porfía

Del hombre, cuyo término es un día;

Todo ha concluido hace ya muchos años.

El hierro que ha de herirte se ha herrumbrado;

Estás (como nosotros) condenado.

 

 

¿Qué es artístico aquí? El paso de la pintura a la vida, situándonos en una dimensión en la que son intercambiables el cuadro y su espectador. La utilización que hace Borges de su propia muerte (muerte futura entonces, muerte pasada ahora) como la mejor prueba del memento mori que llega hasta el lector y le demuestra fehacientemente la verdad de lo que aquí se dice. El uso del cuadro como tercer término que da profundidad a la relación entre el lector y el poema: el cuadro es una inerte simulación de lo que fue la vida en su momento, como lo es el poema de Borges, que así saca partido de su propio hieratismo atemporal y logra romper su marco para herir al lector con ese hierro herrumbroso.

Y tantas otras cosas son artísticas en este soneto, tantas adquieren una profundidad inquietante precisamente por este juego del tiempo. Esa penumbra, por ejemplo, en la que se mezclan la penumbra del fondo del cuadro, y la penumbra de la historia que apenas nos deja atisbar la verde región de otro siglo. El contraste entre el optimismo heroico-bíblico herreriano de los primeros versos, y el paso a otra Biblia más pesimista en el cierre, el Eclesiastés que nos recuerda la vanidad de los empeños, y que vivir es caminar breve jornada. Y ver cómo otros la han caminado antes, y sacar de ello enseñanzas y poemas que no nos impedirán volver al fragor de la batalla, mientras dure.

 

 

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De interés

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