domingo,5 diciembre 2021
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¿Qué formación necesitan los economistas del futuro?

Futurolandia
El 2 de junio se celebran las VIII Jornadas de Docencia en Economía, organizadas por la UAM, con una Mesa Redonda sobre "Evaluación institucional y docencia universitaria" que tengo el honor y responsabilidad de moderar. El tema es del máximo interés y afecta a profesores, alumnos y actuales economistas y otros profesionales del campo macro o administración de empresas.Más allá de la cuestión técnica de la evaluación de calidad, está cuál es la formación que necesitan los economistas del futuro

Hace unos dias el Consejo General de Economistas convocó su Foro de Economistas correspondiente a 2016. Aparte de su tema central sobre "Tres décadas de la economía española en la Unión Europea", se trataron temas diversos como "La formación universitaria de los economistas en España", con una ponencia de @AnaLopezDecana, Presidenta de la Confederación Española de Decanos de Económicas.

Se destacó la  necesaria conexión entre formación y una empleabilidad que exige, cada día más:

  • Perfil multidisciplinar
  • Gran polivalencia
  • Capacidad analítica y orientación a resultados
  • Visión estratégica
  • Proactividad y adaptación al cambio

Por supuesto, el desafio no es exclusivo de la formación económica, sino que afecta a las habilidades que parece van a pedirse en el mundo del trabajo. Según World Economic Forum  (Alex Gray, "The 10 skills you need to thrive in the Fourth Industrial Revolution", post 19/1/16) estas habilidades para un horizonte tan cercano como 2020 serían, con éste orden de prioridad:

  1. Resolución de problemas complejos
  2. Pensamiento crítico
  3. Creatividad
  4. Gestión de equipos
  5. Coordinación con otras personas
  6. Inteligencia emocional
  7. Criterio y toma de decisiones
  8. Orientación al servicio
  9.  Negociación
  10. Flexibilidad cognitiva

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Pero no es sólo, con ser decisivo, atender a una potenciación de habilidades en el proceso formativo de los economistas del futuro. Hay que adaptar programas de Economía y Administración de Empresas a los nuevos tiempos. Hace ahora un año mantuvimos en Valencia (1 y 2 Junio 2015) unas Jornadas de Intercambio de Experiencias de Innovación Educativa en Econometría y Métodos Cuantitativos. Allí presenté una ponencia sobre el futuro de la docencia en éste campo, considerando  cuatro grandes fuerzas de futuro que nos condicionan: nueva realidad económico-social, papel de los economistas del futuro, nuevas formas de enseñanza y evolución en las técnicas y enfoques en nuestras materias..

Para concretar, pasé revista a diez posibles cambios de futuro en el contenido docente referido al campo genérico de la cuantificación en Economía:

  1. Bases de datos de acceso múltiple “Cloud Computing” y “Big Data”.
  2. Aplicaciones complejas compartidas por equipos diversos
  3. Enfoques interdisciplinares.
  4. Modelos cualitativos.
  5. Modelos de alta frecuencia.
  6. Modelos modulares ensamblables.
  7. Cuadros de Mando (Dashboards) e indicadores económicos claves (KEI)
  8. Apps para la toma de decisiones económicas y empresariales, con modelos manejables por el usuario.
  9. Predicciones adaptadas a tomas de decisión inmediatas.
  10. Tratamiento prospectivo de tendencias, riesgos y escenarios a escala global y supraeconómica.

La formación que necesitan los economistas que ahora están en proceso de educativo inicial o de readaptación de conocimientos en una (cada día más necesaria) formación de por vida, exige atender a habilidades y contenidos, pero también a la organización docente institucional y carrera profesional de los profesores. Tema complejo y transversal pero con matices diferenciales en Economía y ADE que no es posible tratar en un post; sólo haré algunos comentarios de carácter general.

El primero se refiere a los rankings de calidad de universidades y grados. Personalmente creo tanto en su interés como para dirigir, hace ya 27 años, el primer seminario que se celebró en España (Ministerio de Educación y Ciencia/ Fundación Universidad Empresa, 13-14 junio 1989) : Hacia una clasificación de las Universidades según criterios de calidad.  

En su inauguración y en la introducción al libro que posteriormente se publicó, anunciaba dificultades en las que el tiempo me ha dado la razón: Sabemos de antemano las dificultades de medir la calidad de la docencia y de la investigación de nuestras Universidades. Evidentemente, pueden utilizarse indicadores indirectos referidos a los inputs o medios disponibles o bien a los 0utputs o resultados del proceso (éxito de sus licenciados, calidad y repercusión social de sus publicaciones…). Somos conscientes de la dificultad de elegir los criterios. Sin embargo, entendemos que cualquier calificación diferenciada de nuestras universidades, hecha con rigor, aunque enmarcada dentro de los límites de lo posible, puede ser ya un servicio importante en el constante proceso de perfeccionamiento que todos exigimos a la Universidad española.

Desde entonces se han publicado múltiples rankings, nacionales e internacionales, con metodologías y resultados diferentes. Sólo voy a referirme al  reciente U-Ranking 2016,  elaborado por un equipo del IVIE con el patrocinio de la Fundación BBVA (marzo 2016). Parte del reconocimiento de que"muchos rankings están exclusivamente basados en indicadores que se centran en la actividad investigadora y en factores de reputación poco fiables". Su propuesta es considerar por igual las tres grandes actividades de toda universidad: enseñanza, investigación e innovación y desarrollo tecnológico. Para cada una de esas actividades reutilizan indicadores de cuatro campos: acceso a financiación, output obtenido, calidad e internacionalización de actividades.

Particularmente difícil es medir la calidad del proceso educativo. IVIE se inclina por tres indicadores, admitiendo la barrera que la limitación de datos tiene sobre los resultados en este campo:

  1. Indice de atracción (estudiantes de otras provincias)
  2. Porcentaje de estudiantes en postgrados
  3. Nota de corte (selectividad)

El problema se agrava cuando se desciende de una nota global otorgada a una universidad, a una valoración por centros docentes, grados o profesores. A escala de universidad es una cuestión principalmente de prestigio. En el caso de centros o grados afecta a recursos disponibles. Al pasar a escala de profesores a nivel individual, está en juego su futuro profesional.

Personalmente he tenido la oportunidad de vivir una amplia experiencia como vocal y después presidente  del Comité de Evaluación del Profesorado de Ciencias Sociales y Jurídicas de la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación) en el periodo 2000-2008. Creo poder afirmar que el trato dado a tareas educativas, investigadoras y de innovación/transferencia no ha sido habitualmente equitativa, primando muy por encima investigación sobre las otras dos actividades.

En una carta dirigida al director de la ANECA en 2003 ya señalé  "una incongruencia de fondo que observo entre lo que se pide al profesorado para abordar el proceso de acreditación de títulos y la forma en que se evalúa al profesorado. Será difícil pedir a los profesores universitarios que empleen su tiempo en mejorar prácticas docentes, desarrollar actividades complementarias para potenciar las capacidades de sus alumnos, introducir innovaciones tecnológicas o de contenidos…, si la clave de su promoción e incluso de su permanencia en la universidad se encuentra en la investigación y, más aún en un tipo especial de investigación no siempre cercana a la mejor preparación del profesorado para trasmitir los conocimientos que exigen los programas de estudio.

Si en post previos he hecho algunas críticas al "fetichismo" del PIB, ahora puedo hacer un aviso similar respecto a identificar calidad del profesor universitario con la  investigación publicada en revistas de reconocido prestigio internacional. Es un indicador nada despreciable y que debe tenerse en cuenta, pero no el "súmmum" de la calidad y la excelencia de la actividad de un profesor universitario a la altura de las exigencias del presente y del futuro.

No es lícito reservar el prestigio y la excelencia de universidades, centros, grados o profesores a este criterio prioritario, condescendiendo con que puedan existir "otros" , de menor nivel, en que primen docencia o transferencia de conocimientos. El esfuerzo de financiación de la Universidad Pública con los impuestos de todos exige cumplir con su objetivo educativo y, además,  a un alto nivel de calidad. Para ello e imprescindible investigación, innovación y transferencia de conocimientos. Pero su prioridad fundacional es, sin duda, la educación.

Antonio Pulido http://twitter.com/PsrA

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