lunes,6 diciembre 2021
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Regeneracionismo para el cambio

Goliardos s.XXI
El proceso político que se está produciendo con la votación en contra de una propuesta realizada por el Secretario General del PSOE es nueva. Podríamos decir que es una de las tácticas empleadas contra el Secretario General del PSOE.

Por razones externas al partido, pero con fuerte apoyo en parte de la nomenclatura y "borrones" (barones)  internos se cargaron al Secretario General. Parece ser que existen, aún hoy en día, poderes extra partidarios que mandan mucho en el PSOE. Hace años ya se produjo en Madrid, en la elección del secretario general madrileño, un hecho en el que las bases eligieron por voto directo al Secretario General de la Agrupación Madrileña, lo que le daba cierta independencia en las decisiones políticas. Suceso que sólo se debía al mandato de las bases y no a la nomenclatura partidista, que de alguna forma debe su puesto de trabajo a dicha estructura interna, que además no es política. El candidato ganador fue Alonso Puerta y la participación en la votación de los militantes fue del más del 90%. Las fuerzas internas del partido socialista perdieron su influencia y la nomenclatura quedó desarmada. Fue una experiencia histórica en la que los verdaderos soberanos del partido, o sea los afiliados, demostraron verdaderamente su poder.

Nadie duda de la necesidad imperiosa de una reforma que sea capaz de llevar la democracia a la vida interna de los partidos, y puede ser que se esté produciendo y que traiga importantes consecuencias. En la obra de Ortega y Gasset, titulada La rebelión de las masas, se afirmaba que “lo mejor que humanamente puede decirse de algo es que necesita ser reformado, porque ello implica que es imprescindible y que es capaz de nueva vida”.

El dominio estructural de la nomenclatura en un partido acaba por crear una especie de “liderismo autoritario  incriticable”, que llevará a muchos militantes a un estado de obediencia ciega y acrítica.

 

Como pensaba el cardenal Richelieu en su Testamento Político: “La autoridad apremia a la obediencia, pero la razón persuade”, especialmente en algunos partidos, como sobre todo en el PSOE. Fueron muchos los años que tuvieron que esperar los militantes del Partido Socialista Obrero Español para que la razón se impusiera, y todo gracias a una serie de fracasos electorales que para evitarlos, supuestamente, llevaron a una serie de renuncias ideológicas que alejaron a esta congregación política de su ideología fundacional y de su ética. De alguna forma se puede afirmar que los principios políticos del PSOE habían sido secuestrados por la nomenclatura y habían propiciado un liberalismo que no servía a los intereses de las clases medias y trabajadoras, sino a los poderes fácticos del estado.

Actualmente parece que se va a producir una lucha dialéctica entre los futuros candidatos que opten a la secretaria general del partido socialista. Será muy interesante escuchar los programas y las propuestas de estos pretendientes a líderes. Quizás podamos reconocer en ellos a algunos de los padres fundadores, quienes a pesar de sus diferencias luchaban por la organización, siendo su fin el bienestar de los españoles. Sería conveniente  recordar las luchas ideológicas que se produjeron entre Julián Besteiro,  Largo Caballero e Indalecio Prieto. Como todos se sentían miembros militantes del PSOE y defensores reales de las clases asalariadas, todo quedaba en un debate dentro de las agrupaciones de base, desde donde se recogían las ideas que después eran llevadas a largas asambleas y discusiones. Propuestas que se votaban en función de la idoneidad con la ideología socialista.

 

Pero la reorganización estructural del PSOE, en la que se eliminaron de las agrupaciones los debates y las votaciones sobre los mismos, desnaturalizó la esencia ideológica del partido y lo llevó a una especie de “liderismo enajenante” de las estructuras participativas de los militantes.

 

Se está produciendo un proceso que todos han decidido llamar regeneracionista. La idea, parece ser, consiste en volver a recuperar los principios fundacionales que se han olvidado. Ideales actualizados e inmersos en la realidad productiva y de consumo actual.

En un análisis serio podríamos afirmar que es necesario un regeneracionismo con capacidad de cambio en la mentalidad, la cultura y la ética personal y social de los militantes del PSOE, pero con la precaución de que ese movimiento no derive hacia un recambio en la nomenclatura de ese partido, no sea  que se produzca  lo que afirmaba  Alonso Karr: “Cuanto más cambio, más de lo mismo”. Regeneracionismo para el cambio, no para el recambio.

 

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