viernes,3 diciembre 2021
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Yolanda Díaz se impone en choque entre política y tecnocracia

Sánchez acepta sacar de la foto a Calviño para intentar salvar el acuerdo en la reforma laboral

Pese a dibujarse como una dialéctica entre las “metodología” y los “contenidos”, poco hemos sacado en claro ni de lo uno ni de lo otro sobre la reforma laboral. Lo que en realidad han decidido el desenlace de la crisis de Gobierno en realidad han sido las formas y los tiempos de un enfrentamiento entre "tecnócratas" y "políticos". Y Yolanda Díaz –con un apoyo quizá involuntario de Antonio Garamendi– ha recordado a Pedro Sánchez que él siempre ha sido más de lo segundo.

La presencia del presidente del PP, Pablo Casado, en el desayuno informativo que ha ofrecido el presidente de la patronal CEOE, Antonio Garamendi, y algunas instantáneas en las que ambos compartían gestos de cercanía pese a la relativa distancia mantenida en los últimos tiempos, no han pasado desapercibidas en La Moncloa.

Pese a que el discurso de Garamendi excluía las “líneas rojas” y mostraba su disposición general a cerrar un acuerdo, el gabinete de Pedro Sánchez era consciente de que el verdadero mensaje de la patronal estaba en los gestos. Igual que lo han sido la mayoría de los medios.

Mucho se ha hablado estos días del “derecho de veto” que la patronal se atribuiría con las discrepancias en el seno del Gobierno. Garamendi ha negado la mayor, pero sí ha advertido que los empresarios no están obligados a apoyar ninguna reforma laboral que no les convenza. Y aunque no ha tomado partido por el liderazgo de Diaz en la negociación,  tampoco se ha decantado por el de Calviño. Y en la Moncloa han tomado nota de estas tablas.

El acuerdo entre los partidos de Gobierno para la composición de la negociación entre Trabajo, patronal y sindicatos, haya representantes del Ministerio de Asuntos Económicos y del de Inclusión Social se ha interpretado, en los primeros momentos, como una derrota disimulada de Díaz. La llamada a consultas del presidente del Gobierno a ambas ministras el próximo martes para coordinarse parecía reforzar una idea.

La derrota de la tecnocracia

Hasta que la líder de Unidas Podemos, aún de viaje por Italia, ha comparecido ante los medios para mostrar su “satisfacción” por un acuerdo que ya había aceptado ayer, pero que arranca el premio del compromiso de la implicación personal de Sánchez en la definición de los “contenidos”.  Con el coste político que un resultado unilateral –o sólo sin la patronal, como el del SMI– le acarrearía. El presidente no puede ponerse más de perfil.

Y es que la reforma laboral, si hay un resquicio de acuerdo, es una cuestión de políticos más que de tecnócratas. De esto es muy consciente Sánchez, y da fe una carrera forjada por el aprendizaje de que, con diálogo pragmático, la ideología es más útil que las cifras.

Por eso la ministra de Trabajo –apoyada por su gabinete de prensa, el más eficiente del Gobierno– se ha centrado más en manejar los tiempos de la comunicación que los de los despachos. En esto ha superado con creces la baza tecnócrata de Calviño y, de paso, Escrivá.

De hecho, ha cerrado esta crisis sin pisar apenas Madrid desde el lunes más que para cenar con el comisario europeo de Economía, Paolo Gentolini y asistir a un Consejo de Ministros. Díaz sabe que recomponer el acuerdo ahora es más importante ante Bruselas que los “contenidos” de la reforma laboral. Por eso maneja un doble lenguaje que oscila entre la “derogación” y el ir “mucho más allá” respecto a la reforma de 2012.

Una que gusta a la Comisión Europea, aunque allí son conscientes de que las estadísticas de paro y temporalidad de España ya eran inasumibles antes incluso de la pandemia. Esa es la carta que juega la número tres del Gobierno, pero uno de Unidas Podemos.

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