sábado,29 enero 2022
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No podemos posponer la acción contra ese cambio

Si, ahora toca hablar del cambio climático

Economía Zen
¡El cambio climático! ¡Con la que está cayendo y aún hay gente pendiente del cambio climático! ¿Quién puede estar dispuesto a perder el tiempo en tales zarandajas? Yo lo estoy. Y sospecho que tú también.
Hace años que el miedo a la crisis lo domina todo. Ser positivo, creativo o proactivo ante las dificultades es un peligroso indicio de ingenuidad. Ofrecer soluciones o diseñar estrategias de respuesta es prueba de temeridad. En cambio exaltar la crisis de repente resulta de lo más patriótico, y exaltar el temor a la crisis confiere un prestigio que no veas. Desde los sectores más rancios e inmovilistas de la sociedad se habla de la crisis actual como de una catástrofe natural sin causas ni consecuencias, ante la cual sólo cabe agachar la cabeza, soslayar las preguntas y… clamar contra el estado del bienestar. La culpa es de los impuestos que pagan las empresas, o de tantos derechos sociales, o del subsidio de paro, o del efecto llamada, o de la ruptura de España o de esa manía que les ha dado ahora a los progres de preservar el medio ambiente y atajar el cambio climático. ¡El cambio climático! ¡Con la que está cayendo y aún hay gente pendiente del cambio climático! ¿Quién puede estar dispuesto a perder el tiempo en tales zarandajas? Yo lo estoy. Y sospecho que tú también.

 El británico Nicholas Stern es un prestigioso economista y académico: ha sido vicepresidente del Banco Mundial, asesor jefe del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, vicesecretario del Tesoro en Gran Bretaña y profesor de la London School of Economics. Hace varios años, lord Stern emitió a instancias del hoy primer ministro británico Gordon Brown un informe revolucionario que venía a decir que es más barato evitar el cambio climático que paliar sus efectos. Mucho más barato. Inmensamente más barato.

 La tesis del informe Stern es que el calentamiento global es una variable económica objetiva, cuantificable e imposible de ignorar, por lo que la tendencia natural de un mercado libre y eficiente que realmente sea guiado por una mano invisible la puja por desarrollar tecnologías capaces de reducir la emisión de dióxido de carbono y en general de gases de efecto invernadero. Menos petróleo y más solar, vamos. Y, aún más importante: que se mire como se mire, mitigar, detener o revertir el cambio climático hoy es más económico que mitigar, detener o revertir los efectos que tendrá el cambio climático mañana. Desde su publicación, el informe Stern no ha podido ser rebatido de manera creíble. El sentido común y el barón Stern coinciden en que es más barato prevenir que curar.

 El problema es que estamos en crisis, ¿recuerdas?

Ya, ya sé que lo que era cierto antes del estallido de la actual crisis económica internacional debería seguir siendo cierto ahora mismo, pero es que una de las primeras consecuencias del discurso dominante del miedo es el bloqueo del raciocinio. El pavor paraliza y devora a la razón. La segunda consecuencia es la usurpación de las prioridades. En España y fuera de España, los de toda la vida ruge la receta de toda la vida, o sea esperar a que escampe y mientras tanto cuestionar las conquistas sociales, recortar el gasto público destinado a los desfavorecidos y deslizar el peso de los impuestos sobre los ciudadanos y no sobre las empresas. Ya está. No es prioritaria la educación ni la sanidad ni los servicios públicos ni la cohesión territorial ni la integración social. Y la preservación del medio ambiente mucho menos. El bienestar de los bichitos y eso está muy bien en épocas de expansión económica, pero cuando llega la crisis queda clara la importancia que la derecha otorga de verdad al desarrollo sostenible. Digamos que, en una escala de cero a diez de importancia, le otorga cero.

Yo no comparto esa actitud obtusa y paralizante. Yo defiendo que no renunciemos a nuestras prioridades como sociedad cada vez que la coyuntura sea desfavorable. Con burbuja o sin burbuja, tengo claro que el medio ambiente es esencial. Y que el desarrollo sostenible es el único viable. Y que el cambio climático es una amenaza real, tangible y potencialmente devastadora para nuestro planeta y para la raza humana. No soy alarmista pero constato la desertización de buena parte de nuestro país (y de otros muchos); la dislocación del comportamiento de la meteorología, de la flora y de la fauna; el riesgo de desaparición traumática de múltiples especies ante la súbita transformación de su hábitat; la catastrófica elevación del nivel del mar; la escasez angustiosa de agua frente al aumento progresivo de la población y de sus necesidades de consumo. No soy tremendista pero veo que cada vez nieva menos y que algunas islas desaparecen bajo el océano y que demasiados gobiernos en el mundo aducen mezquinamente ‘ah, es que estamos en crisis’ para no hacer nada al respecto.

Ahora mismo, casi un tercio de los países miembros de la Unión Europea se oponen el diseño de un plan comunitario audaz contra el cambio climático. Los que parecen boicotearlo argumentan que combatir el cambio climático es caro y que por tanto este no es el momento para hacerlo. Quizá más adelante, vienen a decir, cuando nos venga mejor pagarlo. Es el mismo argumento del paciente de cáncer que retrasa su tratamiento de quimioterapia hasta que tenga más tiempo libre, o el del padre que cancela la educación de su hijo porque ahora no le va bien costearla. La prioridad medioambiental no es un capricho ni una moda que se pueda posponer hasta que nos sobre presupuesto para hacerle frente.

Y es rentable, según lord Stern. Rentable porque la deriva actual es negativa cuanto más tiempo se deje agravar el problema, más difícil, lenta y gravosa será la solución. Rentable porque cuanto más y mejor modifiquemos nuestro actual modelo de consumo de recursos agotables, antes y mayor será la ventaja competitiva que obtendremos sobre otras sociedades que más tarde o más temprano habrán que imitarnos. Y rentable porque los países que con más decisión y sabiduría apuesten por innovar en la esfera medioambiental serán los que liderarán –empresarialmente, tecnológicamente, socialmente– el mundo del futuro. Biotecnología y energías alternativas son dos bazas valiosas que Europa en general y España en particular deberían estar en disposición de liderar.

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