lunes,23 mayo 2022
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El 40% no piensa quedarse en España

Sólo un tercio de los hijos de inmigrantes se considera español

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Los hijos de inmigrantes, la llamada segunda generación, no percibe, al menos en Madrid, un gran rechazo por parte de la población autóctona y tiene fe en la existencia de oportunidades de movilidad ascendente para todos. Sin embargo, hay una clara brecha entre sus aspiraciones y expectativas. El 53 por ciento aspira a la universidad, pero menos de la mitad -un 23 por ciento-, confía realmente en acceder a ella. Al grado educativo más alto –el postgrado universitario- aspira el 9 por ciento, pero sólo el 5 confía en lograrlo. Para muchos estudiosos del tema migratorio, esta brecha entre aspiraciones y expectativas ha sido el origen de los conflictos ocurridos en otros países europeos con las segundas generaciones (Francia, Gran Bretaña).

Los datos anteriores proceden de la primera fase de la investigación La segunda generación en Madrid: Un estudio longitudinal, sobre la adaptación social y económica de los hijos de inmigrantes -la segunda generación- en España, e incluyen sólo resultados referidos a Madrid. Los autores del estudio son Alejandro Portes, del Centro de Migraciones y Desarrollo, de la Universidad de Princeton; Rosa Aparicio, del Instituto de Estudios sobre Migraciones, de la Universidad Pontificia Comillas-ICAI-ICADE, y William Haller, de la Universidad de Clemson.

Esta fase inicial de la investigación, que cuenta con el apoyo de la Fundación Spencer, de Chicago (Illinois), consiste en una muestra representativa de estudiantes de segunda generación en colegios de las áreas metropolitanas de Madrid y Barcelona, tanto públicos como concertados. El objetivo del estudio es volver a encuestar a los componentes de esta muestra dentro de unos años, para saber cómo han evolucionado sus vidas y sus expectativas de integración en la sociedad española.

La segunda generación se define como nacidos en España de padre o madre extranjeros y nacidos en el exterior, pero asentados en España a edad temprana, en general antes de los 12. La encuesta inicial se concentró en adolescentes de entre 12 y 17 años de promedio, de uno y otro sexo y de todas las nacionalidades de origen. En total, participaron 125 colegios del área metropolitana de Madrid. La encuesta se hizo durante el otoño de 2007 y la primavera de 2008, sobre una muestra de 3.375 casos.

Los nacidos en España representan sólo una minoría (13%) con un porcentaje algo más alto para alumnos de colegios concertados, lo que supone que la segunda generación en Madrid es aún muy joven, y se compone abrumadoramente de la generación “1,5”, o sea, nacidos en el extranjero y llegados a España durante la niñez.

Los orígenes nacionales de los nuevos españoles son extremadamente variados. Más de 60 diferentes nacionalidades aparecen en la muestra. El país de origen predominante es Ecuador, seguido de Colombia, Rumania, Perú, Marruecos, Republica Dominicana, Bolivia y Bulgaria. Aproximadamente, el 70% procede de países latinoamericanos; los ecuatorianos por si solos representan la mitad de este total. El predominio de hijos de latinoamericanos explica en gran parte el cuasi-universal conocimiento del castellano en la segunda generación. También otorga a esta población un perfil similar al de Estados Unidos, donde los hijos de latinoamericanos predominan, y muy distinto al de otros países europeos. Puede decirse que la “Latinoamérica del exterior” crece hoy fundamentalmente en Estados Unidos y España.

La estructura familiar predominante en la segunda generación es la ortodoxa, con dos terceras partes (67%) viviendo con ambos padres, biológicos o adoptivos. La situación familiar del resto corresponde, abrumadoramente, a los que viven con sus madres, solas o acompañadas. Alrededor de un 40% de padres y madres poseen ya la nacionalidad española y la mayoría de los restantes son, según sus hijos, inmigrantes legales. Algunos encuestados admiten que una minoría de sus padres (menos de un 3%) está en el país en situación ilegal.

Los alumnos de colegios concertados tienen padres y madres con niveles de educación algo superiores a los que envían sus hijos a colegios públicos. Un 27% de padres de alumnos en los concertados tienen educación universitaria contra un 18% de aquellos en colegios públicos; entre las madres las diferencias en educación universitaria son aún mayores y, en ambos casos, son estadísticamente significativas.

La gran mayoría de padres y madres se concentran en ocupaciones manuales de baja remuneración: jornaleros, peones, personal de limpieza, servicio domestico, camareros, etc. Las ocupaciones profesionales de alto estatus son la excepción, superando un 10% sólo entre padres de alumnos en colegios concertados. La mayoría de los entrevistados se muestran orgullosos de sus padres: sólo una minoría de un 15% dice sentirse “avergonzado” de ellos. Esto dato sugiere la relativa ausencia de aculturación disonante marcada por el enfrentamiento cultural entre las generaciones.

Los hijos de inmigrantes que van a colegios públicos tienen aspiraciones y expectativas significativamente más bajas que los de los concertados. El 63% de estos últimos aspiran a la formación universitaria frente a sólo la mitad en los públicos. Estas diferencias corresponden a los diferentes niveles educativos entre los padres en ambos tipos de colegios.

Las mismas tendencias se observan respecto a las aspiraciones y expectativas ocupacionales. Un 26% de alumnos de colegios públicos seleccionó trabajos de nivel bajo o medio y poco más de un tercio confiaba en llegar a ocupaciones gerenciales o profesionales (ejecutivo, abogado, profesor, médico etc.…) Para los alumnos de los concertados, las aspiraciones ocupacionales altas alcanzan casi la mitad de la muestra.

La mayoría de los estudiantes de colegios públicos declara la existencia de pandillas y de frecuentes peleas interraciales e interétnicas en sus centros. Estas situaciones no están ausentes de los concertados, pero son significativamente menores. En ambos tipos de centro, más de una tercera parte de los alumnos concuerda en que las frecuentes peleas interfieren en sus estudios.

Pese a las frecuentes alusiones a la discriminación padecida por los inmigrantes, las respuestas de sus hijos es contundente: más de la mitad nunca se ha sentido discriminado en España y sólo un 5% declara haberlo sido “muchas veces”. No existen diferencias entre tipos de colegio y entre los estudiantes que se quejan de discriminación frecuente. Las razones son a menudo idiosincráticas –el peso, la estatura, el carácter personal– y no necesariamente la raza o nacionalidad. Estos resultados sugieren que las barreras para el ascenso educacional, ocupacional y económico de la segunda generación tienen menos que ver con dificultades psicológicas y discriminación externa que con problemas objetivos ligados a la pobreza de las familias y a las modestas aspiraciones y voluntad de trabajo académico que de esta situación se derivan.

La identidad nacional es mucho más importante que la religiosa. Más del 85% por ciento de los jóvenes de segunda generación la declara importante o más. Un dato significativo es que sólo un tercio aproximado de esta población se considera español o española. El resto se identifica con su nacionalidad de origen, siendo ecuatoriana, colombiana y rumana las más numerosas. La imperfecta incorporación cultural al país de origen se refleja también en respuestas sobre el país en que estos jóvenes quisieran vivir cuando sean mayores. Menos de una tercera parte (27%) identifica España como tal país, proporción similar a los que preferirían vivir en Norteamérica. Si a esta ultima cifra se suman los que quisieran vivir en países de Europa Occidental, resulta que más de un 40% de los nuevos españoles no tendrían mayor interés en quedarse en el país, prefiriendo trasladarse a otra nación del mundo desarrollado.

El estudio concluye que estamos frente a un complejo pero no del todo negativo panorama con respecto a las identidades y planes de futuro de la segunda generación. La relativa escasez de la auto-imagen española y la fuerza de identidades y redes sociales étnicas refleja fundamentalmente el carácter reciente de la migración, lo que conlleva que la mayoría de los hijos de inmigrantes actuales son, ellos también, extranjeros. Resta por ver si, con el paso del tiempo, progresa el proceso de incorporación cultural, disminuyendo el número de aquellos que sueñan en vivir en Norteamérica u otros países de Europa y aumentando la proporción con una opinión favorable de su país de adopción.

Fuente: Universidad Pontificia Comillas-ICAI-ICADE

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