jueves,21 octubre 2021
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Somos interdependientes

El Envés
Para luchar contra la exclusión social, es preferible comenzar de nuevo que poner parches para calmar conciencias. Sobre todo de los que no ven que el hambre, las epidemias, la desertización y la explotación no son causa sino efectos de una pobreza de la mayoría por la ambición de minorías poderosas.

Sin un ambiente de participación ciudadana, las organizaciones sociales pierden su sentido. Todo está relacionado y es interdependiente. El planeta tierra no conoce ni primer ni tercer mundo, es una realidad global que a todos nos afecta. Debemos acostumbrarnos a pensar con perspectiva planetaria y pasar de la ecología a la ecosofía

La primera se ocupa del estudio del medio ambiente, mientras que, en la segunda, nos sabernos parte del mismo.

No sólo nos va en ello la calidad de vida sino la misma supervivencia, pues ya conocemos el peligro de que el actual modelo de desarrollo pase de injusto a inhumano. Esto no cuenta tan sólo para los países del llamado Tercer Mundo.

Y si a alguien “fatigan” estos datos, más fatigan a quienes los padecen, como dijo el entonces Secretario General de Naciones Unidas, Butros Galli, quien pidió “un nuevo pacto mundial entre el Norte y el Sur para evitar el estallido de una bomba social integrada por 1.300 millones de personas que viven en la miseria sin acceso al empleo, a la sanidad o a la educación. De la respuesta política y del compromiso financiero de los países más ricos depende el futuro del planeta, ya que la explosión social es inminente”.

Los más atroces sistemas sociopolíticos y económicos de la historia fueron anunciados previamente sin que el gran público reaccionase. No sería difícil enumerar las obras y los autores que anunciaron con tiempo las calamidades que habrían de suceder una vez que conquistaran el poder. Pero baste con esto para terminar con la fantasía de que las organizaciones sociales se ocupa sólo de los pobres y marginados “nacionales”, por decirlo de modo suave.

El voluntariado social hunde sus raíces en el grito de los pobres, y no sólo les presta su voz y sus manos, sino que los escucha con atención porque ellos deben ser los protagonistas de su andadura vital y no comparsas en un guiñol cuyos hilos no están en sus manos.

Mientras nos alertan ante la llegada de los bárbaros es probable que ya estemos entre ellos. No escuchar este grito de los condenados de la tierra nos llevará al abismo que hemos cavado en nuestra locura. Quizás nosotros somos los bárbaros.

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