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El ´colegio mayor´ de prisiones

Todos los ´inquilinos´ de la prisión de Madrid V, se preparan para concluir sus estudios superiores

el mundo
Más de 100 internos conviven en el módulo X de la cárcel de Soto. Todos los inquilinos son estudiantes. La UNED les ha abierto las puertas de la universidad.

Arturo (nombre figurado) es de Madrid, tiene 35 años y cursa 1º de Informática de Sistemas en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Está ilusionado y, como suele ocurrir, se queja de la cantidad de asignaturas que tiene este año. Podía ser la historia de cualquier estudiante, pero la suya es una rutina diferente, muy diferente. Vive en el módulo X de la cárcel de Soto del Real, habitualmente hinca los codos en el chabolo (celda) y hace cuatro años que no sale de los límites del centro penitenciario Madrid V.

Es una de las más de 400 personas que estudia en nuestro país desde la cárcel. Desde que en 1995 se puso en marcha el Programa de Estudios Universitarios en Centros Penitenciarios de la UNED, el número de alumnos ha ido en aumento. Un dato: «Este año, se han matriculado 26 mujeres en Soto», explica Alicia Rodríguez, directora del proyecto. El primer año sólo lo hicieron cuatro; el pasado, 14.

Conocido como el colegio mayor de prisiones, los más de 100 internos que conviven en el módulo X de Soto tienen una cosa en común: todos estudian. Unos preparan las pruebas de acceso a la Universidad, otros una carrera… Todas las licenciaturas tienen su representante.Derecho, Administración de Empresas e Informática ostentan el título de más demandadas, aunque la diplomatura de Turismo, novedad de este año, ha entrado con fuerza en las listas. Química, Física, Historia… La lista es interminable.

Pero el que sea conocido también como módulo de la UNED no se debe sólo al abanico de carreras que cursan los inquilinos de este espacio. Los medios marcan la diferencia con otros centros penitenciarios: cuenta con una biblioteca propia -aparte de una general- con manuales de cada carrera, tienen tres aulas habilitadas -una con ordenadores- y una vida en común más normal. «En este espacio tenemos menos restricciones y no hay peleas», asegura Edgar Cañón, que considera que «debería haber más módulos como éste en otras cárceles».

Son las 10.30 horas. En los patios del módulo X de Soto no hay un alma. Buena señal. Los reclusos están ocupados. Unos están en el polideportivo, otros en la biblioteca y los hay que aprovechan las horas de la mañana para estudiar en las celdas. Edgar está junto a la biblioteca pintando al óleo con un compañero. Afición que compagina, a sus casi 50 años, con sus estudios de 1º de Psicología.

«Una forma de hacer algo útil» Lleva 18 meses en la cárcel y aún le queda otra temporada larga.En la universidad, Edgar cree haber encontrado «una forma de hacer algo útil, de ocupar el tiempo y de buscar mejores condiciones de vida en un futuro». Sólo le pone un pero a su incorporación a las aulas: «Si la idea de la cárcel es ayudar a reinsertarse a los reclusos, creo que la formación aquí dentro tendría que ser la primera parte del proceso». La segunda estaría, en su opinión, cuando «se sale a la calle». «Debería haber un programa de apoyo fuera», subraya.

 

Otros limitan las sugerencias al presente. Arturo cree que «deberían tener más tutorías, sobre todo en las Ingenierías». Rodeado de manuales -«este año tengo 10 asignaturas»- y sentado delante de un ordenador, se queja de que sólo tiene tutorías en Programación y Matemáticas. Este curso comparte dudas de carrera con más de 10 colegas. «Para estudiar en el chabolo, me turno con mi compañero», explica.

Prefiere no hablar del pasado. El futuro parece brindarle una nueva oportunidad. Tampoco quiere ponerse fechas, pero Arturo espera acabar la carrera en seis años. Y cuando salga, en 2006, «empezar una nueva vida». Sabe que lo va a tener difícil, pero también es consciente de que con un título bajo el brazo el panorama puede tener un matiz más optimista. Mientras llega el ansiado momento, los libros hacen más llevadera la estancia entre rejas.

Acostumbrarse a la rutina «La experiencia de la cárcel es muy mala», explica Alicia Rodríguez.«En prisión, el interno puede llegar a acostumbrarse a la rutina de la cárcel -proceso que se conoce como prisionización-. Tienen comida, alojamiento, horarios para todas las actividades… No tienen ninguna preocupación para cubrir las necesidades básicas.El problema llega cuando esta gente sale y no sabe cómo valerse por sí misma».

 

Según la directora del programa, «es fundamental formar a la gente dentro para que fuera pueda ganarse la vida». En el centro de Soto del Real hay 1.600 reclusos -la mitad extranjeros- distribuidos en 14 módulos. Cuatro son de mujeres y uno de estudiantes. Es la única prisión española que cuenta con un colegio mayor para internos universitarios. Los presos se organizan para todo: cuentan con un delegado que actúa como portavoz del grupo, diseñan horarios para el uso de los ordenadores y llevan la organización de la biblioteca.

Margarita trabaja desde hace 18 meses rodeada de libros. Sólo conoce de España el aeropuerto de Barajas y Soto. Es colombiana, tiene 33 años, dos hijos y lleva 26 meses viviendo en el módulo XIV, donde se concentra el grupo femenino de estudiantes. «En las tutorías nos juntan a todos en el X», afirma. «La integración», añade, «siempre es buena». Sonriente y amable, reconoce tener «cierto miedo a la salida». «La imagen que se tiene de mi país es mala y me parece que no es justo generalizar», asevera.

Junto a ella, en la biblioteca, están sentadas Gladis y Soraya.Las tres han decidido preparar las pruebas de acceso a Turismo.Hace unos días comenzaron las clases. La primera impresión fue positiva: «Estuvo muy bien».

APOYOS «Antes de estudiar llevaba mal la cárcel»

 

Samba Ilunga cultiva la mente y el cuerpo a partes iguales. Estudia 1º de Ciencias Físicas y siempre que puede acude al polideportivo.Lleva seis meses en la prisión de Soto. «Previamente estuve en Topas», afirma. El cambio fue notorio: «Antes llevaba muy mal la cárcel, ahora pienso que estoy en un monasterio y que me dedico a estudiar». Filosofía que no le impide reclamar alguna mejora.«Es todo muy teórico, pero necesitamos hacer experimentos». A falta de un laboratorio, se tiene que conformar con solventar con sus dos compañeros de carrera la dudas que surgen. Cree que el material de la bioblioteca y las tutorías están bien, aunque como a la mayoría, le gustaría que fueran más frecuentes. Comparte celda con un ingeniero que, según cuenta, también le echa una mano. La excepción universitaria del módulo

 

Bailey no está matriculado en la UNED, pero le gustaría comenzar estudios universitarios a través de la Open University, un centro americano privado que imparte cursos a través de Internet. «Lo quiero intentar, pero sé que es muy complicado dado que en la cárcel no está permitido conectarse a la Red», explica mientras hojea un catálogo de la universidad. «Los estudios me los pagaría yo», puntualiza. No habla castellano, aunque asegura que no tiene problemas para entenderse con sus compañeros: «Todo el mundo habla inglés», dice sonriendo. Paradojas de la vida, sus padres, que viven en Estados Unidos y hace dos años que no los ve, piensan que Bailey, que tiene 32 años, está haciendo un curso de español.Es la primera vez que pasa por una cárcel -«llevo aquí 21 meses»-, explica. En igualdad de condiciones

 

Estudios. No cuentan con ninguna ventaja. Se enfrentan a los mismos exámenes y con la misma normativa. La universidad les paga la matrícula del curso y los libros de texto

Va a ser quizá lo que menos les recuerde su paso por la cárcel.Quizá sea el único documento en el que no quede constancia de su etapa entre rejas, de su error con la sociedad. «El título de la UNED que obtienen los reclusos es igual que el que logra cualquier otro estudiante», enfatiza Alicia Rodríguez, directora del Programa de Estudios Universitarios en Centros Penitenciarios de la UNED. También son iguales las condiciones durante las carreras. Los alumnos se enfrentan a los exámenes de febrero, junio y septiembre.«Se les envía el material didáctico a la cárcel para que puedan preparar las pruebas», explica Alicia Rodríguez. Con las tutorías y las convivencias se intenta apoyar a los estudiantes. En las primeras se explican las materias; con las segundas, se orienta a los alumnos a la hora de preparar un examen, un trabajo…dependiendo de la carrera.

 

«Los profesores de la UNED que se desplazan a las prisiones lo hacen de forma voluntaria», subraya la directora del programa.Hasta ahora no han faltado candidatos y nunca ha habido problemas en las clases.

Desde que se puso en marcha el proyecto, en 1995, el número de estudiantes matriculados ha aumentado año tras año. Según datos de la UNED, el curso pasado se matricularon en Soto 66 estudiantes, lo que le alza a la primera posición en cuanto a población universitaria.Le siguen, muy de lejos, la cárcel de Topas (20), en Salamanca, y Valdemoro y Victoria Kent (16), en Madrid.

La oferta de estudios de la UNED abarca desde Geografía e Historia hasta Químicas, pasando por Pedagogía, Filología, Economía y Matemáticas, entre otros. El año pasado, las reinas de la matrícula fueron Derecho (83 estudiantes) y Psicología (30).

La universidad subvenciona la matrícula y los libros a los alumnos.Para comenzar estudios en un centro penitenciario existen dos vías: tener aprobada Selectividad o pasar las pruebas de acceso.Antes de comenzar ésta, es necesario superar el preacceso, un examen que sirve de filtro para evaluar el nivel de los candidatos que aspiran a convertirse en universitarios.

En Soto, los estudiantes del módulo X finalizan estos días los trámites de la matrícula. Tienen ganas de empezar el curso y poder olvidar, por unas horas al día, que no les falta la libertad.Porque, como reza un cartel que decora la biblioteca, «la UNED es la Universidad que acorta distancias». Así lo creen ellos.

LAS CIFRAS Paso previo. En el curso 2000 / 2001, se matricularon en las pruebas de acceso a la universidad 138 personas, según datos de la UNED.Los datos de este año aún no se conocen.

 

Novedad. La diplomatura de Turismo, que se ha incorporado este año a la lista de estudios que oferta la UNED, parece haber ganado en la lista de favoritas a las ya célebres de Derecho, Psicología y Empresariales.

Estudiantes. En los siete centros penitenciarios de la Comunidad de Madrid, cursaron estudios universitarios durante el pasado curso 144 internos.

Extranjero. Dinamarca, Egipto y Suiza, entre otros, son algunos de los países que tienen alumnos de la UNED estudiando en alguna de sus prisiones.

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