miércoles,20 octubre 2021
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Universidad Internacional de Catalunya

Una tesis alerta de la sobrecarga de los inmigrantes que cuidan a ancianos sin tener formación

ibercampus.info
El profesor de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC), Dr. Albert Gallart, acaba de presentar una tesis en la que señala el aumento de inmigrantes que se dedican al cuidado de los ancianos sin tener la formación necesaria para ello.

En el estudio se observa la necesidad de asegurar apoyo social, calidad de vida e integración a los cuidadores inmigrantes para evitar su sobrecarga y así favorecer el cuidado de nuestros mayores. Según la investigación, al 76,4% de estos cuidadores se les encarga valorar los cambios de salud de los mayores, y de éstos sólo el 45% dicen no disponer de la formación necesaria y no sabrían reaccionar ante las alteraciones de salud que el anciano pudiera presentar.

A modo de ejemplo, el experto explica que estos cuidadores “no sabrían reconocer una enfermedad o saber qué hacer ante el empeoramiento del estado de salud”, así como “identificar algunas dolencias”.

El experto, que ha estudiado los cuidadores inmigrantes que se dedican al cuidado de las personas mayores, ha puesto en el punto de mira los factores que influyen en la sobrecarga y su tesis estudia, por primera vez, este fenómeno en los cuidadores inmigrantes.

A pesar de que en la actualidad la gran mayoría de los cuidadores en España, el 86%, es un familiar, –principalmente la hija de la persona dependiente–, los ancianos están cada día más en manos de inmigrantes.

Los extranjeros representan el 43% de los cuidadores no familiares. El Dr. Gallart explica que “el envejecimiento, la entrada de la mujer en el mundo laboral y el elevado coste del cuidado de las personas dependientes en España está produciendo la inviabilidad futura del actual modelo familiar de cuidados”.

El cuidado familiar va a descender en un 60%

La tesis del Dr. Gallart cita diversos estudios que prevén “un descenso de hasta el 60% del cuidado familiar y un aumento de la solicitud de ayuda formal, ya que es la única vía de compaginar la actividad laboral de la mujer”. Por todo ello, el profesor de la UIC ha creído importante incidir en el estudio de los cuidadores inmigrantes.

“Los inmigrantes que llegan a España precisan de un soporte económico que les permita continuar en el país y, si no disponen de toda la documentación en regla, pueden fácilmente recurrir a un trabajo sumergido como el cuidado de las personas mayores”, apunta Gallart. Además, “los cuidadores inmigrantes suelen aceptar salarios más bajos y jornadas de trabajo más largas por la necesidad económica que tienen, situación que aumenta su sobrecarga”, añade.

El profesor Gallart alerta de que los familiares “puede que no sean conscientes de que la falta de preparación de los cuidadores en el domicilio pueda tener consecuencias, ya que muchos de los propios familiares tampoco tienen formación y consideran a estas personas una prolongación de ellos mismos cuando no pueden estar en casa”.

Necesidad de normalizar el cuidado

El informe apunta hacia la necesidad de reducir la sobrecarga de los cuidadores inmigrantes para que estas personas puedan realizar el cuidado de los mayores “con mayor garantía”. La tesis del profesor Gallart enumera una serie de recomendaciones en este sentido. Así, “se aconseja normalizar el cuidado de los mayores, asegurando niveles mínimos de conocimiento” de estos cuidadores.

El experto indica que “la normalización permitiría evitar que el salario de estos cuidadores sea más bajo y las jornadas de trabajo más largas que el de las cuidadoras españolas”. Asimismo, se aconseja “potenciar el apoyo social, la calidad de vida y la integración” de estos cuidadores. Sobre este punto, el estudio destaca la necesidad de conocer el idioma y las costumbres autóctonas y especialmente el problema de la vivienda.

Además, “la normalización debería conllevar la creación de un sistema que controle y regularice las jornadas laborales y los salarios de los cuidadores inmigrantes sin formación, realizando controles domiciliarios sobre las poblaciones diana para reevaluar a los cuidadores y el estado de salud de las personas mayores”.

Gallart propone crear “una autorización de las propias personas mayores y/o familiares, indicando los principales cuidados sanitarios o medicación que los profesionales sanitarios -los médicos, enfermeras y psicólogos, entre otros- les hayan prescrito para que puedan ser llevados a cabo por los cuidadores sin formación, bajo la supervisión de dichos profesionales y cuando el estado de las personas mayores lo permita”. 

Ley de Dependencia 

El profesor considera que la nueva Ley de Dependencia, que entró en vigor el pasado mes de enero, “es un paso valiente y firme”. Sin embargo, precisa, “sólo es el inicio”. Para Gallart, “es necesario determinar con mucha más precisión muchos detalles, como pueden ser las políticas concretas de convivencia entre los dos principales tipos de cuidadores: los familiares y el inmigrante sin formación específica”.

Además de reclamar “valentía para indicar claramente cuál será la financiación”, el autor de la tesis considera que “se debe desarrollar todo el sistema creando formas de contratación, control del estado de salud de la persona mayor y del propio cuidador de forma periódica, así como valorar los salarios y jornadas, los cuidados prestados y muchos otros aspectos”.

El profesor de la UIC añade que “se deberían crear equipos que velen por el desarrollo armónico del cuidado, asegurando la posibilidad de disponer de cuidadores con conocimientos suficientes para que, bajo la supervisión de los profesionales sanitarios y el permiso de los propios mayores o familiares, presten un cuidado de calidad y sin sobrecarga en los cuidadores, facilitando así un bien absolutamente necesario, es decir, disponer de personas adecuadas para cuidar bien a nuestros mayores”.

Por último, el Dr. Gallart se suma a la opinión de diversos expertos que consideran que la Ley de la Dependencia debería denominarse en los medios de comunicación “Ley de la Promoción de la Autonomía”. “Aunque parezca un hecho insignificante, el cambio es radical, ya que se pasa de denominar una situación en términos negativos, como es la dependencia, a términos positivos, es decir la búsqueda de la máxima autonomía posible de las personas”, considera.

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