lunes,29 noviembre 2021
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La falta de autocrítica de la CRUE eleva el cabreo público

Vicios y miserias de la universidad: endogamia,servilismo, precariedad, corrupción, cotos…

Redacción
La falta de autocrítica de la conferencia de rectores de las universidades españolas (CRUE) ante el escándalo de Cifuentes ha elevado el cabreo del público, pero también dentro del profesorado., con los vicios y miserias de la universidad. según un reportale de elindependiente.com Endogamia mala,servilismo, precariedad, racanearía y cotos privados son algunos de los vicios y miserias denunciados po la quincena de profesores, aspirantes que arrojaron la toalla o emigrados que no piensan volver.

Todos esperaban una declaración contundente de la CRUE contra las “graves irregularidades detectadas” en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), después de que un rector cesó hace un año acusado de decenas de plagios y tras descubrirse ahora que obtener un máster oficial en Derecho Público era más fácil si el alumno era dirigente del PP de Madrid. Pero recuerda elindependiente, como apuntaron Ibercampus.es y muchos medios, "la autocrítica de la CRUE nunca llegó: en vez de eso, el presidente Roberto Fernández dedicó una hora a loas y alabanzas al sistema universitario español dejando al público entre boquiabierto e irritado. Ocho de las nueve conclusiones de los rectores eran elogios a la universidad, un sistema “con todas las garantías”, cargado de “honorabilidad y buen hacer”, cuyo comportamiento es “ejemplar”y portador de “buen nombre ganado durante muchos años de trabajo honrado”.

El independiente.com ha hablado tras ello con una quincena de personas: profesores titulares, aspirantes a profesores que arrojaron en su día la toalla, docentes contratados en el extranjero que no piensan volver. La complacencia de la CRUE ha despertado entre los consultados una sensación general de cabreo. Para algunos fue un acto lamentable, para otros una “vergüenza”; incluso para quienes aseguran no haber visto jamás en su vida académica tramas corruptas similares a la que pueden haber tenido lugar en el máster oficial de la URJC. “Fernández es un hombre encantado de escucharse a sí mismo y que ha defendido prácticas endogámicas en público y con descaro”, denuncia un profesor universitario que reclama el anonimato y se refiere a diversos foros. " Lo que no aportó Fernández fueron los datos del Ministerio de Educación en 2014 sobre la endogamia mala: el 73% de los profesores universitarios ejercen en la facultad en la que se han formado.

La universidad española tiene profesores de renombre y verdaderos cotos privados, añade elindependiente.com, para luego citar el caso dele Francisco Muñoz, profesor de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la facultad de Educación de la Universidad de Almería:Acostumbrado a sacar sobresalientes y matrículas desde la infancia, Muñoz llegó a la universidad a través de becas. Tras años haciendo el doctorado y dando clases con becas de investigación, la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca) le acreditó como profesor titular. “Nuevamente personas sin rostro”, valora. Sus problemas llegaron con las personas “con rostro”. Se volcó en el estudio de los aspectos psicolingüísticos del síndrome de Asperger, convirtiéndose en uno de los mayores expertos en España. Francis no se esconde a la hora de criticar: “En el momento en el que quise concursar a una plaza de rango inferior a la que me encontraba acreditado, hubo personas con rostro que decidieron anular todos mis méritos fundamentando su decisión en que un lingüista hacía investigación en medicina”. Pero a diferencia de otros muchos casos él ganó.

Los consultados por elindependiente.com distinguen entre dos tipos de vicios. El primero es la política universitaria y sus derivadas, véase la endogamia, el servilismo, la precariedad o la racanería de algunos profesores: el Plan Bolonia abrió la espita de los títulos propios y otras cosas parecidas a los másteres sin ser másteres. Muchos de los titulares ven un filón económico en los títulos -que se pueden incluso impartir online– y aprovechan para obtener un complemento salarial.

El segundo vicio vendría a ser la corrupción, que tiene que ver con prácticas que rozan o alcanzan el rango delictivo. Corrupción es lo que había en el máster oficial del Instituto de Derecho Público de la URJC. O el plagio que se llevó por delante al ex rector Fernando Suárez, uno de los personajes con todavía más poder en la Rey Juan Carlos. “Y a muy pequeña escala estarían casos como la beca de Errejón, gente que no cumple con requisitos como la asistencia u otros peores”, opina un docente sin revelar el nombre. 

La beca de Errejón dio pie al polémico Félix de Azúaa atacar no solo a Podemos sino a todos los estamentos de la universidad en un cacareado artículo firmado en El País el 1 de diciembre de 2014. Lo que empezó siendo un ataque al partido morado terminó siendo un ataque indiscriminado al submundo académico, con alusiones ciertamente hirientes. “La Universidad está tan corrompida como las finanzas, los partidos o los sindicatos”, “una de las instituciones más corruptas del conjunto institucional español”, “tribunales amañados y sus convocatorias a medida”, “castas universitarias”, “sistema de rectores como títeres decorativos” o “cetáceo muerto” son algunos de los atributos que dedica Azúa.

"La Universidad está tan corrompida como las finanzas, los partidos o los sindicatos"

Los casos de plagio -fusilar textos ajenos y presentarlos como propios- no solo se han dado con relativa periodicidad, sino que han gozado de bastante impunidad. El profesor de la Universidad de Zaragoza José Solís denunció a un colega de Historia del Derecho por haberle plagiado en 2001: no fue hasta 2015 cuando el Tribunal Superior de Justicia de Aragón le dio la razón, después de que toda la universidad zaragozana, rector incluido, se pusieran del lado del plagiador. Hay decenas de casos similares que se mantienen religiosamente en silencio desde los centros. La imagen, dicen.

Antes de sacar la plaza de profesor de instituto en Lorca (Murcia), Domingo Centenero completó los pasos básicos de cualquier doctorando: Licenciatura en la Universidad de Murcia, beca doctoral en la Pablo de Olavide, beca Marie Curie en Italia y de allí al Instituto Europeo de Florencia. “La universidad y la Aneca cercenan la competencia”, lamenta Centenero. “Hay docentes de secundaria con publicaciones de prestigio que jamás podrán impartir clases en la universidad. No existe competitividad”.

Y luego están los que se fueron. La idiosincrasia universitaria provoca que fueras de serie se queden al margen, entre los que elindependiente.com cita al historiador Pablo Sánchez León, con obras fundamentales como Absolutismo y Comunidad o La Guerra que nos han contado que han obligado a revisar la historiografía en vigor. “En Estados Unidos sería catedrático, pero en España carece de puesto fijo. Pertenece a una generación perdida de académicos”, le introducía una entrevista de Ctxt.Sánchez León dispara contra la atalaya tras la que se parapeta gran parte del profesorado en su campo, la Historia: “

Otro caso reseñado entre esta selección de miserias de la universidad es el  bioquímico José Manuel Pérez, que tiene 57 años, una pensión por invalidez y un historial de depresiones y recaídas que son herencia de su etapa académica. “El 20 de octubre solicité con otros profesores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) la transformación de mi plaza de asociado tipo IV en la figura del profesor contratado doctor. Se nos denegó aduciendo razones espurias”, explica Pérez, sin citar que hoy es rector de la UAM el catedrático de Bioquímica y Biología Molecular Rafael Garesse Alarcón, elegido en segunda vuelta, por escaso margen y como en otros casos con mínima participación de los alumnos (del 3% al 5% en las últimas elecciones madrileñas de la Universidad de Eduvcación a Distancia, Complutense y la propia UAM. "Posteriormente mi plaza de profesor asociado salió a concurso-oposición, y antes del examen recurrí y aduje ante el rector [en ese momento Ángel Gabilondo] que la presidenta del tribunal me tenía animadversión. Yo había formado parte de su grupo de investigación y acabamos mal. Esa plaza fue adjudicada a otra persona con menos méritos científicos y académicos que yo, y tuve que dejar la Universidad. Recurrí, pero no valió de nada”.

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