miércoles,25 mayo 2022
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Domingo López

´Vivimos en un mundo mal repartido y eso es indiscutible´

Ángela López
Domingo López tiene un buen trabajo como informático, una casa y una vida en el mundo acomodado. Como cualquiera de nosotros. Sin embargo, un día, se ve a sí mismo compartiendo cuarto con un ratón en una pequeño país de África que pocos sabrían situar en el mapa. Ha ido para impartir clases en la pequeña universidad de Ngozi, sostenida en ´palillitos´ de solidaridad y habitada por alumnos que quieren aprender hasta los días de fiesta. Domingo nos cuenta en Ibercampus su experiencia como cooperante de un proyecto nacido en la Universidad Politécnica de Madrid

P.- ¿De dónde surgió y en qué consiste el proyecto en el que ha participado?

R.- Hace algo más de tres años llegó un correo electrónico a la Facultad de Informática de la UPM desde la Universidad de Ngozi en Burundi. En dicho correo se solicitaban profesores cooperantes para dar clases. No tenían plantilla de profesores locales y no tenían dinero para pagar profesores que vinieran de otras universidades. A la llamada acudieron dos profesores de la Facultad de Informática y un ex-alumno que estuvieron allí durante varios meses. A su regreso y después de darse cuenta de las necesidades de la universidad a nivel global, decidieron dar un paso más. Y así nació TEDECO (TEcnología para el DEsarrollo y la COoperación). Es un grupo de cooperación universitario que se encarga de abordar proyectos de cooperación de alto perfil tecnológico.

Así surgió un proyecto cuyo objetivo final no era únicamente cubrir necesidades de docencia puntuales, sino más allá, buscaba la sostenibilidad de la universidad para que dejara de depender de ayudas externas para su funcionamiento. Durante estos tres años, desde TEDECO se ha dotado a la universidad de infraestructuras y material docente, se ha instalado una antena parabólica que les da acceso a Internet y un ciber-café cuyos ingresos ayudan a la financiación de la conexión al satélite, informatización de la administración, contabilidad, biblioteca,… y también, profesores que van allí a impartir asignaturas dejando el material disponible para usos posteriores empleando técnicas muy innovadoras de e-learning. Este último año, se está poniendo en marcha un sistema de becas para alumnos cuya característica principal también es la sostenibilidad (los alumnos devolverán el precio de la beca con trabajos para la universidad). Se trata de una adaptación del concepto de micro-créditos a la Educación.

P.- ¿Qué le hizo decidirse a embarcarse en un viaje como éste? ¿Cómo le convencieron?

R.- En realidad, nadie me lo pidió. La directora y fundadora de TEDECO, Susana Muñoz Hernández (Doctora en Informática por la UPM), es gran amiga mía. Así que he seguido muy de cerca esta historia que os he contado, desde la primera vez que ella estuvo allí en 2006. Asi conocí la Universidad de Ngozi y a mucha gente de allí sin haber hablado nunca con ellos. Siempre he sabido que algún día yo también tendría que arremangarme. Tan sólo estaba esperando el momento en que esa decisión saliera. Yo soy de proceso lento. Y ese momento llegó el pasado mes de junio cuando fui a la Universidad de Ngozi a impartir un curso e implantar un software desarrollado por TEDECO.

P.- ¿Qué es lo que más le sorprendió de los alumnos a los que impartió clase?

R.- Pues que quisieran dar clase en sábado, y el día de la fiesta nacional, a pesar de estar dando ocho horas de clase al día durante toda la semana. Me lo habían contado pero verlo es realmente sorprendente. También el esfuerzo de casi todos (siempre hay excepciones) por aprender en un idioma que no es el suyo ni dominan (y algunos incluso ni hablan). Y sorprende mucho el respeto inexplicable que te tienen, sólo por ser umuzungu (hombre blanco).

Por otro lado, me sorprendió la resignación con que asumen prácticamente todo. Si algo no va bien, para qué cambiarlo. Te da que pensar, porque es bastante general. Entiendo que eso ocurra en sociedades como la nuestra, donde las necesidades básicas están cubiertas y es más fácil acomodarse. Pero verlo en situaciones tan extremas, te hace plantearte muchas cosas.

P.- Tras su experiencia, ¿qué papel cree que tiene la Educación en una sociedad?

R.- En una sociedad, la Educación hace que la gente que la recibe sea más consciente. De dónde está y de dónde quiere ir. Y sobre todo, de dónde no quiere ir. La Educación te abre la mente, te hace ejercitar las neuronas para pensar y entonces te prepara para poder decidir mejor. El problema es que después de saber la decisión mejor, hay que llevarla a cabo. Y eso requiere valor. Y eso no se estudia en el cole.

P.- ¿Qué puede aportar su trabajo como docente a un país como Burundi?

R.- El trabajo de una persona puede parecer poco. Pero el de un grupo organizado, el de un proyecto pensado y llevado a cabo por un equipo de profesionales como puede ser TEDECO puede hacer muchas cosas.

Sinceramente, cuando llegué allí me sentí muy inútil, más aun teniendo en cuenta que mi orientación profesional no ha sido hacia la docencia. Sin embargo, ahora creo que si he podido acercar a algunas personas los conocimientos que a mí me han servido para tanto en mi vida, el trabajo no caerá en saco roto. Es poco lo que haces en unas semanas, realmente, y te sientes más mal que bien casi todo el tiempo porque crees que no es suficiente, pero luego piensas que en realidad estás ayudando a que algunos chicos y chicas puedan acabar unos estudios que van a ser fundamentales para sus vidas y las de sus familiares. Y entonces es cuando realmente te echas a temblar… 😉

P.- ¿Considera suficientes las iniciativas solidarias que se llevan a cabo desde las universidades españolas?

R.- Desconozco ese dato. Pero está claro que hay tantas cosas que hacer en tantos sitios, que nada puede ser suficiente. Vivimos en un mundo mal repartido y eso es indiscutible. Algunos vivimos mejor porque otros viven peor. Y aunque no tenemos la culpa de dónde nacemos, sí podemos hacer algo desde nuestra vida diaria. Quién sabe si dentro de miles de años habremos dado un nuevo salto evolutivo. Hace mucho tiempo, el hombre comenzó a formar sociedades porque vio que así era más fuerte en un entorno hostil. Puede que en este mundo globalizado surja algún día una nueva conciencia, o más bien, una nueva consciencia que provoque finalmente el cambio cualitativo necesario.

P.- ¿Qué le diría a la gente que opina que las ONG o asociaciones solidarias no solucionan el problema de la desigualdad en el mundo?

R.- Les preguntaría cuál es su alternativa, aparte de la cómoda resignación. Sin embargo, estas personas pueden no estar tan desencaminadas. Creo que el problema de la desigualdad en el mundo es un mal intrínseco del ser humano. Al menos, del ser humano como lo conocemos hoy. Las asociaciones solidarias y de cooperación están en el camino de la solución, pero no son la solución. Lamentablemente queda mucho para pensar que esto pueda tener solución, hay demasiada gente interesada en que esto siga así. Voy un poco más lejos, y sin pensar en grandes multinacionales de dudosas intenciones… ¿estaríamos dispuestos nosotros a un cambio en el equilibrio actual del mundo? ¿quién se atrevería a suscribirlo hoy? Sobre todo, ¿qué tipo de cambio? ¿hasta dónde estamos dispuestos a ceder? ¿a qué estamos dispuestos a renunciar? Son cuestiones inquietantes. Por eso creo que hay que ser realista, tenerlo claro y después ponerse en marcha hacia la humanidad que nos gustaría tener. Quizá dentro de muchas generaciones, si este planeta sigue habitable, disfruten de un mundo igual para todos, pero de verdad. Cuando el ser humano sea más humano que ser.

P.- ¿Volverá a Burundi?

R.- Esa es mi intención.

 


Domingo López es Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid. Trabaja como Analista de Sistemas y Jefe de Proyecto en Visual Tools S.A. 

Su blog: El sueño de Hari Seldon

 

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