sábado,21 mayo 2022
Espacio euroiberoamericano de diálogo sobre la innovación social, profesional y académica
InicioOpiniónBlogsBalas de rabia

Balas de rabia

Miss Controversias
La UE impone sanciones a Rusia que en gran medida deben ser ejecutadas a través de las empresas que operan con este territorio. ¿Hemos pensado bien en la intención de esas sanciones?

Decía Sun Tzu en El arte de la guerra: «Así, el experto en el arte militar posee un impulso irresistible y regula su ataque con precisión».

Hay un video que se puede ver en Youtube de Milton Friedman, en el que habla de la fabricación de un lápiz. «Observen este lápiz, no hay una sola persona en el mundo que lo pueda fabricar». No se refiere al sofisticado diseño de un lápiz, sino al enrevesado «proceso de procesos» y materiales que conlleva su fabricación. Porque la economía es un engranaje. Algo tan sencillo como escribir con un lápiz o lavarnos con una pastilla de jabón, lleva implícitos subprocesos que a su vez conllevan otros subprocesos. Unas empresas dependen de otras.

A menudo esa dependencia empresarial sucede dentro del mismo grupo. Los movimientos intercompany de las multinacionales forman parte de la propia estrategia, por su impacto financiero y logístico. Al final, cada parte se consolida en una sola mientras las transacciones entre sí no paran.

En este contexto de interdependencia económica dentro o fuera de la misma empresa, me sorprende que se apoyen las decisiones de parar la actividad en Rusia como forma de castigar al país, y creer que así se va a parar la guerra en Ucrania. La decisión de la Unión Europea de bloquear la economía rusa parece más una forma de empujar al resto del mundo a eso que el Foro Económico Mundial llama el Gran Reseteo.

Esta decisión, tomada por la UE y ejecutada por las empresas, tendrá sin duda efecto en la economía rusa. Pero no hoy, que es cuando necesitamos parar la guerra. La tendrá poco a poco, a medida que se vayan quedando aislados y sin recursos. Pero ¿quién sufrirá la falta de recursos? La población rusa. Los empleados de las empresas. Sus clientes. Los clientes de sus clientes. LA GENTE.

Como economista, como persona, no entiendo estas medidas tomadas, aparentemente, desde la rabia. No quiero que sufra más gente. No en mi nombre. Por la misma razón que la UE ha tomado decisiones como institución representante de la sociedad, a pesar de que no me representa a mí a título personal, Putin ha tomado la decisión de invadir Ucrania, y eso nada tiene que ver con la gente de la calle. Los rusos y las rusas no tienen la culpa.

Pero además, estas medidas tendrán consecuencias para nosotros. Hablamos de nuevo de esa relación entre compañías del mismo grupo empresarial. Muchas fabrican en Rusia con componentes que, como en el ejemplo del lápiz, tendrían que llegar de todas partes. Otras solamente fabrican fuera y exportan a Rusia. ¿Y qué pasa con esa potencial producción que debería ir destinada a Rusia? ¿Qué va a pasar con esos puestos de trabajo? Hablamos de un mercado con un poder adquisitivo muy desigual, pero son 140 millones de potenciales clientes que estaban en la planificación del negocio y han dejado de estarlo. ¿Qué hacemos las matrices occidentales con los costes fijos relacionados con el mercado ruso? Para que encima no sirva para nada en lo relativo a Ucrania. 

La guerra no espera y las empresas ya están ejecutando las sanciones. El argumento utilizado por cada una para justificar su cese de actividad temporal, es distinto. Algunas, como Ikea y Apple, dicen estar haciéndolo porque la falta de suministros no les permite operar con normalidad. En el caso de Ikea, han condenado la invasión rusa y las pérdidas humanas, pero también reconocen los problemas en la cadena de suministro como motivo de su decisión. Sin embargo, sí mantienen los centros comerciales abiertos para suministrar comida y otros productos de primera necesidad.

En el caso de Apple, no se trata de una decisión humanitaria, dicen, sino financiera por la inestabilidad que genera la caída del rublo. También condenan los hechos.

Otras compañías de software como SAP, Oracle o Microsoft, sí han confirmado que paralizan su actividad como mecanismo de sanción a Rusia, en apoyo al pueblo ucraniano y para seguir la normativa impuesta.

En definitiva, todo viene por la decisión de la UE y de Estados Unidos de sancionar a Rusia. Y ahora Rusia responde, pero no responde parando la guerra. Responde desde la misma rabia y la misma soberbia, ¿qué ibamos a esperar? Ahora sugieren paralizar la exportación de fertilizantes. No hace falta ser experto en estrategia militar para saber la consecuencia de algunas causas. Hace casi dos años, yo misma escribía en otro blog:

«La paz promueve la educación y el comercio. La educación es la base de la igualdad y el comercio es la base para el progreso. La actividad comercial abre mentes, expande culturas y desarrolla habilidades para descubrir e investigar nuevos mercados».

Otras medidas, como la prohibición de emisión de los medios de comunicación Russia Today y Sputnik, también podrían ponerse en tela de juicio si hablamos de democracias. ¿Qué hay de la libertad de expresión? ¿Pueden hacerme el favor de dejarme pensar por mí misma? ¿Acaso es libertad que todos los medios repitan el mismo mantra y forzar a la gente a creerse todo sin cuestionarlo? Lo que ha acabado pasando es que la gente ha desaprendido a pensar. Y lo peor, se juzga a quien se atreve a pensar, aunque se equivoque.

Decía Josep Borrell hace unos días que Putin no sólo quiere conquistar espacios (territorios), sino espíritus y mentes, para eso usa la propaganda y por eso había que prohibir esos medios. Me parece que sobre generar un marco mental propicio al poder, también sabe mucho el señor Borrell.

Por cierto, ¿qué fue del Covid?

 

De interés

Artículos Relacionados