miércoles,26 enero 2022
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Economía en Al-Ándalus: Viaje a Córdoba, año 970

Futurolandia
Según adelanté en un post anterior dedicado a mi máquina del tiempo, 0s invito hoy a acompañar al periodista Larry Newsletter a un viaje a la Córdoba musulmana en el 970 para la cronología cristiana (año 348 para ellos), una de las ciudades más pobladas y ricas de aquellos tiempos, con más de 100.000 habitantes, 700 mezquitas, 70 bibliotecas, 300 baños públicos y unos 80.000 comercios, de acuerdo con los datos que me dieron antes de mi partida.

De acuerdo con las normas y a efectos de conseguir una adecuada integración  con el entorno, Larry va en su papel de escribano mozárabe, con vestido y dinero de la época, unas lentillas especiales,un sistema complejo de comunicación y unos sensores incrustados que servían de interfase con el módulo de realidad virtual. De esta forma, se sentía como un personaje más de una especie de película que se iba desarrollando a su alrededor, pero en la que podía intervenir, decidir su camino y elegir a sus interlocutores.

No era difícil orientarse en la ciudad. La parte central, amurallada, con cuatro kilómetros de perímetro, define la Medina, una almendra por la que discurre una calle, de norte a sur,que a poco del final se bifurca para ir al oeste al barrio judío y al este hacia los zocos. Más hacia el sur y ya en terrenos cercanos al Guadalquivir, la Mezquita Mayor y el Alcazar o palacio real con sus jardines.

Deambulando por la Medina me encuentro con calles enteras dedicadas a algún oficio o comercio. Paso por la calle de los libreros  y por la de los perfumistas. Desemboco en una plaza llena de tenderetes repletos de hortalizas, pescados secos, hierbas y especias. Predominan las vías públicas estrechas, los callejones sin salida, con viviendas sin ventanas ni fachadas principales, siguiendo la concepción intimista. Bordeando las murallas, cuidados parques con el riego automático de la época, complejas conducciones de agua desde la sierra.

Fuera ya de las murallas, algunos de los oficios más sucios, como los tintoreros o los curtidores en sus húmedos y malolientes túneles. Al éste el amplio barrio mozárabe. Hacia el norte las munyas, residencias campestres con huertos y jardines. Al sur, la frontera natural de un río Guadalquivir amplio y navegable, con más de 5.000 norias en el valle y una amplia red de acequias que garantizan una agricultura floreciente.

La producción cordobesa de aceite, higos, pasas, almendras, lino o azafrán era conocida en otras zonas con las que el intercambio comercial era frecuente, como el Norte de África, el Oriente Islámico o Bizancio. Como productos de importación, refinados perfumes, piedras preciosas y sofisticados vestidos o lujosas alfombras.

Además, el Califato explotaba minas de hierro, plomo, cobre, azufre, plata y mercurio. y elaboraba hierro y hojalata. Obtenía oro de algunas minas y del arrastre de rios como el Segre y el Tajo. Trabajaba la madera de sus bosques con una desarrollada industria local de muebles y utensilios domésticos. Añadamos industria textil, monopolio del pergamino, industria naval,…y tendremos una idea de una economía compleja y dinámica.

Como periodista especializado en temas económicos me interesé por encontrar respuesta a dos cuestiones que me parecían claves ¿Cuál era el papel del gobierno? y ¿Había ya un pensamiento sobre cómo gestionar eficazmente los bienes públicos y privados?.

Para encontrar respuesta a la primera cuestión hice dos visitas (que no puedo detallar aquí) a la Ceca, que se responsabilizaba de la producción y distribución de la moneda (dinares de oro, dirhem de plata y felús de cobre) y a la opulenta residencia del califa y sede del gobierno en Medina Azahra. Según pude comprobar, todo un derroche de instalaciones y personal a su servicio, que había que financiar.

Hace cuarenta años que Abderrahman III declaró a Al-Ándalus independiente del Califato de Damasco y desde hace cuatro años le ha sucedido su hijo Alhaquen II, según me dicen un hombre culto y monarca tolerante y preocupado por el bienestar de su reino, al menos para los estándares de aquellos tiempos. Muy distinto sería el juicio de los reyes cristianos de entonces y de los siglos venideros en plena Reconquista. El infante Don Juan Manuel, en su libro El Conde Lucanor, lo describiría como que "este rey non se trabajaba en facer otra cosa honrada nin de grand fama, sinon de comer e folgar e estar en su casa vicioso".

En cualquier caso, la costosa administración pública  la delegaba el califa en el visir principal o hachib, del que dependían otros visires con funciones como ejercito, justicia …y el poderoso visir de impuestos y administración del tesoro.

Los ingresos provenían de las propiedades del califa, confiscaciones, minas y, sobre todo de múltiples impuestos y tasas. Aparte del diezmo de los creyentes, el azaque, que iba directamente a las mezquitas, existía una contribución censal por la tierra y un impuesto de capitación, yizya, que afectaba a varones adultos y libres que continuaban con sus creencias religiosas cristianas o judías . Adicionalmente, existían diversas tasas, en particular sobre el funcionamiento de los zocos (qabala o alcábala) y el comercio internacional.

Por lo que pude apreciar había, en aquella Córdoba de finales del siglo X, mucho práctico de temas fiscales, monetarios, cambiarios o de gestión de algunos de los grandes monopolios públicos, pero no encontré referencia de ningún pensador destacado sobre estos temas. Habría que esperar algunos siglos para encontrar a dos referencias claves: Averroes e Ibn Jaldún.

Empezaré por Muhammad Ibn Rushd, que fue cadí, juez principal de Córdoba en los años 70 del siglo XII. Puede que os resulte más familiar el nombre por el que es conocido en Occidente, Averroes. Filósofo, traductor y comentrista al árabe de Platón o Aristóteles, pero también economista, para lo que puede entenderse como tal en aquella época

Son  los años en que, tras la toma del poder por Almanzor y diversas intrigas sucesorías, se recrudecen las luchas contra los reinos cristianos del norte, que han avanzado sus líneas hasta Valencia o Extremadura, aprovechando la debilidad del califato a la muerte del hijo de Almanzor en el 1008 y la disgregación de los llamados reinos de taifas o facciones, unos treinta, nacidos alrededor de los poderes locales de las principales ciudades del califato.

 En sus obras se habla de orden natural (político y económico); del papel de los gobiernos para encauzar la estructura de la sociedad hacia ese orden; de división del trabajo; de artes necesarias (como la agricultura, la construcción y el comercio) frente a las suntuarias (como la fabricación y venta de perfumes o la joyería); de la necesidad del dinero como medida común del valor de las cosas, que favorece los intercambios; de la estabilidad de la moneda, que garantiza su valor a través del tiempo.

Si avanzamos un par de siglos más, hacia mediados del XIV, nos encontramos con Ibn Jaldún, historiador y también economista, para los estándares del momento. En esos dos siglos, al-Ándalus queda reducida ya a una parte mínima de la Península. En 1264 ya sólo queda el Emirato de Granada, que se extendía a las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería. Ha pasado ya el dominio de los beréberes nómadas, conocidos como almorávides, y la hegemonía del movimiento religioso almohade, que había sido derrotado en 1212 en los llanos de las Navas de Tolosa, volviendo el escaso poder que restaba a manos de musulmanes andalusíes, los llamados «nazaríes». Mientras, en el mundo árabe, se había perdido Persia, los mongoles amenazan por la frontera asiática y los mamelucos dominaban en Egipto.

 Ibn Jaldún había nacido en Túnez y a los treinta y tres años, en 1365, fue enviado a Sevilla a negociar un tratado con Pedro I el Cruel, rey de León y Castilla, que le ofreció entrar a su servicio, aunque poco después buscó el apoyo del sultán de Granada. Debió pasar algunos años en al-Ándalus y después volvió al norte de África, buscando finalmente la soledad de un pequeño castillo en Argelia donde dedicó cuatro años a escribir su obra maestra, La Muqaddima, una historia universal de los árabes y beréberes que culmina en una descripción de las fuerzas que explican la ascensión y decadencia de los gobiernos, estados o incluso culturas. Vamos, la que puede considerarse como primera reflexión en lo que después se llamaría la filosofía de la historia.Hoy día se reconoce que La Muqaddima es una aportación importante para el estudio de los factores físicos, sociales, económicos e institucionales que explican la evolución de los países. En sus escritos, siete tomos, pueden encontrarse teorías acerca de la producción, el valor, el papel del Estado o la fluctuación cíclica.

«Sabed que cuando los ingresos del imperio ya no bastan para cubrir las necesidades, se encuentra obligado a hallar nuevos recursos y descubrir fuentes excepcionales para contar con numerario y solventar sus compromisos. Impone cargas sobre toda transacción mercantil efectuada por los súbditos y establece derechos de mercado; o bien aumenta los impuestos de toda especie ya existentes; o bien apremia a los agentes del fisco y a los receptores de renta a rendir nuevas cuentas. Otras veces se procura incrementar los ingresos mediante la creación de empresas comerciales y agrícolas que operan a nombre del sultán».

La verdad es que sus palabras suenan bastante modernas a pesar de los cerca de siete siglos que hace que fueron escritas. Bien podían ser, con pequeños cambios, las de un economista de nuestra época o incluso las de un ministro de Hacienda. 

 Antonio Pulido (@PsrA) | Twitter 

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