lunes,23 mayo 2022
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Educación y Memoria Histórica Democrática

Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León
El alumnado español sabe más del nazismo que de franquismo, y para evitar el " nadie nos había explicado nada de esto, aquí se propone que la nueva Ley de Memoria Democrática no acabe como las leyes de memoria histórica de las comunidades autónomas. Pero en los documentos ministeriales que se conocen, la memoria histórica queda ausente del nuevo currículo. La reivindica un manifiesto que lleva recogidas más de 34.000 firmas como la del autor de este artículo, quien propugna que España deje de ser una anomalía en Europa y en el mundo.

Cuando fui con mi alumnado a ver “El silencio de los otros”, ganador del Goya al mejor documental, me quedé atónito. Pero no por cómo describía la represión de la dictadura franquista. Sino porque parte de mi alumnado comentó al salir de la proyección: “nadie nos había explicado nada de esto”.

Esta “desmemoria” es sorprendente porque la historia de España es una materia que se imparte en todos los centros docentes, y además durante dos cursos (4º de Secundaria y 2º de Bachillerato).

El olvido de la memoria histórica democrática en la escuela ha supuesto que las generaciones que han llegado todos estos años a su etapa adulta carezcan de una formación sólida sobre lo que supuso la dictadura franquista y la lucha antifranquista que se mantuvo frente a ella y nuestra deuda democrática con la II República.

Es decir, en este memoricidio, la falsa memoria del franquismo no se vio contrarrestada institucionalmente con una nueva política de la memoria sustentada en los referentes democráticos republicanos. De esta forma la memoria republicana fue excluidos del imaginario colectivo, quedando su memoria proscrita al ámbito individual. Mientras que otras democracias, como la italiana o la francesa, se fundaron sobre el paradigma del antifascismo, la española lo hizo sobre el de la “superación” del pasado.

Por eso,

  1. Debemos evitar que la nueva Ley de Memoria Democrática acabe como las leyes de memoria histórica de las comunidades autónomas para introducir la memoria histórica en los libros de texto y el currículum escolar. Lo cierto es que, en muchas de ellas, no ha pasado realmente de las intenciones o las declaraciones y en otras se ha cercenado radicalmente, con el crecimiento de la extrema derecha y su llegada a las instituciones parlamentarias, las tímidas iniciativas que empezaban a ponerse en marcha.
  2. Debemos evitar que se reduzcan los contenidos de la memoria histórica democrática a la “historia de la democracia y su contribución al fortalecimiento de los principios y valores democráticos definidos en la Constitución española”, como establece la nueva ley educativa LOMLOE en su disposición adicional cuadragésima primera. Es increíble que la LOMLOE establezca expresamente que todo el alumnado debe conocer y estudiar el holocausto judío, pero no el español, como le denominó P. Preston. Utilizando esos términos genéricos sobre historia de la democracia o valores democráticos de la Constitución que ocultan más que explicar lo que parece no querer decirse de forma clara y nítida.

No es de extrañar que el alumnado español sepa más del nazismo que del franquismo (lo cual puede ser una explicación del actual crecimiento del neofascismo). Por eso hemos promovido el «MANIFIESTO POR LA INCLUSIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DEMOCRÁTICA EN EL CURRICULUM ESCOLAR» https://www.change.org/memoriaeduca que lleva recogidas más de 34.000 firmas, encabezado por Paul Preston, Mirta Núñez, Julián Casanova, Ángeles Egido, Ángel Viñas, Matilde Eiroa o Paco Erice… Firmas que entregaremos próximamente a la Ministra, para evitar la desmemoria en los nuevos decretos que eliminan en la práctica la memoria histórica democrática de la nueva Educación Secundaria, a pesar de ser un mandato de la nueva Ley de Memoria Democrática en trámite parlamentario. En los documentos ministeriales que vamos conociendo sobre el desarrollo del currículum, una vez más, la memoria histórica queda ausente del nuevo currículo.

Las personas y organizaciones firmantes del MANIFIESTO pedimos al Ministerio de Educación y Formación Profesional que, para garantizar el cumplimiento de los artículos 43 y 44 del Proyecto de Ley de Memoria Democrática, dé pasos cuanto antes para articular ya en el curso escolar 2022-2023 las medidas imprescindibles para una verdadera inclusión de la memoria histórica democrática en el currículo:

  • Se necesita la actualización de los contenidos curriculares para 4º de ESO y Bachillerato, desarrollando en los mismos de forma clara y sin falsas equidistancias los cuarenta años de represión de la dictadura franquista y la lucha antifranquista que se mantuvo frente a ella hasta los años 70. Esto implica:
    1. Revisar los contenidos esenciales del currículum y los de los libros de texto escolares y los materiales curriculares para que incluyan estos contenidos que actualmente están en buena medida invisibilizados y silenciados, utilizando expresiones genéricas que ocultan, más que aclarar, lo que parece no quererse abordar de forma clara y decidida, como en el LOMLOE.
    2. Evitar expresamente la teoría de la equidistancia que viene del “segundo franquismo”, cuando el relato de la cruzada deja de ser creíble y desde las filas del propio régimen empieza a hablarse de “guerra fratricida” y de responsabilidad de ambos “bandos”.
    3. Hay suficientes ejemplos de cómo hacerlo. Uno de ellos son las Unidades Didácticas para la Recuperación de la Memoria Histórica elaboradas por un equipo de expertos de la Universidad de León: http://memoriahistoria.unileon.es/

En la única reunión que hemos tenido online con técnicas del Ministerio de Educación en noviembre, les manifestamos nuestra preocupación porque en el actual borrador del Real Decreto de ESO aparece como saber básico (en los cursos tercero y cuarto): “El Holocausto judío” pero en las 375 páginas restantes nada del “holocausto español”. No se nombra ni siquiera la dictadura, el franquismo, la represión, los maquis y la lucha antifranquista… Es decir, se elimina la memoria histórica democrática de la nueva Educación Secundaria Obligatoria. En el de 2º de Bachillerato, de Historia de España, solo se utiliza el término “dictadura” haciendo referencia a la Transición y la Constitución de 1978 (Identificación de los retos, logros y dificultades del fin de la dictadura y el establecimiento de la democracia) y en lecturas guiadas de obras relevantes de la literatura española de los siglos XX y XXI sobre guerra civil, exilio y dictadura. No aparece la represión de la dictadura ni la lucha antifranquista,…

Las técnicas alegaron:

  • El porcentaje que corresponde a las comunidades autónomas, como si en el porcentaje del Ministerio no pudiera entrar en los saberes básicos que se establecen en las enseñanzas mínimas, lo cual sería la única forma de establecer unos mínimos comunes que asegurasen su presencia en el currículum escolar en todas las comunidades autónomas;
  • Que otros colectivos también reivindicaban lo suyo, como si esto no fuera lo de todos y la base de la democracia que disfrutamos, además de un mandato con rango de Ley, en la nueva Ley de Memoria Democrática de su propio gobierno;
  • Que si ahora se ha transformado el currículum y se ha diseñado por competencias y saberes básicos, como si estos no lo fueran (hasta la ONU ha tenido que señalar y recordar al gobierno español reiteradas veces que conocer la verdad de la represión franquista y de la lucha antifranquista es un derecho inalienable del pueblo español);
  • Que si el profesorado tiene autonomía y son ellos los que deciden al final, como si esta autonomía no estuviera limitada realmente por los libros de texto, dado que en la práctica no se les facilita tiempo para poder elaborar o adaptar materiales curriculares ante un temario de historia sobresaturado “de Atapuerca a Aznar”;
  • Que si el Ministerio no puede controlar lo que publica el «libre mercado editorial” de los libros de texto, como si las editoriales no se atuvieran a lo que señalara la administración educativa y no tuviera un servicio de alta inspección que tiene competencias para ello. O buscar la fórmula para que el oligopolio editorial de libros de texto asuma las decisiones democráticas sobre los contenidos reales sobre la memoria histórica democrática en nuestro país.

Queremos dejar de ser una anomalía en Europa y en el mundo. Al menos, imitar al resto de países donde en la escuela se garantizar el derecho al conocimiento histórico veraz de la devastación humana que ha sufrido el mundo desde la aparición del fascismo en la década de 1920 y de los genocidios que éste perpetró. Es decir, en otros países no pasa lo que lleva sucediendo tanto tiempo en España. Nos lo ha recordado la ONU reiteradamente: en 2014 y en 2020.

Si un solo alumno o una alumna acaba el período de educación obligatoria sin conocer esto, es una tragedia en pleno siglo XXI. Es que algo estamos haciendo mal en el sistema educativo.

No se puede construir un futuro con un pasado basado en la impunidad. Su único tratamiento es la verdad, la justicia y la reparación. El deber de memoria ha sido plasmado en el Derecho Internacional y en los Derechos Humanos. Las víctimas de la dictadura sufren una doble violencia: la de sus verdugos y la de borrarlos de la memoria colectiva. Las nuevas generaciones tienen derecho a la verdad. Hay que educar en el antifascismo. Sin concesiones ni medias tintas. No se puede ser demócrata sin ser antifascista.

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