martes,7 diciembre 2021
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Según expertos en economía sanitaria de la RADE

La sanidad pública necesita apoyarse más en la privada para ser sostenible y ganar eficacia

Redacción
Para que la sanidad pública española sea sostenible y, a la vez, cubra las necesidades asistenciales de la población, debe reducir gastos y ganar eficacia, lo que solo es posible si se apoya en el sector privado en mayor medida que hasta ahora, con una mejor y más amplia coordinación y colaboración. Esta es la conclusión fundamedntal de la mesa redonda "El coste en sanidad en España", organizada por la Real Academia de Doctores de España (RADE).

Dado que el sostenimiento del sistema nacional de salud depende de las condiciones presupuestarias, Prieto, académico de número de la Sección de Ciencias Políticas y de la Economía, de la RADE, y excatedrático de Matemática Financiera y de la Inversión de la Universidad Complutense, abogó porque, en el futuro, se asigne al sector sanitario privado una parte mayor de la gestión pública mediante conciertos y colaboraciones, siguiendo el modelo de la MUFACE, la Mutualidad General Judicial y el Instituto Social de las Fuerzas Armadas, que cubren a casi dos millones de funcionarios que han tenido la opción de elegir entre sanidad pública y privada

 

“En la medida que la combinación de gestión pública-privada consiga mayores niveles de eficacia, dentro de los objetivos sociales del sistema nacional de salud, se estará contribuyendo a su sostenibilidad”, aseguró Prieto, para quien “la externalización de los servicios sanitarios se confunde con la privatización de la sanidad con tintes ideológicos de consecuencias nefastas, al impedir que se dote a España de un sistema sanitario más eficiente”.

 

Añadió Prieto que es obligada la colaboración ciudadana a la sostenibilidad del sistema sanitario, para promover una sociedad más saludable, puesto que, según la OMS, un 40 por ciento del gasto sanitario se dedica a enfermedades asociadas a hábitos no saludables: tabaco, alcohol, tensión arterial alta, colesterol u obesidad.

 

Al responder a preguntas de los asistentes, Prieto manifestó que, “si queremos que sea sostenible, la sanidad pública tiene que apoyarse en la gestión privada, al menos, en un mayor porcentaje. Ya está bien que seamos los funcionarios los que tengamos esas ventajas. Lo que yo quiero es que esa capacidad de elección entre pública y privada se universalice o, al menos, aumentar el ámbito en que se pueda elegir”.

 

Aprovechar al máximo los recursos tecnológicos

 

Iranzo, académico de número de la Sección de Ciencias Políticas y de la Economía, de la RADE, y catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), que ha intervenido en varios estudios sobre la sanidad pública, consideró imprescindible una mayor coordinación público-privada para mantener la sostenibilidad asistencial, tanto en materia de hospitales como de tecnología, de modo que los recursos tecnológicos, de elevado coste, estén funcionando casi todo el día.

 

Tras destacar que “dedicamos un 6,5 por ciento del PIB al sistema nacional de salud, unos 70.000 millones al año, que junto a un 3 por ciento adicional del sistema privado, constituye un gasto cercano a un 10 por ciento en sanidad en España”, Iranzo se detuvo en repasar los problemas más acuciantes del sistema, entre los que citó el envejecimiento de la población, que supone la conversión de las enfermedades agudas en crónicas con un alto índice de población mayor polimedicada; la insuficiente comunicación entre las comunidades autónomas en el campo sanitario, que duplica pruebas y diagnósticos, y la fragmentación entre el sistema público y el privado, que es la causa de que muchos ciudadanos paguen dos y tres veces su asistencia sanitaria mediante los impuestos, las cuotas a las aseguradoras y, a veces, la asistencia privada.

 

Incrementar las políticas de prevención para generar ahorro económico y social, establecer un ticket regulador de la asistencia como el de los medicamentos, para controlar la tendencia a infinito de todo servicio gratuito, y potenciar la asistencia primaria para que no se traslade al paciente inadecuadamente al especialista, son algunas soluciones propuestas por el ponente.

 

Se mostró partidario también de aprovechar la red de farmacias para que, dotadas de medios tecnológicos, se encarguen del seguimiento de los pacientes, que según las pruebas-piloto hechas en el País Vasco, han demostrado que reduce las consultas de urgencia en un 50 por ciento, y un 56 por ciento las hospitalizaciones.

 

Es preciso, agregó Iranzo, analizar la evolución de los gastos en la farmacia hospitalaria, que fue el único toque de atención que hicieron los “hombres de negro”, de la UE, a España en materia de sanidad. En el coloquio, Iranzo hizo hincapié en que en la sanidad pública no hay análisis de costes. “No sabemos cuánto cuesta  un día de hospitalización, ni lo que cuesta la farmacia hospitalaria”.

 

Valorar la eficacia de las intervenciones sanitarias 

 

Por su parte, la doctora Inés López-Ibor Alcocer, académica correspondiente de la Sección de Medicina, de la RADE, y profesora del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Complutense, sostuvo que una de las medidas más importantes en su campo es tener en cuenta “si son eficaces y eficientes nuestras intervenciones”.

 

Los trastornos mentales y las enfermedades neurológicas suponen un gasto de 84.000 millones de euros anuales para España, según datos de 2010. Pero, lo más importante, advirtió López-Ibor, es que un 47 por ciento del total son costes indirectos, frente a un 41 de costes sanitarios directos y un 12 de no sanitarios. El impacto económico de los trastornos más frecuentes, ansiedad y depresión, supera el de otras enfermedades físicas, como esclerosis múltiple, epilepsia o tumores cerebrales. El impacto de las enfermedades mentales, según datos de 2010, equivale a casi un 8 por ciento del PIB,  “pero no se invierte mucho en ellas”, puntualizó.

 

Afirmó López-Ibor, que la crisis ha provocado una progresiva psiquiatrización de los malestares de la vida, con el consiguiente consumo de antidepresivos y ansiolíticos. La prescripción de antidepresivos ha aumentado un 10 por ciento cada año en los últimos diez, sin que esté demostrado su eficacia, por ejemplo, en las reacciones de duelo. “A lo mejor, muchos de nuestros pacientes depresivos no están diagnosticados, mientras otros están sobrediagnosticados”, subrayó. Sin embargo, su consumo es cada vez mayor. En España, ansiolíticos y antidepresivos son los medicamentos más vendidos. Casi un 15 por ciento de la población toma un ansiolítico y el 17, un hipnótico.

 

Farmacogenética igual a ahorro de costes sanitarios

 

La farmacogenética, que estudia el efecto de la variabilidad genética de un individuo en su respuesta a determinados fármacos, aplicada a la psiquiatría está ayudando a afrontar este problema, prosiguió la ponente, porque “si sabemos cómo alguien metaboliza un fármaco y que ese es el medicamento que le va a sentar bien en una enfermedad crónica, evitaremos un coste al sistema importante, acertaremos en el tratamiento y habrá menos efectos secundarios, porque las reacciones adversas son importantes: en España causan 80.000 estancias hospitalarias y casi 1.800 muertes anuales difíciles de detectar. Si se aplicase la farmacogenética podrían reducirse entre un 10 y un 20 por ciento las reacciones adversas, se mejoraría de un 10 a un 40 por ciento la respuesta a los fármacos, además de disminuir los costes sanitarios en un 12.

 

Cerró la sesión el Presidente de la RADE, Álvarez Fernández-Represa que, entre otras cosas, aseveró que “la sanidad es un pozo sin fondo”. En su experiencia como director de un departamento de cirugía de un gran hospital, dijo, nunca recibió información sobre sus costes, y las cosas continúan igual. Recordó también que aquella pretensión de entregar a los pacientes “facturas” meramente informativas del coste ocasionado por su hospitalización, al objeto de mentalizar a los ciudadanos del coste de su asistencia sanitaria, se prohibió de inmediato.

 

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