martes,30 noviembre 2021
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La brecha digital acorta distancia

Lo digital, una ventana abierta al mundo y otra a la montaña

El acceso a internet de alta velocidad es un paso esencial para el desarrollo rural de la economía digital. ¿Pero en qué punto estamos?

Hace unos días recibí una llamada de mi operador de internet para comunicarme que la segunda línea contratada pasaba de cobre a fibra óptica por la misma tarifa y sin ningún coste. Esta línea se encuentra en un pueblo de 500 habitantes de la provincia de Ávila.

Desde entonces llevo varios días reflexionando sobre la brecha digital. Este asunto es algo importante que ya forma parte de las principales agendas políticas. Por fin. Porque la falta de una buena conexión implica falta de oportunidades por no tener acceso a los recursos que ofrece la economía digital. Además, afecta tanto a la vida personal como a la profesional. Esto es, en definitiva, la definición y a la vez consecuencia de la brecha digital.

Este paradigma podemos analizarlo desde tres enfoques:

  1. La no conexión a internet o conexión de mala calidad que afecta principalmente a zonas rurales.
  2. La incapacidad económica para acceder a dispositivos (hardware) y programas (software) adaptados a las necesidades.
  3. Desaprovechamiento de los recursos digitales disponibles o falta de competencias para su uso.

Centrémonos en el punto 1. Parte de la dicotomía entre lo urbano y lo rural se pierde con lo digital. Por ejemplo, un estudiante de bachillerato de un pueblo que necesita refuerzo extraescolar, puede tener acceso a clases online. Por no hablar de la democratización del conocimiento que supone el acceso a internet. Por eso es de vital importancia que la conectividad sea una realidad, al menos, para todos los servicios solicitados desde casco urbano, sea cual sea el tamaño de la localidad.

En el caso de la instalación de fibra óptica que se está llevando de manera masiva a todos los rincones de España, tenemos otra oportunidad intrínseca. La instalación de la fibra óptica se hace junto a la de fibra oscura, es decir, hilos sin utilizar para futuros aumentos de la capacidad demandada. Según escribe sobre la fibra oscura la CNMC en su blog:

“Los tubos que se instalan bajo el suelo para transportar -entre otras cosas- fibra óptica, suelen tener una capacidad superior a la que la demanda de comunicaciones requiere. Resulta comprensible, pues, que las empresas operadoras al abrir las calles decidan dejar instalados “hilos” sin usar para no tener que volver a levantar los suelos cada vez que aumenta la demanda de conexiones.”

Por lo que en el futuro próximo o no próximo, si la economía digital requiere mayor capacidad de conexión, toda la red tanto urbana como rural, estará lista para activarse. No debemos olvidar que la infraestructura para el desarrollo de un servicio ha de implementarse previamente al uso masivo. Es decir, la inversión es previa a la comercialización. Esta es la parte más costosa y más lenta. Algo así sucedió en su día con la infraestructura de telefonía móvil UMTS (3G), que se instaló años antes de que los ciudadanos supiéramos lo que era un Smartphone.

Quizá alguien piense que en su pueblo ya había internet. En el mío también. Pero el acceso a redes más rápidas abre la puerta a usos más ambiciosos y a la descentralización de la vida en  las ciudades.

¿Afecta la brecha digital a las empresas?

Analizando la Encuesta sobre el uso de las TIC y comercio electrónico publicada por el INE, vemos que lo que marca el uso de tecnologías de la información (TIC) no es tanto la conectividad o el desconocimiento, sino la propia actividad de cada sector. Así, por ejemplo, en el sector del alojamiento, el 100% de las empresas de más de 10 empleados dispone de una conexión a internet pero el porcentaje de personal que los utiliza es sólo el 50%. Tenemos que tener en cuenta en qué consiste el trabajo en alojamientos, donde la mayor parte del personal se dedica a tareas que no requieren un dispositivo propio para cada empleado. Tareas de limpieza, cocina o restauración en las que, en el caso de utilizar dispositivos electrónicos para procesos digitalizados, no se considera el uso de un dispositivo por empleado, como sí ocurre en las tareas administrativas y de gestión. Lo mismo reflejan en sectores como industria, metalurgia o construcción. No podemos considerar por tanto, que en este punto exista una brecha digital relevante más allá de la propia actividad o evolución de cada área dentro de la digitalización.

Por ejemplo, en el caso de la Inteligencia Artificial y el Big Data, el uso está aún en muchos sectores en porcentajes residuales, según muestra la encuesta. Como ya he comentado antes, el acceso a una red de alta capacidad es necesaria para que las empresas operen bajo las mismas reglas del juego, sin perjuicio del  punto geográfico en el que se encuentren.

Otro análisis interesante sería atender el tipo de acceso a red según ubicación de la compañía. La encuesta no ofrece datos desagregados por comunidades en empresas de menos de 10 empleados.

¿Tiene sentido priorizar lo digital donde faltan otros servicios?

Pienso en pueblos perdidos en la montaña con una gran conexión a internet en la que no hay centro médico ni escuela. O en pueblos de Centroamérica donde los niños tienen que caminar 2 horas para ir al colegio. Estos pueblos quizá no tengan carreteras asfaltadas o se queden aislados por inclemencias meteorológicas. Pueblos donde hacer una compra online seguramente no siga los mismos plazos de entrega, ni sea rentable para la empresa de reparto, algo que debería valorarse desde el Estado, al igual que la función social de la banca.

Pero el acceso a una red de calidad, como vengo reiterando, es una ventana abierta al mundo. No hay mayor justicia social que la igualdad de oportunidades. Una vez ahí, que cada uno las aproveche lo mejor que sepa.

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