domingo,24 octubre 2021
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Lummis, pionero en la colonización española versus la anglosajona

El próximo 12 de octubre se conmemora el Día de la Hispanidad con carácter legal desde 1987, aunque su condición de festivo común a todos los españoles viene del siglo XIX. Fue en ese día cuando se fijó la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492, y Rodrigo de Triana avistó tierra.  Hoy en […]

El próximo 12 de octubre se conmemora el Día de la Hispanidad con carácter legal desde 1987, aunque su condición de festivo común a todos los españoles viene del siglo XIX. Fue en ese día cuando se fijó la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492, y Rodrigo de Triana avistó tierra.  Hoy en día, la ciudadanía y los medios de comunicación, en España y América que hablan español, continúan con su festividad, al margen de los dictados de la conocida “Leyenda Negra”.  

Lummis, es un pionero californiano que ha sido olvidado por la historia. Fue un acérrimo defensor de la colonización española en América en el siglo XVI en contraposición a la colonización anglosajona realizada 200 años después. Tanto el objetivo como el contexto social, económico e ideológico fueron muy diferentes, y esto hizo que la conquista española fuera defendida ante su  “Leyenda Negra”.

“Ponce de León había tomado posesión en nombre de España de lo que es ahora uno de los Estados de nuestra República, una generación antes de que los sajones pisasen aquella comarca. Aquel primer viandante por la América del Norte, Álvaro Núñez Cabeza de Vaca, había hecho a pie un recorrido incomparable a través del continente, desde la Florida al Golfo de California, medio siglo antes de que nuestros antepasados” (The Spanish Pioneers, 1893)

Este extracto de la obra “The Spanish Pioneers” de Charles F. Lummis (1859-1928), describe a la perfección el aporte de los exploradores españoles en el siglo XVI”,  mucho antes que los colonizadores ingleses. En concreto, este libro se centra en las experiencias del hispanista, hispanófilo e indigenista Lummis, quien durante las primeras décadas de su existencia, vivió la destrucción de los pueblos indios que se produjo en Estados Unidos. La obra cuenta la historia de aquellos hombres que fueron descubridores, exploradores, conquistadores y colonizadores como Hernán Cortés, Pizarro, Hernando de Soto, Cabeza de Vaca, Vázquez de Coronado, etc. Un bosquejo breve de detalles elegidos entre numerosos hechos heroicos, peligros, alguna conquista y exploración. Una visión de lo que era realmente una conquista española.

En este contexto la visión de España y de lo español quedaba condicionada por la Leyenda Negra, que envenenaba las mentes más preclaras del mundo anglosajón. Lummis fue una brillante excepción, porque aportó una riquísima colección de artículos y fotografías del sudoeste de los Estados Unidos y estudios sobre distintas culturas indias.

Su origen y procedencia era la de un WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant, blanco, anglosajón y protestante) de la costa Este. Un verdadero apasionado y defensor de los derechos de los amerindios. Su formación comenzó en Harvard, donde publicó con éxito algunos poemas y fue compañero de promoción del presidente de EE. UU. Theodore Roosevelt; sin embargo, abandonó las clases para ejercer el periodismo en Cincinnati (Ohio). De hecho, en 1884 fue contratado por el periódico Los Angeles Times y se propuso cubrir a pie 3.500 millas (más de 5.600 km) a lo largo de 143 días por el Estado de Nuevo México; no obstante, tras un accidente se rompió un brazo, pero su aventura determinó para siempre su pasión por el mundo indígena y español. Transcribió y publicó su experiencia en A Tramp Across the Continent (1892). En 1888 marchó a San Mateo (Nuevo México), para recuperarse de una parálisis; allí inició los estudios sobre los amerindios. Durante este tiempo fue amenazado de muerte a raíz de la publicación de sus artículos sobre jefes locales corruptos, se instaló en la comarca indígena de Isleta; allí trabó amistad con dos especialistas de las culturas amerindias, el arqueólogo Adolph Bandelier y el padre Anton Docher. Durante las décadas posteriores, se convirtió en el gran estudioso de los amerindios, fundó el Landmarks Club of Southern California, asociación que se empeñó en preservar las misiones españolas creadas por Fray Junípero Serra. En 1892 publicó Some Strange Corners of Our Country. Y en 1893 publicó The Spanish Pioneers, una obra sobre la conquista española de América, inspirándose en los héroes de Carlyle. En dicha obra, valora el mestizaje de la cultura española contra el racismo anglosajón de su tiempo, y tal como lo recalca en su prólogo: “Porque creo que todo joven sajón-americano ama la justicia y admira el heroísmo como yo, me he dedicado a escribir este libro. La razón de que no hayamos hecho justicia a los exploradores españoles es, sencillamente, porque hemos sido mal informados. Su historia no tiene paralelo; pero nuestros libros de texto no han reconocido esta verdad, si bien ahora ya no se atreven a disputarla. Gracias a la nueva escuela de historia americana vamos ya aprendiendo esa verdad, que se gozará en conocer todo americano de sentimientos varoniles. En este país de hombres libres y valientes, el prejuicio de la raza, la más supina de todas las ignorancias humanas, debe desaparecer”.

Si observamos sus palabras se constata la reivindicación de la colonización española frente a la “Leyenda negra” que es defendida por aberrados historiadores y escritores. Es cierto que la propaganda de esta leyenda era una realidad, y así fue durante siglos, pero en contraposición tenemos la evidencia de una conquista anglosajona a partir del siglo XVII por tierras de EE. UU. y Canadá, donde su crueldad era insuperable si la comparamos con la española.  Y lo cierto es que, cuando llegaron los ingleses a América, ya existían civilizaciones bien estructuradas, forjadas durante siglos en algunos casos. Efectivamente, para ellos, los habitantes de dichas civilizaciones no tenían la consideración de humanos, y esto justificaba su crueldad.

El colono anglosajón mostró una forma de crueldad inusual fuera de los campos de batalla. Asimismo, los pueblos “sometidos” fueron meros espectadores de las masacres cometidas en los actuales Estados Unidos, el Caribe, África y Australia. Mientras los españoles intentaban convertir a los autóctonos al catolicismo, los ingleses entendían que los indígenas de América debían ser literalmente exterminados –como así ocurrió en sus zonas de actuación–, para de esta manera repoblar el continente con ingleses de pura cepa. Los protagonistas de esta colonización anglosajona no eran desalmados o disidentes, justamente lo contrario en sus filas estaban exploradores de renombre como Rourke, Cook, y, antes que ellos, el indescriptible Drake. Este tipo de acciones evidenciaban la oposición al mestizaje con los considerados “subhumanos”. Seguramente, hubo acciones colonizadoras por parte de España que no eran amables, como la esclavitud en Potosí, la explotación en las encomiendas, el asesinato de Atahualpa por Pizarro o los efectos colaterales de las enfermedades transmisibles; pero contábamos con leyes moderadoras que regían el proceso de colonización y conquista.

Los españoles se propagaron por toda Centroamérica y América del sur. Ahí existían muchas civilizaciones desarrolladas y tribus nómadas. Es evidente que una guerra contra estas civilizaciones hubiese supuesto la aniquilación de las fuerzas coloniales que iban desembarcando en el continente tras hacer un viaje transatlántico. De ahí, que la estrategia fuera otra bien distinta, ya que establecieron relaciones comerciales con ellos, articularon sus asentamientos cerca o incluso dentro de las ciudades nativas, organizaron alianzas para luchar contra otros pueblos de allí. Por el contrario, los ingleses se expandieron por el norte (EE. UU. y Canadá), donde hallaron tribus, la mayoría nómadas, con un nivel de desarrollo muy bajo en comparación con el sur. Estos colonos sí que aniquilaban y expulsaban a las poblaciones que iban localizando para situar ellos sus asentamientos.

Cuando los españoles comenzaron a evangelizar estas tierras desde el siglo XVI llegaron a considerar la colonización de América como una extensión de la propia reconquista española. Por otra parte, los ingleses llegaron a América a partir del siglo XVII, unos 200 años después que los españoles. Y, por tanto, para ellos era mucho más importante su estructura de sociedad capitalista, que la idea de evangelización. Ya habían pasado por una reforma social, política y religiosa, que provocaron un trato a la población nativa más frívolo, pues como decía Lummis: “Casi un siglo antes de que los Padres Peregrinos estableciesen su […] comunidad en la costa de Massachussets; setenta y cinco años antes de establecerse el primer poblado inglés en el Nuevo Mundo, y más de una generación antes de que hubiese un colono de raza caucásica de cualquier nación dentro del área que hoy ocupa los Estados Unidos, Cabeza de Vaca y sus desarrapados acompañantes atravesaron penosamente este país desconocido”.

Es evidente que el contexto histórico era otro, y las pretensiones de raíces medievales hacían de la evangelización a través de la enseñanza de la religión católica un propósito totalmente inseparable en su objetivo. De hecho, los españoles consideraron a los nativos como personas poseedoras de alma, y, por tanto, se podían adoctrinar. Por el contrario, el objetivo de la conquista inglesa era estrictamente comercial, únicamente buscaban obtener el máximo beneficio posible creando rutas comerciales y explotando la tierra. Además, pensaban que los nativos debían ser exterminados para dejar paso a los ingleses, pues como dice Lummis: “Nos hemos acostumbrado a considerar a los españoles como los únicos que iban en busca del oro […] Los españoles hallaron oro, lo que es un pecado grave para ciertos ‘historiadores’, incapaces de considerar lo que hubieran hecho los ingleses si hubiesen hallado oro en América desde el principio […]. Por tanto, desconocemos si los ingleses hubieran reaccionado igual o no que los colonos españoles, que basaron su economía en el sector minero, y posteriormente en el sector agrícola y ganadero. Es cierto que los nativos eran considerados como “mano de obra barata”, sin embargo, eran personas libres. Por el contrario, la economía de los colonos ingleses se basaba en la agricultura y ganadería, y, por tanto, adoptaron la mano de obra esclava para explotar los campos. Pero, finalmente al escasear por haber sido casi exterminada, fue necesario traer esclavos de procedencia africana para mantener la economía, y de esta manera se inició el conocido “Comercio Triangular”.

Por último, en esta mirada comparativa de los dos países colonizadores observamos que, entre la evangelización, el comercio y la integración, se produjo un mestizaje entre pobladores y colonos, y una fusión entre sus costumbres. De ahí, que en América del sur puede verse como existe un fuerte vínculo cultural entre la actual y las culturas precoloniales. Sin embargo, los ingleses excluyeron a los nativos de su sociedad. Estos nativos tuvieron que desplazarse constantemente mientras las colonias crecían, y recluyéndolos en reservas para que no molestaran al desarrollo, mermando su número hasta casi su desaparición. En la sociedad norteamericana y canadiense actual no existe ningún tipo de vínculo con las culturas precoloniales.

La obra de Lummis es un exponente brillante, que hay que rescatar del olvido. Su valentía a la hora de escribir e investigar en una época espinosa y de un tema nada popular en el ‘mundo anglosajón’ debe ser recordado como una muestra de los antecedentes para la reconstrucción de la democracia.

 

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