viernes,1 julio 2022
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Manuel Gala se despide de su cargo con cuatro candidatos para sustituírle

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Después de casi 19 años como máxima autoridad del campus de Alcalá, Manuel Gala se despide del rectorado. Cuatro candidatos compiten hoy en las urnas para sustituirle.

Después de casi 19 años y cinco legislaturas, Manuel Gala agota hoy su largo periplo en el Rectorado de la Universidad de Alcalá (UA). Lo hace con el honor de haberse convertido en el rector más longevo de la universidad española. Angel para algunos y diablo para otros muchos, este alcalaíno de Guinea llegó en 1984 con el proyecto de «hacer de esta universidad una memoria de la historia y al mismo tiempo moderna, con una afirmación social en el Corredor del Henares y Guadalajara».

Casi dos décadas después, la cervantina es una universidad consolidada, con tres campus diferentes en los que se imparte medio centenar de titulaciones y con un conjunto histórico y arquitectónico que fue declarado por la UNESCO, en 1998, Patrimonio de la Humanidad.Según él, este último hecho ha sido uno de los más gratos de su trayectoria junto con la recuperación del colegio de San Ildefonso, la recepción de los cuarteles anejos a la Cisneriana y la inauguración de la Escuela Politécnica.

Después de soportar varios meses de tensión política generada por la coincidencia del final de su mandato y el comienzo de la era LOU, Gala ha podido observar desde la distancia los cuatro largos meses de campaña electoral. Asegura no tener «más candidato que el del voto particular» y ha negado hasta la saciedad su vinculación con Virgilio Zapatero. Para éste y para los otros tres candidatos, tres consejos de un experto timonel universitario: «Que no renuncien a la ambición, porque queda mucho terreno por recorrer para ser competitivos internacionalmente; que sean personas abiertas tanto en lo personal como en lo formal; y que no se centren en su persona sino en la universidad».

Reconoce que les deja un marrón en forma de LOU, una ley que ha criticado «porque no ha obedecido al consenso y porque va a absorber demasiadas energías para algo que seguramente no transforma como debería la universidad». A su juicio, los grandes retos que se va a encontrar su sustituto son «la estructuración del profesorado y la elaboración de unos estatutos que valgan la pena». Por el contrario, sobre la acreditación de la calidad, «un campo movedizo en el que puede haber más daño que bien», va a exigir «una definición de criterios sobre cómo evaluar a los desiguales de manera igual».

Jornada electoral Hoy mismo, las urnas decidirán quién toma el relevo de Gala, que no ha vuelto a ejercer la docencia durante su largo mandato y que, a partir de ahora, se entregará «a las actividades socioculturales universitarias». Amante del jazz, la música clásica y la cultura africana -campo en el que se reconoce un experto «por vocación y dedicación»- espera dedicar más tiempo «a aficiones como la escritura, la lectura o la fotografía». Todas ellas son más o menos conocidas, pero no tanto su afición por el fútbol -«un placer maravilloso»- y su interés por el Real Madrid.

 

Preguntado por sus libros predilectos, no duda en responder: «Habría que irse a la Ilíada o incluso a la Biblia en el aspecto literario». Hablando de libros, que nadie espere el suyo por el momento, aunque podría planteárselo a medio plazo.

A sus 64 años, este catedrático de Teoría Económica ha mantenido una intensa relación con el mundo de las letras y ha representado a la Universidad de Alcalá en 20 entregas del Premio Cervantes.«El gran creador no es siempre una persona atractiva en la relación personal porque puede ser una persona vanidosa», confiesa. De entre los que le han resultado más gratos recuerda a María Zambrano, Miguel Delibes o Bioy Casares.

Con un pie ya fuera del rectorado, Gala ve tras de sí «una dedicación muy intensa a la universidad y una preocupación no siempre sana por los demás», pero no se arrepiente más que «de no haber tomado más decisiones importantes». Tampoco comparte la opinión de muchos de sus enemigos de que tendría que haberse retirado tras las primeras legislaturas e insiste en recordarles «que su enemistad no es correspondida». En el discurso del político y el académico curtido en mil batallas, apenas hay una concesión a la poesía y a la nostalgia. «Sólo echaré de menos cruzar el patio de Santo Tomás en el mes de agosto, cuando ya no queda nadie».

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