lunes,29 noviembre 2021
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Para las multinacionales no hay fronteras

El Envés
Muchas grandes compañías alemanas, suizas, holandesas y del resto de Europa tienen sus centros de contabilidad, estadística, cálculo y otros servicios con soporte informático en países del Sudeste asiático.En España una gran entidad financiera tiene desplazado su centro de contabilidad, estadística, cálculo y control informático, en un monasterio religioso de clausura. Para las finanzas no hay frontera.Ya estamos habituados a que, cuando llamamos a muchas Compañías, departamentos económicos etc

Si usted telefonea en España para averiguar un número de teléfono en nuestro país, le responderá una voz con ligero acento andaluz. Pero pertenece a hombres y mujeres marroquíes que operan en las oficinas que la Compañía Telefónica Española tiene en ese país. Como muchas personas del norte de Marruecos hablan español La adaptación ha sido fácil. Los sueldos, así como las prestaciones sociales, evidentemente no son las que los empleados españoles de la misma compañía perciben en España.

Todo es correcto: el servicio es legal y los empleados están contentos por disfrutar de un empleo y de un sueldo, así como de una formación y de unos contactos profesionales que les convienen. La alternativa es el paro, el abuso o la emigración forzosa.

Muchas grandes compañías alemanas, suizas, holandesas y del resto de Europa tienen sus centros de contabilidad, estadística, cálculo y otros servicios con soporte informático en países del Sudeste asiático. Es conocida la capacidad de jóvenes hindúes, pakistaníes, de Singapur y de otros países asiáticos para las matemáticas, las ciencias y la informática. Como el inglés ya es cada día más la lengua común de los negocios, con las tecnologías actuales, es lo mismo que esos departamentos estén localizados en el propio país o a millares de kilómetros. Resultan más económicos para las empresas e interesantes para quienes perciben una remuneración y una formación permanente.

En España, y en algún otro país, una gran entidad financiera tiene desplazado su centro de contabilidad, estadística, cálculo y control informático, en algún monasterio religioso de clausura. Sobre todo, la gestión y control de las tarjetas de crédito pasa por las manos de silenciosas monjitas contemplativas que antes manejaban la aguja y el dedal o confeccionaban primorosas mantelerías. La discreción está asegurada, pero también la productividad laboral pues no es imaginable una huelga en el monasterio, ni sindicatos ni paros ni protesta alguna. Los emolumentos se fijan en el ámbito de la Casa General, cuando no en las dependencias del Vaticano. No queremos decir que intervenga la Santa Sede como tal, pero parece ser que algunos monseñores han montado una red a través de un curioso sistema, como el Óbolo de San Pedro y otras transacciones, que llevan décadas saltándose muchas legislaciones sobre impuestos, transferencias y supuestas donaciones, una auténtica mina en los cada vez más despoblados monasterios y conventos de clausura. Y a través de piadosas asociaciones intermediarias.

España tiene la población más envejecida del planeta con la natalidad más baja de la UE y que, en no muchos años, serán más los habitantes mayores de 65 años que los menores de 20. Es fácil imaginar el panorama del mercado laboral, de la Seguridad Social y de las pensiones. Si los inmigrantes no lo remedian con su fecundidad y progresiva integración en el sistema laboral y social, de cada cinco personas trabajarán una y media para sostener a otras casi cuatro ancianas, enfermas o en paro. El panorama es similar en toda Europa.

En Europa necesitamos unos cinco millones de inmigrantes anuales para mantener nuestra calidad de vida. La aportación de los inmigrantes es muy notable durante los primeros años de su instalación en nuestros países, pero no así en la actitud de sus hijos ya integrados en nuestras sociedades. También en este modelo de desarrollo que fomenta el despilfarro y la ansiedad, junto a una miopía monumental en cuanto al futuro, los hijos de inmigrantes también tienen familias reducidas. Para engancharse al consumismo desbocado.

Nadie debería olvidar que el nivel de vida europeo se apoya en una gran parte en las esenciales materias primas que necesita traer de los países empobrecidos del Sur. Muchas de ellas, como los productos energéticos, base de todo el andamiaje, en más de un 60%. No es preciso ser un lince para sacar conclusiones por extrapolación. En gran medida, estamos en manos de otros países, de sus recursos humanos y materiales… pero que no respetan los derechos humanos y sociales fundamentales en sus ordenamientos sobre sanidad, educación, igualdad entre hombres y mujeres, atención a ancianos y a personas dependientes.

De donde se deduce la necesidad de que los responsables políticos se sienten para organizar la incorporación de inmigrantes, temporales o permanentes, en las mejores condiciones para todos: laborales, económicas y sociales. Lo que no hagamos en justicia nos será impuesto por las mafias y, lo que es peor, por la desesperación caótica de cientos de miles de seres que ya no soportan más injusticias, explotaciones e imposiciones de producción y de desarrollo. Las ven cada día reflejadas en los medios de comunicación a los que cada vez tienen más acceso por medios electrónicos. Como las monjitas de clausura recicladas, los jóvenes telefonistas de Marruecos y Latinoamérica o los informáticos de Asia.

José Carlos Gª Fajardo. Prof. Emérito Universidad Complutense de Madrid

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