lunes,18 octubre 2021
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Reflexiones de un senior malherido

El Envés
Levantarse de nuevo y plantar cara a la vida viviendo cada día como lo que es: único
 
Amigos, ayer, tuve una experiencia muy dura: Estábamos cenando mi mujer y yo, y algún hilo de las alcachofas se fue por la laringe. Me ahogaba. Me puse en pie sin poder respirar y pidiendo ayuda a todo el Empíreo, y no llegué al dios de Akenatón porque tiene cuatro sílabas. Sobre todo, gritaba ¡Dios mío! y ¡Jesús, ayúdame!, “lo que en la cuna se mama en la mortaja se derrama”.

Valle se puso en pie y me dio todos los golpes en la espalda inclinada, que quizás tenía merecidos, pero también necesarios para el caso. Bebía agua para des atragantarme y superar la angustia de no poder respirar. Fue horrible. Y aunque ya me lo habían advertido por tener sólo una cuerda vocal, mi mujer me lo “recordaba” ¡oh bendita estrategia y oportunidad femenina! Lo siento, pero mi madre hacía lo mismo, mientras sacudía: “¡y es que tienes que tener más cuidado, comer más despacio y los trozos más pequeños!” ¿Se lo imaginan? Yo ahogándome, no sé por qué tenía la impresión de que mi cabeza iba a tocar el techo, y me ahogaba con lágrimas en los ojos y gritos de ¡me ahogo!, ¡me ahogo!; como si no fuera evidente. Harta de aporrearme la espalda, (ahora me pregunto cómo podía tener la sensación de tocar el techo si estaba apoyado con los codos en las rodillas, mientras ella aporreaba sin duelo), logré enderezarme y echar para donde fuera aquel j… hilo de alcachofa, de pan o de lo que fuera.

Me senté exhausto y muy conmovido… mientras mi imaginación o lo que fuera, me ponía delante todos los planes que tenía para ayudar con buenos libros a las bibliotecas de los más de 50 módulos de respeto que existen en las cárceles de España, aprovechando nuestra experiencia en Solidarios para el Desarrollo, del envío durante más de una década de bibliotecas de 3.000 o de 6.000 libros muy seleccionados a Escuelas de Magisterio de casi todos los países de Sudamérica, excepto Brasil y Haití, que yo recuerde. Fueron seleccionados unos 900.000 libros en muy buen estado de entre cientos de miles que hubo que desechar por inapropiados. Se pueden imaginar el trabajo impresionante de personas mayores voluntarias, en turnos de mañana y de tarde, en la sede de la ONG en Aluche, unas instalaciones de dos plantas, prestadas por la Fundación de Caja Madrid, creo recordar. Los mayores voluntarios, eran personas con formación sobrada para ajustarse a los límites señalados: literatura universal en novelas, poesía, teatro, historia, psicología, geografía, arte, enciclopedias, diccionarios, libros de viajes, etc., humanidades en general pero no libros de texto utilizados en nuestro país, para no interferir en sus planes de estudios propios. 

Los turnos de voluntarios comenzaban a las 10 de la mañana y los de tarde hacia las 4; había música ambiente que ellos podían seleccionar y café, leche, cacao e infusiones siempre calientes con ricas galletas (que mangábamos de las que nos daban en el Banco de alimentos para los voluntarios que salían de nueve de la noche hasta las 12, para atender y conversar con personas sin hogar. Todavía lo siguen haciendo en Madrid, Sevilla, Granada, Coruña, Barcelona, Murcia etc. Fue una labor impresionante, silenciosa y eficaz, como se pueden imaginar y a mí me llena de ternura.

Luego, por motivos económicos para el embalaje y el transporte, hubo que suspenderla, con gran pesar por mi parte que aquí, en algún lugar del cerebro, siguió rosmando (como decimos en nuestra hermosa lengua gallega, pero que no por eso se nos ocurre ”independizarnos” ¿de qué, si nos sabemos ciudadanos del mundo, cuánto mas ciudadanos con pasaporte de la UE y radicalmente ciudadanos de España sin exclusión alguna).

Pero regresemos a la “experiencia” de ayer. Claro, no pude menos que descansar un poco en el salón y luego retirarme un buen rato a “hacer silencio” porque sabía que no podría dormir.

¿Sabéis qué he decidido, después de ponderar, (hermosa palabra) y con prudencia, (la virtud de los fuertes; según etimología y evolución semántica, ¿la que sostiene los techos)? Algún día hablaremos de ella. Por eso, desde hace años, en dondequiera que sea mi espacio de estudio, desde hace un par de años aquí en casa, cuelga una hermosa reproducción de un dibujo atribuido a Bernini, de 70×40 cm: es un hombre mayor, fuerte, con barba tupida, desnudo y apoyado en un vasto cayado y sobre una pierna, mientras que con el brazo derecho alzado… ¡sostiene un techo abovedado! Con firmeza. Pediré que alguien haga una foto y la compartimos. 

Pues bien, sentado allí, sobre la banqueta que suelo utilizar, con una gruesa vela de cera encendida y respirando como es debido, tomé la decisión de vivir hasta los 90 años, y luego, dedicar el tiempo que reste a serenarme, respirar bien, saborear y agradecer cuánto de bueno he recibido en esta vida… incalculable pero que no se ha “perdido”, con el tiempo, que no existe sino que lo vamos haciendo, se tiene presente, no en orden cronológico ni espacial, sino en una especie de bóveda bizantina de pequeños mosaicos de colores.

Así que, una vez más, volví a colocar en un corcho detrás de la puerta un flexible pero firme (no hay contradicción) plan de vida, a grandes trazos: levantarme, despejarme haciendo algunos asanas sobre una alfombra, adaptados a mi edad, claro, me siento a meditar un rato y luego desayuno, me ducho y visto, y doy de comer a mi mascota y a una cantidad de pájaros que desde años vienen a comer la pitanza que les cuelgo de una rama de árbol que llega hasta el tercer piso.

Luego echo un vistazo al correo email, a los titulares de prensa y me pongo a contestar corres. Antes de comer salgo a dar un largo paseo por los alrededores o por un jardín próximo porque necesitamos andar a buen ritmo al menos una hora al día, comemos, descanso un rato viendo/durmiendo algo en Moviestar y al tajo a escribir, luego algo de silencio y cada vez que lo consigo un gintonazo o una birra y así… conversando (cum-versare, menuda etimología) …

Os dejo por hoy, amigos, pero tenemos ante nosotros una buena arada… dotar y mejorar 50 bibliotecas para que personas que lo pasan mal (chis, suspende el juicio y lo que ibas a decir) yo les digo que no estoy allí dentro porque todavía no me han pillado y se parten de risa. Además, y siempre ¿acaso no hemos oído nunca “estuve en la cárcel y me acompañaste, tuve hambre y me diste de comer, enfermo y me visitaste, desnudo y me vestiste etc. etc.) Y ¿qué es la solidaridad sino hacer propias las desgracias ajenas?

Un fuerte abrazo, ah y cuento con vosotros porque nosotros… seguimos

José Carlos García Fajardo

Profesor Emérito U.C.M.

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