domingo,24 octubre 2021
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Renunciar a la estrategia en tiempos de incertidumbre

Futurolandia
¿Sigue viva la estrategia en la gestión empresarial, pública o personal? La dirección estratégica se entendía, tradicionalmente, en la gestión de empresas (o instituciones en general) como una actuación guiada por la consecución de unos objetivos a largo plazo. No es necesario que exista un único plan fijo e inmutable ante un futuro que se considera predecible; puede corregirse la estrategia ante los posibles cambios de entorno y las desviaciones observadas.

¿Pero es posible  plantear y mantener un estrategia a largo plazo en un mundo en cambio permanente y profundo?

Las dificultades de vislumbrar un futuro de referencia con entornos condicionantes fuertemente cambiantes y, en especial, con innovaciones tecnológicas disruptivas, parecen exigir nuevas formas de dirección e incluso plantean el papel de la estrategia como guía de actuación.

Hace ya ocho años que un especialista en gestión empresarial en la nueva economía digital, Xavier Ferrás, que me parece una referencia a seguir, publicó su libro Innovación 6.0: El fin de la estrategia (Plataforma Editorial, 2010), en que da respuestas a una pregunta que admite un amplio debate: ¿la innovación sustituye a la estrategia como  principal guía de actuación?

Parte de las diferentes oleadas por las que ha pasado la innovación, desde la clásica 1.0 de los departamentos internos de I+D, a los progresivos entornos y sistemas globales innovadores, con un final 5.0 de innovación abierta y un 6.0 de cultura innovadora generalizada y territorios convertidos en sistemas claves de innovación.

En los últimos años he leído muchos de los interesantes, sensatos y provocadores post de Xavier Ferrás en su blog Innovación 6.0.  A finales de 2011 insistía (http://xavierferras.blogspot.com/2011/12/el-fin-de-la-estrategia.html, 21/12/11) en que: "La innovación es un mecanismo de diferenciación estratégica. Y, en un mundo hipercompetitivo como el del siglo XXI, donde se acortan dramáticamente los ciclos de vida de producto y servicio (y los de la propia estrategia), con turbulencias financieras, globalización acelerada y cambio tecnológico disruptivo, conseguir diferenciarnos no es suficiente. La estrategia no es un plan a largo plazo, porque el largo plazo no existe. Deberemos diferenciarnos de forma permanente, sistemática. Ergo, deberemos innovar sistemáticamente. La única opción estratégica del siglo XXI es la innovación sistemática. Innovar más, más rápido y mejor que los competidores."

Para un convencido, como yo, del papel estratégico de la innovación, compartir este planteamiento es inmediato, aunque no me lleva a renunciar a otras claves como los enfoques estratégicos de futuro. No creo en un fin de la estrategia, aunque sí en una readaptación radical de algunos ingenuos  planteamientos tradicionales.

Hace pocos meses en un nuevo post de Ferrás (http://xavierferras.blogspot.com/2018/08/la-estrategia-sigue-la-estructura.html, 20/8/18) insiste en un matiz que comparto, de que la estrategia está condicionada por la tecnología como elemento estructural relevante. "La tecnología habilita, cuando no define, la estrategia. Afirmar esto en voz alta puede parecer una herejíapara los ortodoxos del management, pero estoy convencido que es así, y cada vez será más así. De hecho, en el mundo del emprendimiento, la definición de la estrategia a partir de elementos estructurales ya es un hábito convencional. Lo han bautizado como “pivotar”, y es una de las palabras de moda en los ecosistemas emprendedores. Los equipos emprendedores “pivotan” de forma dinámica, redefinen su espacio estratégico, cuando la realidad contradice sus previsiones de crecimiento y se ven forzados a cambiar su modelo de negocio."

Comparto la creencia en el papel estratégico de la innovación en general y de las nuevas tecnologias digitales en particular. También la necesidad de revisar permanentemente objetivos en un futuro incierto y cambiante y parece evidente que las estructuras previas (en especial las tecnológicas) condicionan e incluso marcan las estrategias factibles de futuro.

Sin embargo, al menos para mí, dificultades y restricciones a la hora de establecer una dirección estratégica no equivale a su renuncia, sino a su adaptación radical. Más que  el fin de la estrategia es el inicio de una etapa de readaptación de los planteamientos estratégicos más tradicionales.

Hoy día resulta inservible una planificación estratégica entendida como un proyecto fijo de futuro a conservar, con pequeños retoques, como una "biblia" de actuación a medio y largo plazo. La gestión actual exige una estrategia capaz de adaptarse y renovarse constantemente  en un mundo rápida y profundamente cambiante.

Pero no se trata de llegar al extremo de sustituir una  dirección estratégica flexible con visión de futuro, por una vacilante dirección al nanosegundo. Como decía hace unos meses en mi post https://www.antoniopulido.es/estrategia-gestion-empresarial-al-nanosegundo/:

En un entorno predominante cortoplacista  en la gestión económica pública y privada, creo necesario recordar la necesidad de planteamientos estratégicos. Las piernas pueden ejercitarse para recorrer  espacios de gestión al nanosegundo; pero la cabeza de las organizaciones deben reflexionar, con calma, en términos de futuro.

Insisto en que pensar solo a corto plazo, es la forma más probable de equivocar diagnósticos y estrategias. No valorar los impactos sobre la economía de los cambios sociales o tecnológicos es de una ceguera inadmisible en un mundo en profunda transformación.

Se esfuma la hipotética seguridad de un futuro conocido, proyectado a partir de tendencias y comportamientos de pasado, para dar paso a un futuro incierto, pleno de riesgos, en que tenemos que tomar decisiones y corregir posiciones según cambian las circunstancias. Siempre ha sido así, pero ahora es más evidente ante los rápidos y profundos cambios de un mundo en transformación tecnológica, económica y socio-política.

Como decía Simón González la Riva (@OrcishOzu) en su post https://www.sintetia.com/estrategia-y-complejidad-en-la-gestion-abrazando-la-incertidumbre/: "La estrategia es un mapa esquemático de dónde (pensamos que) estamos y a dónde queremos ir. No es un mapa estático; muy al contrario está en continua revisión. Sólo tenemos relativa certeza del tramo que ya hemos recorrido, el resto es un trecho por recorrer, es un futuro por crear. Tan absurda resulta  una planificación predictiva, surgida de una clarividencia o adivinatoria, como una no-planificación reactiva, carrera hacia ninguna parte en la que en vez de crear el futuro dejamos que nos arrolle."

Antonio Pulido http://www.twitter.com/@PsrA

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