viernes,15 octubre 2021
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4.0

¿Te orientas en el laberinto de las nuevas tecnologías?

Futurolandia
Se está configurando una nueva sociedad, un nuevo orden internacional, nuevos productos, empresas, trabajos y nuevos ganadores y perdedores de mundo tecnológico 4.0. Nos perdemos en el laberinto de los impactos cruzados de una revolución tecnológica profunda, rupturista y global. Demasiados hilos sueltos en el ovillo del cambio. Como Ariadna en el mito del Minotauro en Creta, necesitamos encontrar pistas para salir del laberinto.

Creo que lo primero, para no perdernos, es superar el enfrentamiento social (en aumento) entre partidarios y detractores del cambio 4.0, entendido en su sentido más amplio de revolución tecnológica, social y política a escala global, provocada por un cambio hacia lo digital y lo intangible en los más variados campos. Es inevitable  diferir en las sendas a seguir, en la rapidez del caminar, en los cortafuegos a diseñar y en los refugios a establecer para los rezagados y damnificados. Pero no pongamos en cuestión  un cambio globalmente beneficioso e inevitable.

A finales de 2015 defendía esta posición y creo que puede ser útil recordar aquellas reflexiones: Luditas y que inventen ellos: ¿aún existen?

En tiempos de la Primera Revolución Industrial hubo una fuerte oposición al cambio protagonizada por los  que se consideraban perdedores: pequeños empresarios sin capacidad financiera para adquirir la nueva maquinaria y obreros preocupados por la pérdida o empeoramiento de su puesto de trabajo. A estos se terminó aplicando el calificativo de "luditas", al parecer por el nombre, Ned Ludd, de uno de los líderes de la fuerte revuelta que se produjo hacia 1811 en Nottingham, Inglaterra, contra las innovaciones tecnológicas y organizativas.

Ya entrada la Segunda Revolución Industrial, en muchos países y con mayor o menor fuerza, continuaban los opositores a la innovación tecnológica, incluso mezclados con los que dudan sobre la prioridad de invertir en una investigación que la estimulase. Muchos recordaremos aquella terrible frase: ¡Que inventen ellos! atribuida, sin más matices, a Miguel de Unamuno. La realidad era que correspondía más a una estrategia (sin duda equivocada) que a una oposición frontal a la investigación. Él escribía, en un ensayo publicado en 1906:  "Inventen , pues, ellos y nosotros nos aprovechamos de sus invenciones. Pues confío y espero que estarás convencido, como yo lo estoy, de que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como allá donde se inventó".

Las nuevas revoluciones tecnológicas siguen despertando sentimientos luditas y recelos acerca de la prioridad de innovar. ¿No están destruyendo empleo y deteriorando la calidad de muchos de los puestos de trabajo las nuevas revoluciones tecnológicas TIC o la robótica? ¿Es prioritario invertir en investigación, sobre todo en tiempos de austeridad, sobre otras opciones de bienestar social o de efectos más inmediatos?

Por muy partidario que uno sea de la innovación, como es mi caso, considero que hay que reconocer la existencia de impactos negativos relevantes sobre el empleo y la igualdad de oportunidades, que es preciso valorar y tratar de contrarrestar. Eso sí, la innovación, en general, es imprescindible para mejorar el nivel de vida futuro y, además, es imparable a escala mundial.

Aclarar algunas ideas es fundamental para hacer cualquier diagnóstico sensato sobre el papel de la innovación. Para algunos, la innovación queda referida a nuevas tecnologías en procesos industriales, particularmente por la incorporación de nuevos equipos más"productivos" (ahorradores de trabajo) en empresas de manufacturas (vehículos, textil, electrodomésticos,…). Siendo una componente importante, la innovación tiene (tenía hace ya cuatro años, cuando escribí este texto) un ámbito mucho más extenso, que afecta a todo tipo de productos y organizaciones, públicas y privadas.

Sin innovación (propia o importada) se paraliza la aparición de nuevos productos en variedad y mejoras de calidad. Pero no pensemos solamente en productos físicos (juguetes, ordenadores, medicamentos,…), sino también en todo tipo de servicios (ventas on-line, nuevos productos financieros o mejoras en el aprendizaje de idiomas, por poner sólo unos ejemplos).

Un paso más y debemos incorporar los importantes efectos de la innovación en las mejoras organizativas de empresas, instituciones sociales o sector público, en particular de la mano de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. Un camino que empezó con el impacto de nuevos equipos en la industria manufacturera, se ha ampliado a todo tipo de bienes y servicios empresariales o públicos ; de mercado o de no-mercado.

Y terminaba con estas palabras, que creo que aún son más necesarias cuatro años después:La innovación es económica y socialmente deseable, pero sus posibles efectos negativos (en particular en desigualdad y pérdida de oportunidades) hay que valorarlos, vigilarlos y compensarlos en lo posible, en linea de un desarrollo inclusivo. Sin innovación no hay mejoras de productividad y competitividad que hagan posible y mantenible el crecimiento económico; pero tampoco un país con las mejoras sociales que todos deseamos. Inventar e innovar es imprescindible.

Una vez aceptado que no podemos renunciar al laberinto 4.0, creo que la segunda exigencia es reconocer que se trata de una revolución tecnológica en su inicio, pero con ramificaciones, múltiples e interconectadas, en los terrenos sociales, políticos, económicos, medio ambientales o de gobernanza mundial. Este enfoque global, interdisciplinar e interdependienteparece inevitable para no perder de vista el hilo de Ariadna.

En un conocido libro de hace ya casi cuarenta años, pero que conserva la actualidad del mensaje (Alvin Toffler, La Tercera Ola, Plaza&Janes 1980), se insiste en que los cambios de la era de la información, electrónica, científico-tecnológica que se avecina, "no son independientes entre sí, ni son fruto del azar… sino partes de un fenómeno mucho más amplio: la muerte del industrialismo y el nacimiento de una nueva civilización. Si los consideramos como cambios aislados y dejamos que se nos escape su más amplio significado, nos es imposible planear una respuesta coherente y eficaz a los mismos".

Y añade Toffler unas frases que nos debieran hoy, en pleno laberinto 4.0,  hacer reflexionar:

Al carecer de un sistema para comprender el choque de fuerzas que se produce, somos como los tripulantes de un barco atrapado en una tempestad y tratando de navegar sin brújula ni mapa entre peligrosos arrecifes.En una cultura de especialísmos beligerantes, ahogada bajo fragmentados datos y sutiles análisis, la síntesis no es solamente útil, es crucial. 

El mundo que está rápidamente emergiendo (recuérdese que está escrito hace 40 años) del choque de nuevos valores y tecnologías, nuevas relaciones geopolíticas, nuevos estilos de vida y modos de comunicación, exige ideas y analogías, clasificaciones y conceptos completamente nuevos. No podemos encerrar el mundo embrionario del mañana en los cubículos convencionales del ayer.

Me parece muy oportuno su consejo de pensar en términos de olas de cambio que  entrechocan y se arremolinan provocando conflicto y tensión a nuestro alrededor. Dedicaré algunos próximos post a los componentes que me parecen claves y a sus interrelaciones. Ahora sólo enunciar provisionalmente los cinco grandes cambios (en mi opinión), inducidos parcialmente por las nuevas tecnologías, que interactúan entre sí y se retroalimentan paso a paso:

  1. Transformación social
  2. Globalización 4.0
  3. Gestión empresarial/institucional
  4. Nueva economía
  5. Cambios empleo/formación

Antonio Pulido http://www.twitter.com/@PsrA

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