lunes,23 mayo 2022
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El día de la mujer y la niña en la ciencia y la entrevista de Unidigna con el Ministro de Universidades

Mujer, ciencia y Ministro. En torno a una conmemoración y un encuentro

Director Instituto Emergente de Investigación en Formación de Profesionales de la Educación (IFE.uma), Universidad de Málaga
El pasado día 11 se conmemoró el día de la mujer y la niña en la ciencia, para el fomento de las vocaciones científicas entre estas. Al mismo tiempo, un día antes Unidigna tuvo un encuentro con el ministro de universidades. Planteo que no es posible generar interés por la ciencia en las mujeres si al mismo tiempo no se están creando las condiciones para que pueden tener un acceso justo y democrático a la carrera docente e investigadora. Lo cual supone un sistema de ciencia diferente.
Planteando la situación

Puede resultar complejo abordar dos cuestiones que en principio pueden parecer diferentes. En este caso, hablo de la celebración del día de la mujer y la niña en la ciencia, el día 11 de febrero, y la reunión mantenida por representantes de Unidigna con el ministro de universidades, el día 10. Unidas por el tiempo, pero también por el interés en transformaciones relevantes en la sociedad. En un caso por apostar por una ciencia más inclusiva, y en el otro por construir una universidad más humana, que sirva a todas y todos, desde una mirada crítica, democrática y comprometida.

Los datos son abrumadores. Según el CSIC, un escaso 25 % de los puestos de relevancia en investigación están ocupados por mujeres. En cambio, son algo más de la mitad las que ingresan en la universidad. Sin duda algo falla que no se puede explicar por cuestiones de capacidad y mérito. Habría que hablar claramente de exclusión, una de cuyas fuentes más relevantes es el sistema de incorporación a la carrera universitaria. Lo cual nos lleva a la reunión ministro – Unidigna, con especial interés en los procesos de evaluación y acreditación de la carrera docente.

Trabajar en ciencia en este país.

El actual sistema de acreditación, fiel seguidor de la ideología neoliberal de mercado, se nos vendió como la posibilidad de terminar con la tan (mal)traída endogamia: si se establecen unos criterios rigurosos y objetivos para valorar el desempeño docente e investigador, solo los y las mejores, tendrán acceso a la carrera docente universitaria. En definitiva, se vende el falaz principio del liberalismo del la Igualdad de Oportunidades: a iguales condiciones, el éxito depende de las capacidades individuales de cada sujeto. El problema viene cuando estos criterios se establecen desde directrices privadas de mercado editorial, suponen un despilfarro del erario público, no responden a criterios académicos científicos, carecen de procedimientos democráticos, y además, desprecian las condiciones de producción de conocimiento de quiénes tienes que pasar por este aro.

Desde mi punto de vista, una buena parte del problema radica en esta cuestión: las condiciones en las que se inician las carreras universitarias y científicas no son equiparables para todas y todos. Y, además, el actual sistema de financiaciónde la investigación es claramente deficiente. Alego un par de razones. Por un lado, según los datos del Banco Mundial, hasta 2019, el gasto en investigación en España fue del 1,24. En Europa en el mismo periodo fue de 2.19 y en la zona euro de 2.22. No hace falta hacer muchos comentarios.

Por otro lado, el acceso a esta financiación presenta grandes dificultades para los y las jóvenes investigadores e investigadoras, y el control por parte de los lobbies académicos en los procesos de evaluación es muy evidente. Frente al mérito y capacidad, que nombraba antes, ahora nos falta la publicidad. Esto es, condiciones democráticas para el acceso a la financiación de la investigación. En este sentido, afirmo que más controles burocráticos no garantiza más transparencia, sino que elimina posibles candidatos y, sobre todo, candidatas. Por la desigual configuración actual de las responsabilidades sociales, en virtud del género, las mujeres (y los colectivos con menos recursos económicos) son las que menos disponibilidad tienen para afrontar los complejos procesos burocráticos vigentes. En síntesis, nos encontramos con poca y mala financiación y con un sistema excluyente por la complejidad que representa.

A favor de los mismos?

Si el acceso a la carrera docente depende de méritos elaborados en estas circunstancias, es fácil deducir el sesgo de género. El cual no solo se corrige con un cambio del modelo de evaluación, sino fundamentalmente con un cambio del modelo de profesión y de ciencia. Así como de las condiciones sociales, económicas, culturales y políticas que le acompañan. En este sentido, la valoración de unidigna de la reunión con el ministro no parece que nos ofrezca elementos para la esperanza. Solo una aparentemente buena disposición y una declaración sobre la dificultad de cambiar un modelo, que además, parece ser que es económico. En esta valoración no se tiene en cuenta lo que cuesta alcanzar el impacto, requerido para los méritos, pagando un dinero público a corporaciones privadas.

En términos de mujer y ciencia, la mirada que debemos adoptar debe ser necesariamente más amplia y compleja. En los últimos tiempos se han implementado, no sin polémica, algunas medidas de discriminación positiva. Yo las apoyo, pero me parecen insuficientes. Pueden servir de tapadera para ocultar esta exclusión estructural a la que estoy haciendo referencia. Además, sirve para lavar una imagen pública de nuestros gestores. El reparto de la miseria no nos libra de ella, sino que la legitima.

Lograr un acceso real de la mujer a la ciencia significa, en primer lugar, que haya ciencia. Esto es, más allá de algunos hitos relevantes que nos permiten sacar pecho, la mayoría de la investigación se hace con escasos recursos y fuertemente fiscalizados. Entra cierto complejo de pobretón cuando comprobamos como proyectos similares de investigación, pueden ser financiados en otros países europeos hasta con diez veces más de presupuesto. No entro ahora en el tema de la fiscalización de las subvenciones, que más que para controlar el gasto sirve para amargar la vida del investigador o investigadora. Una financiación adecuada ayuda de forma importante a que la discriminación positiva tenga realmente efectos de inclusión de la mujer en las carreras científicas.

En segundo lugar, es necesario un sistema de incorporación a la carrera científica y universitaria que sea compatible con un proyecto de vida. Resulta inaudito (y altamente segregador) que la edad mínima para lograr un puesto más o menos estable en la universidad sea los treinta avanzados. Además del sesgo económico, las condiciones para poder sostenerse en este sistema no son equiparables. Podemos hablar de maternidad, de cuidados, de presión social, estructura familiar, y un lago etcétera.

Cambios urgentes

En síntesis, creo que conmemorar el día de la mujer y la niña en la ciencia, supone crear condiciones para ello. Fomentar las vocaciones científicas es un paso, pero no sirve de mucho si luego está limitada su entrada a un exclusivo clan que reparte sus migajas con pretensiones de grandeza. Por tanto, señor ministro, cambiemos los sistemas de acreditación y evaluación desde principios democráticos, pero al mismo tiempo generamos un sistema de ciencia que permita crear desde la libertad y el interés colectivo, que permita la inclusión real de todos los colectivos, especialmente el de las mujeres.

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