sábado,22 enero 2022
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Justo Álvarez Quirós - Ingeniero Industrial - Master MBA

China, el gran enemigo comercial

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En los días 8 y 9 de enero de este año tuvo lugar en Pekín la Primera Reunión Ministerial del Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Es una muestra más de los esfuerzos que hace China para expandir su influencia por todo el mundo. Esta reunión tiene consecuencias comerciales inmediatas y a largo plazo. Por eso es importante que reflexionemos y saquemos conclusiones.

Leyendo la prensa económica española se tiene bastante información. A vuelapluma recuerdo los hechos siguientes. En México China ha desplazado a empresas españolas en los proyectos ferroviarios de alta velocidad con sus propuestas de financiación, suministro de infraestructura, superestructura, material rodante y operación. En Perú, China ha remplazado a empresas mineras norteamericanas y canadienses. En Venezuela es el gran socio del chavismo al que suministra bienes y financiación a cambio de minas, grandes extensiones agrícolas y facilidades para implantación de sus ciudadanos. Ha llegado a un acuerdo con Nicaragua para financiar, proyectar, construir y explotar un canal interoceánico que pretende captar más tráfico que los de Panamá. En Cuba es, en competencia con Canadá, es explotador de sus recursos mineros. La penetración china en África es espectacular, está construyendo puertos, carreteras, ferrocarriles y explota minas.

China se siente superior y hace las cosas a su manera. La tecnología ferroviaria que oferta a México no está contrastada internacionalmente. Aunque sea copia del ERMTS europeo, su fiabilidad y prestaciones no están verificadas por fuentes fiables no chinas. Los estudios geotécnicos, los de impacto ambiental, la prevención de riesgos laborales, las expropiaciones y desplazamientos de población conforme a derecho son complicaciones y encarecimientos que hacemos los occidentales pero no son el estilo chino. Así, en minas de Perú que con los pérfidos yanquis tenían escuela, hospital y centro cívico, ahora operan sin estos sobrecostes que no aportan nada a los nuevos propietarios. En Perú están proliferando los conflictos laborales y las rebeliones contra estos nuevos empresarios mineros. En África es frecuente que aporten hasta los trabajadores pues los chinos creen que los africanos no sirven para trabajar. Gran parte de los trabajadores chinos son muy productivos para sus empleadores pues hacen jornadas muy largas al precio de comida y alojamiento ya que son presos que realizan trabajos forzados. Los problemas de las empresas españolas en el AVE a la Meca tienen una causa principal: no quieren aceptar la plataforma defectuosa y que no se ajusta a las especificaciones que construyeron los chinos bajo dirección francesa.

A los ahorros de costes de explotación, los chinos añaden un argumento comercial definitivo: asociarse con los poderosos de cada país. Con su mentalidad comunista, para ellos el poder que les interesa no es el del empresario competente sino el de quien controla la policía que pueda reprimir conflictos y hacer adjudicaciones públicas a medida. México, tras un escándalo de corrupción que afectó directamente a la esposa del Presidente, acaba de cancelar la adjudicación del tren de alta velocidad a Querétaro. Las democracias no se les dan bien.

El desprestigio de la calidad china en productos de consumo también se ha extendido al tercer mundo. Recientemente he tenido la experiencia de una venta de material eléctrico a un país africano que no quería productos chinos aunque fueran más baratos. El comprador y sus clientes ya comprobaron que comprar barato sale muy caro si lo que se compra es malo.

¿Cómo podemos competir los occidentales con los chinos?. ¿Comportándonos como ellos y jugando a tope con autoridades corruptas?. ¿Bajando la calidad de de los productos para reducir precios?. Recordemos el dicho “para discutir con un estúpido no te bajes a su nivel pues ahí tiene más práctica y te ganará”. En mi opinión, no debemos bajar al nivel de los chinos si queremos sobrevivir a largo plazo.

Es probable que el mal hacer de los chinos se acabe volviendo contra ellos, hoy no es así. Hay actuaciones complementarias por el lado occidental que serían de gran ayuda, como exigir el cumplimiento de nuestras propias normas (respeto de las patentes, de legislaciones, de riesgos, etc.), inspección de las importaciones chinas, vincular ayudas a países terceros con el respeto a las prácticas del comercio y la neutralidad de su administración, que las compañías de seguros tengan en cuenta los riesgos adicionales de la mala calidad y otras más en esta línea. La comunicación y publicidad de las irregularidades encontradas también son una contribución que se echa en falta pues, a veces, parece que nuestros medios sirven a los enemigos y no a su deber de informar. En resumen, reciprocidad con el comportamiento de China que protege su actividad comercial con la ley o con la fuerza, según le convenga. Eso sí, nosotros debemos hacerlo con nuestras reglas, aunque puedan favorecer al competidor chino si es más eficiente y cumple las normas. ¿Que amenazan con no comprar deuda?, ¿que hacen más ataques informáticos?, esos son otros temas que deben ser tratados específicamente.

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