martes,25 enero 2022
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El peso del pasado

Competitividad, crecimiento y empleo

Futurolandia
Aunque creo firmemente en la necesidad de vivir, personal y socialmente, mirando hacia el futuro, mi aviso de hoy está dedicado a que no cometamos la ingenuidad de actuar olvidando las cargas y herencias que, en cada momento, nos aporta el pasado. Me refiero, en particular, a las múltiples sugerencias para mejorar el crecimiento económico y la generación de empleo, que continuamente se proponen. Acostumbrados a razonar en términos de tasas, nos olvidamos de la competitividad heredada.

Porque inversión no es stock de capital;  el déficit es heredero de la deuda acumulada;  los nuevos empleados o pensionistas son una fracción reducida del total de trabajadores o jubilados; mejorar competitividad o productividad es una compleja tarea que parte de la situación que hemos construido año tras año.

El tema de la competitividad es especialmente interesante, porque se confunden no sólo flujos con stocks, sino que se mezclan conceptos dispares de competitividad vía precios/costes o en términos globales. A  muchos analistas económicos les preocupa especialmente la inflación diferencial de nuestros productos comercializables internacionalmente o los vaivenes de los tipos de cambio. Para otros, lo más relevante es la competitividad  estructural: "la capacidad de una economía para mantener niveles crecientes de calidad de vida, atrayendo y manteniendo empresas con áreas de mercado estables o en aumento, dependiendo de su habilidad para adaptarse y anticiparse a los retos externos económicos y sociales"  (Center for International Competitiveness).

Aunque ambos enfoques son necesarios y complementarios, reconozco que mis preferencias se inclinan por  una visión global de la competitividad, que exige valorar el peso del pasado en aspectos tales como:

  • Infraestructuras
  • Capital productivo privado
  • Capital intangible
  • Estructura productiva
  • Capital financiero y endeudamiento
  • Estructura demográfica, institucional y social

Una variante muy conocida de esta linea de trabajo es la del World Economic Forum (http://www.weforum.org y @wef) y sus informes anuales Global Competitiveness Report, que comparan resultados para 140 países, utilizando más de 100 indicadores agrupados en 12 grandes "pilares":

  1. Instituciones
  2. Infraestructura
  3. Entorno macroeconómico
  4. Salud y educación primaria
  5. Educación superior y formación
  6. Eficiencia de los mercados de bienes
  7. Eficiencia del mercado de trabajo
  8. Desarrollo de los mercados financieros
  9. Preparación tecnológica
  10. Tamaño de mercado
  11. Sofisticación de empresas
  12. Innovación

Los 30 indicadores de los pilares dedicados a instituciones e infraestructuras  recogen la situación en el momento actual como herencia de lo realizado en años o incluso décadas precedentes.

Algunos ejemplos en el área institucional: protección a la propiedad intelectual, confianza en los políticos,, independencia judicial,gasto público superfluo, carga de regulación , eficiencia del entorno legal, transparencia, comportamiento ético de las empresas, protección  a socios minoritarios, eficacia de los consejos de dirección…

Otros ejemplos en el área de infraestructura: calidad de carreteras, red ferroviaria, puertos y aeropuertos, suministro eléctrico, lineas telefónicas y otras comunicaciones,…

Pero además, en los otros diez pilares hay también múltiples indicadores que son consecuencia de decisiones tomadas en años previos. Por ejemplo,  deuda  pública acumulada,  esperanza de vida, calidad educativa en diferentes niveles, dominancia de mercados, rigideces de empleo, entorno financiero o tecnológico, tamaño de mercados, "clusters" de producción o calidad de las instituciones de investigación.

En su informe para 2015-16, WEF sitúa a España en el puesto 33 de los 140 analizados, con una nota media de 4,6 sobre 7 de máximo (algo más de 6 1/2 sobre 10),  con calificación especialmente alta en infraestructura (8,4 s/ 10) y baja en  innovación (5,2), instituciones, entorno macroeconómico y eficiencia del mercado laboral (5,5). Como referencia internacional, los 10 primeros puestos correspondían a países europeos (en este orden, Suiza, Alemania, Holanda, Finlandia, Suecia y Reino Unido), junto a EEUU, Japón, Singapur y Hong Kong.

Como todos los ranking y los indicadores simples y compuestos que los avalan, los resultados del WEF sobre competitividad son meras aproximaciones a partir de selecciones y metodologías discutibles. Pero pueden servir para avisarnos de que la posición de nuestro país es claramente mejorable y de que en 2015 no se han registrado avances en nuestra competitividad internacional. De hecho y según las mediciones del WEF, España ha aumentado las diferencias respecto a los países de cabecera en el pasado año en prácticamente todos los pilares analizados. No basta incluso con mejorar; hay que hacerlo a mayor ritmo que los demás, si queremos converger y partimos de un nivel más bajo.

Antonio Pulido http://twitter.com/@PsrA

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