viernes,28 enero 2022
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Joaquín Marco Marco

Donde los árboles se secan, el hombre sale perdiendo

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Ante la presentación de la encíclica del papa Francisco sobre ecología, a la que damos acceso hoy desde Ibercampus, la Fundación Universitaria San Pablo CEU (CEU Ediciones), ha publicado `Donde los árboles se secan, el hombre sale perdiendo. Agua y medioambiente en el Magisterio de la Iglesia´. Su autor, el decano de la Facultad de Derecho, Empresa y CC. Políticas de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Joaquín J. Marco, hace en la obra un recorrido sobre la Doctrina Social de la Iglesia.

Justo esta semana ha sido filtrada a la prensa y aparece en este enlace esa encíclica ecológica del nuevo Papa: Laudato sii, La Iglesia Católica, desde sus orígenes, ha concedido una importancia capital a la conservación del planeta como acto de respeto a la creación de Dios. Si bien es cierto que en las últimas décadas el respeto del medioambiente ha sido tratado en numerosos documentos generados por parte de sus Santos Padres.

La obra analiza las encíclicas y mensajes en los que los Santos Padres Juan Pablo II y Benedicto XVI reiteran la necesidad de un compromiso con el medioambiente. La obra además, recoge relevantes aportaciones que sobre esta materia hacen otros textos como la Santa Biblia, el Catecismo de la Iglesia Católica, otras Encíclicas, Exhortaciones Apostólicas, mensajes, discursos, Homilías, etc.

Juan Pablo II tuvo oportunidad de referirse a cuestiones medioambientales en numerosísimas ocasiones. Así, en un discurso pronunciado en 1993, Juan Pablo II afirmaba que si bien el fin de la Guerra Fría había alejado el peligro del holocausto nuclear, éste había sido reemplazado debido a la imprudente destrucción de recursos ecológicos vitales y a la multiplicación de los atentados, cada vez más insidiosos, contra la vida humana, por la amenaza del holocausto ambiental. Posteriormente, en 2001, con motivo de la reunión del G-8 en la ciudad italiana de Génova, el Papa dijo a los líderes de las mayores potencias económicas que estaba seguro de que “sin dejarse abrumar por el peso de los diversos asuntos, se comprometerán a promover una cultura de la solidaridad que permita soluciones concretas a los problemas que más preocupan a nuestros hermanos en la vida y en las relaciones con los demás: la paz, la pobreza, la salud y el ambiente”.

Por lo que respecta a Benedicto XVI y su pontificado, se manifestó siempre como un fiel seguidor de la doctrina medioambiental instaurada por su antecesor, como puede comprobarse, sobre todo, en su Encíclica `Caritas in veritate´ y en el Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz de 2010: “¿Cómo permanecer indiferentes ante los problemas que se derivan de fenómenos como el cambio climático, la desertificación, el deterioro y la pérdida de productividad de amplias zonas agrícolas, la contaminación de los ríos y de las capas acuíferas, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de sucesos naturales extremos, la deforestación de las áreas ecuatoriales y tropicales? ¿Cómo descuidar el creciente fenómeno de los llamados prófugos ambientales, personas que deben abandonar el ambiente en que viven -y con frecuencia también sus bienes- a causa de su deterioro, para afrontar los peligros y las incógnitas de un desplazamiento forzado? ¿Cómo no reaccionar ante los conflictos actuales, y ante otros potenciales, relacionados con el acceso a los recursos naturales? Todas éstas son cuestiones que tienen una repercusión profunda en el ejercicio de los derechos humanos”.

En los últimos años, la protección del medioambiente se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la humanidad, inquietud respaldada, sobre todo, por el debate generado en torno al cambio climático. Si bien dicha preocupación no debe ocultar ni ensombrecer la importancia de otros graves problemas a los que nos enfrentamos, la salvaguarda del medioambiente es un verdadero desafío para la sociedad del siglo XXI. Resulta necesario, por ello, articular soluciones desde las más variadas perspectivas.

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