lunes,18 octubre 2021
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Humor y Comunicación Política

Gibraltar, Fabián Picardo y algunos motivos para el humor

Humor y Comunicación Política
Falta un tratamiento humorístico del Tratado de Utrecht Ya he dedicado un extenso artículo en La Voz Libre a tratar “en serio” el asunto de Gibraltar. Sin embargo, me doy cuenta de que, en la comunicación política no puede faltar el humor. Y Gibraltar ofrece muchos motivos para el tratamiento cómico. Por supuesto que no […]

Falta un tratamiento humorístico del Tratado de Utrecht

Ya he dedicado un extenso artículo en La Voz Libre a tratar “en serio” el asunto de Gibraltar. Sin embargo, me doy cuenta de que, en la comunicación política no puede faltar el humor. Y Gibraltar ofrece muchos motivos para el tratamiento cómico. Por supuesto que no tengo tiempo para agotarlos, pero al menos intentaré ofrecer algunos ejemplos que pueden ilustrar muy bien este problema político.

 

Ante todo, tanto españoles como ingleses se siguen tomando en serio el Tratado de Utrecht, que ofrece tantos aspectos ridículos. Dejo para otro autor o autores el abordar humorísticamente este tratado, comparándolo con otros Tratados, de menos de 300 años, que han quedado en papel mojado. Recomiendo que adopten el método del genial Aristófanes, que en sus comedias partía de una premisa imposible y luego aplicaba una lógica aplastante. Algunas de las mejores comedias cinematográficas están basadas en este enfoque. Por ejemplo, si el espectador admite o “suspende su creencia” de que dos hombres pueden disfrazarse de mujeres y convivir con una orquesta de señoritas, lo que sigue puede ser muy gracioso, aunque sea muy improbable. Ejemplo: Con faldas y a lo loco.

Es decir, no podemos tomarnos en serio a Gibraltar, porque uno de los procedimientos fundamentales del humor son las incongruencias, y Gibraltar está basada en incongruencias; primero es una Colonia; después, hay un mandatos de las Naciones Unidas para su descolonización; Gibraltar es una anomalía en Europa, ya en el siglo XXI y su vida económica está basada en el contrabando y en ser sede nada menos que de 60.000 empresas y 60.000 enlaces telefónicos, cuando sólo hay 30.000 habitantes.

Stephen Leacock, ya en 1935, explicaba el humor como el contraste entre una cosa como es o como debería ser y una cosa desfigurada, como no debería. Es una teoría de la incongruencia que podemos aplicar muy bien a Gibraltar.

El tratamiento de Gibraltar se presta al ridículo

El gran tratadista del humor, Elder Olson, define lo ridículo como lo contrario de lo bueno y de lo serio. No vale oponer lo ridículo únicamente a lo bueno; o exclusivamente, a lo serio. Hemos de oponerlo a los dos.

Nos tomamos en serio a cualquier persona que sea buena o mala, o que posea un grado considerable de lo bueno o de lo malo. (Es decir, lo suficientemente importante para merecer una preferencia y una acción). Además, nos tomamos en serio a una persona que creemos que dice algo cierto, verosímil o posible. O que lo que anuncia pueda ocurrir más pronto o más tarde. Con la probabilidad de que lo que decida, vaya acompañada de males o bienes ulteriores, y de que los aumente o los disminuya, o los acelere o los posponga.

Pues bien, el gran error de la política que inició Felipe González y que llevó a límites increíbles, pero ciertos, José Luis Rodríguez Zapatero, siguiendo las indicaciones del entonces Ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, fue tomarse en serio a Gibraltar. Y así de mal han ido las cosas y han aumentado los problemas. Estos dos últimos son los responsables fundamentales, y a los dos los podemos tratar humorísticamente. De hecho, los medios así los han tratado en muchas ocasiones. Fundamentalmente, Moratinos contribuyó, como nadie anteriormente a él, a crear un efecto irreal qie parece desarrollarse de manera natural: que Gibraltar se creyese soberana.

A quien sí hemos de tomar en serio es a Gran Bretaña, pues es la nación que puede decidir el futuro de Gibraltar. A Fabián Picardo, ministro principal de Gibraltar, no; entre otras cosas porque tiene aspectos delos que nos podemos reír. Y mucho. Las personas a las que encontramos ridículas son a las que sentimos que podemos desairar; y esto es así, porque carecen de algún valor; y al carecer de este valor, se merecen que lo hagamos impunemente. Todo esto es lo que significa reírnos de.

Fabián Picardo, un personaje risible

Fabián Picardo tiene un complejo exagerado de Jesucristo. Éste dijo: “Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Picardo ha dicho: “El infierno se congelará antes de que Gibraltar retire los 71 bloques de hormigón”. Picardo hace recordar a Hitler, cuando proclamaba que el III Reich duraría mil años. Si, según el Tractatus coislinianus, que he comentado en otro artículo anterior, los personajes humorísticos fundamentales son el bufón, el irónico y el impostor, Picardo ha dicho una bufonada que sabe que no puede sostener, pues en cualquier momento, el Primer Ministro del Reino Unido puede ordenar la retirada de esos bloques y a Picardo sólo tendrá una salida: Dimitir.

Los impostores son muy numerosos en las comedias de todos los tiempos. El citado Aristófanes incluía impostores en sus obras; luego, Plauto y Terencio crearon el soldado fanfarrón- aquí podemos incluir a Picardo-, el esclavo mentiroso, el canalla pretencioso, Falstaff, Tartufo…

Más aspectos cómicos de la comunicación política con Gibraltar

Ya me he referido a Gerald Millerson, que clasificó muy bien los procedimientos para la creación de lo cómico y a Rosa Pinto, que los ha ilustrado con fragmentos de películas.

En el desenlace inesperado, distinguimos entre: a) una situación o réplica que culmina en un desenlace inesperado y b) un anticlímax que sigue a una situación culminante. Los pescadores de Algeciras se han enfadado tanto con las fanfarronadas de Picardo que ya han anunciado algo que no estaba en el guión. Primero, han comenzado con una protesta pacífica, pero ya han anunciado que pueden convertir la vida de Picardo y de Gibraltar en un infierno, porque pueden rodear con sus barcos la Colonia y crear muchos problemas. Incluso, la baladronada de Gran Bretaña de enviar a varios buques puede convertirse en un anticlímax por obra y gracia de los pescadores. No hace falta demasiada imaginación para saber hasta qué punto esos pescadores pueden reírse de Picardo y de los buques ingleses con sus modestos barcos, a poco que se lo propongan. ¿Para qué ha enviado David Cameron los barcos? ¿Para asustar? ¿Es que compara a Gibraltar con las Malvinas? En cualquier momento, podemos asistir a un episodio de David contra Goliat.

Si la política exterior española respecto de Gibraltar sigue como ahora, no como en el pasado, David Cameron puede caer en el “bathos”, que, para Charney consistía en perder la fuerza expresiva, desde lo sublime a lo ridículo. Es la base de muchos "gags" humorísticos. Charney considera que la principal fuente para los escritores de gags ha sido siempre el periódico y los lugares públicos, en esa tradición de humor popular satírico.

Las medidas que ha tomado el Gobierno español- registros pormenorizados de los vehículos para frenar el contrabando de tabaco y la entrada de divisas en Gibraltar- ha consistido en un procedimiento que, en humor, se denomina moderación deliberada. Ha producido un efecto de "bola de nieve". La acción comienza en clave imperceptible o normal y culmina con gran potencia. Y además, ha puesto de manifiesto que la tasa que el Gobierno español puede imponer a los vehículos que entren o salgan de Gibraltar- exceptuando a los trabajadores españoles- ya la aplica el mismo Gibraltar a quienes desean ver los monos. Incluso, el Ayuntamiento de Londres, tiene un impuesto por congestión del tráfico. Y no digamos la gan bola de nieve que puede formarse si el Gobierno español se toma en serio la fiscalidad de los 7.000 llanitos que viven en España y no tributan.

Finalmente, esta crisis de Gibraltar se presta mucho al humor el uso equívoco de las palabras. Cuando Cameron exige controles de la CE en Gibraltar, Rajoy le responde exigiendo también esos controles, pero cada uno entiende las palabras en sentido diferente. Como decía Carlos V: “Mi primo Francisco I y yo estamos enteramente de acuerdo: Los dos queremos Milán”. Cameron exige control de la circulación; Rajoy y Margallo, control del contrabando, del tráfico de divisas, del paraíso fiscal en que se ha convertido Gibraltar. Desde luego, Picardo puede meter a Cameron en problemas muy serios. Con tal que no intervenga Federico Trillo, embajador español en Londres. En el artículo de La Voz Libre he explicado por qué.

¡Qué buena comedia podríamos extraer de ese juego equívoco de las palabras!. Y mientras tanto, la CE puede decir dos cosas enteramente contrarias en días diferentes, según el significado que cada portavoz quiera dar a las palabras. Lo cual no es extraño. La mejor manera de triunfar en la CE es fracasar como político en el propio país. Y si no, que se lo digan a Durao Barroso. Un desastre en Portugal, un hombre al servicio de Alemania en la CE. Así, un escritor sagaz también podría extraer buenas comedias de los Durao Barroso europeos. Dejemos el asunto aquí.

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