lunes,6 diciembre 2021
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Efectos del abuso de la función pública en beneficio propio

La corrupción baja hasta 25% los rendimientos educativos,aparte de los ingresos fiscales, según FMI

Redacción
La corrupción —el abuso de la función pública para beneficio propio— distorsiona la actividad del Estado y atenta contra los avances hacia un crecimiento económico sostenible e inclusivo. La corrupción ayuda a algunos a evadir impuestos, mientras otros terminan pagando más. La pérdida de ingresos fiscales también puede dificultarle al gobierno el suministro de gasto social. Además, la calidad de la infraestructura y de los servicios públicos disminuye por efectos del soborno y el nepotismo.

Son todas ellas algunas de las conclusiones del estudio difundido por el Fondo Monetario Internacional (FMI) bajo el titulo Curbing Corruption, según el cual en última instancia, la corrupción merma la confianza en el gobierno y puede generar inestabilidad social y política.

Estas conclusiones parten de que los costos fiscales de la corrupción pueden ser sustanciales para las economías a todos los niveles de desarrollo. Por ejemplo, comparando países con un nivel de ingreso parecido, los gobiernos menos corruptos recaudan 4% más del PIB en ingreso tributario que sus homólogos más corruptos. En esa misma comparación, si todos los países redujeran hoy la corrupción en igual medida, en promedio, que los que la redujeron durante las dos últimas décadas, el ingreso tributario mundial sería USD 1 billón más alto, o sea 11⁄4% del PIB mundial; probablemente, los beneficios serían mayores teniendo en cuenta que con menos corrupción habría más crecimiento económico, lo cual generaría aún más ingresos fiscales.

Los países que lograron reducir la corrupción significativamente se vieron premiados por una escalada del ingreso tributario como porcentaje del PIB (por ejemplo, en Georgia, 13 puntos porcentuales, y en Rwanda, 6 puntos porcentuales). Los hechos demuestran también que la corrupción distorsiona el uso que el gobierno les da a los fondos públicos.

Los países menos corruptos dedican una proporción más alta de los recursos al gasto social (por ejemplo, entre los países de bajo ingreso, la proporción del presupuesto dedicada a la educación y la salud es un tercio más baja en los países sumamente corruptos). Además, los países más corruptos registran un gasto excesivo en la construcción de carreteras y hospitales, y sus alumnos en edad escolar califican peor en los exámenes.

Para luchar contra la corrupción, es necesario armarse de garra política. Ahora bien, para que las mejoras sean duraderas, también es necesario establecer buenas instituciones que promuevan la integridad y la rendición de cuentas a lo largo y a lo ancho del sector público. Analizando datos nuevos sobre un amplio conjunto de instituciones fiscales y experiencias nacionales individuales, el capítulo ofrece asesoramiento concreto al examinar en más detalle qué operaciones del gobierno sufren pérdidas por corrupción y qué pueden hacer las diferentes instituciones para mitigarlas.

Algunas de las lecciones que saca el FMI para las autoridades nacionales son las siguientes:

• Organizar una función pública profesional, basada en procedimientos de contratación y remuneración transparentes y meritocráticos. Es vital que los titulares de los organismos, los ministerios y las empresas estatales promuevan un comportamiento ético dando la pauta desde las esferas más altas.

• Invertir en elevados niveles de transparencia y vigilancia externa independiente para que los organismos de auditoría y el público en general puedan realizar una supervisión eficaz.

Centrarse en los puntos neurálgicos en los que la corrupción es frecuente, según lo demuestra la experiencia internacional; por ejemplo, la contratación pública, la infraestructura, los bienes y servicios complejos difíciles de valorar, los recursos naturales y las empresas estatales.

• Multiplicar las oportunidades de éxito mejorando varias instituciones que pueden brindarse ayuda entre sí para luchar la corrupción. Por ejemplo, las reformas de la administración tributaria redituarán más si se simplifican las leyes impositivas y si se reduce la discrecionalidad de los funcionarios tributarios.

Los esfuerzos por mejorar la integridad de la función pública o perseguir a los evasores de impuestos dependerán de procesos judiciales oportunos e imparciales. Del mismo modo, la libertad de prensa realza los beneficios de la transparencia fiscal.

• Comprometerse a mejorar las instituciones con asiduidad para mitigar las vulnerabilidades frente a la constante evolución de los retos que plantea la corrupción. Adoptar nuevas tecnologías para contribuir a afianzar las funciones fiscales críticas, tales como los procesos presupuestarios y la administración de los ingresos públicos, así como los controles internos. Por ejemplo, los sistemas electrónicos de contratación pública pueden ser un arma poderosa en la lucha contra la corrupción, ya que promueven la transparencia y mejoran la competencia (por ejemplo, China, Corea).

La corrupción constituye también un problema internacional que exige una cooperación internacional más estrecha. Se ha puesto en marcha un creciente número de iniciativas internacionales para luchar contra la corrupción y frustrar los intentos por ocultar sus frutos. Sin embargo, hay más que se podría hacer:

• Los países deberían actuar en forma proactiva para impedir que empresas nacionales sobornen a funcionarios en el extranjero, perseguir enérgicamente el lavado de dinero y eliminar oportunidades para ocultar los frutos de la corrupción en destinos opacos.

• Se necesita más transparencia en las industrias extractivas (petróleo y minas) dados la presencia de elevadas rentas económicas y el papel de importantes operadores internacionales.

A pesar de algunas mejoras, el intercambio internacional de información sigue siendo limitado. Es crítico estrechar la cooperación para luchar contra la evasión fiscal y para investigar y procesar judicialmente los actos de corrupción.

• Por último, los donantes y las instituciones internacionales pueden predicar con el ejemplo, realzando su propia transparencia. Asimismo, pueden ayudar difundiendo buenas prácticas en materia de fortalecimiento institucional. Este es el objetivo de este capítulo.

Ningun país es inmune

Ningún país es inmune a la corrupción. El abuso de la función pública para beneficio propio merma la confianza de la población en el gobierno y las instituciones, socava la eficacia y la equidad de las políticas públicas y malversa el dinero de los contribuyentes originalmente destinado a escuelas, carreteras y hospitales.

Aunque los fondos derrochados son importantes, el costo tiene otras dimensiones. La corrupción corroe la capacidad del gobierno para ayudar a hacer crecer la economía de manera que todos los ciudadanos se beneficien.

Pero la voluntad política dedicada a crear instituciones sólidas y transparentes puede hacer que la corrupción pierda terreno. En esta nueva edición del informe Monitor Fiscal , ponemos de relieve las instituciones y las políticas fiscales, como la administración tributaria y las prácticas de contratación pública, y mostramos cómo pueden luchar contra la corrupción.

La corrupción ayuda a evadir impuestos

Analiza más de 180 países y determinamos que los más corruptos recaudan menos impuestos, ya que la gente paga sobornos para eludirlos, por ejemplo mediante lagunas tributarias concebidas a cambio de coimas. Además, cuando los contribuyentes creen que el Estado es corrupto, la evasión impositiva se hace más probable.

Demostramos que, globalmente, los gobiernos menos corruptos recaudan 4% más del PIB en ingresos tributarios que los países en el mismo nivel de desarrollo que tienen los niveles más altos de corrupción.

En algunos países, las reformas produjeron ingresos fiscales aún más altos. Georgia, por ejemplo, redujo la corrupción significativamente y el ingreso fiscal aumentó a más del doble: entre 2003 y 2008, se incrementó 13 puntos porcentuales del PIB. Las reformas emprendidas por Rwanda desde mediados de la década de 1990 para combatir la corrupción dieron fruto, y los ingresos tributarios subieron 6 puntos porcentuales del PIB.

La corrupción también le impide a la gente beneficiarse plenamente de la riqueza que crean los recursos naturales de su país. Como la exploración de los depósitos de petróleo y minerales genera enormes ganancias, incentiva mucho la corrupción. Nuestro estudio demuestra que los países ricos en recursos naturales tienen, en promedio, instituciones más débiles y más corrupción.

La corrupción desperdicia el dinero de los contribuyentes 

El Monitor Fiscal muestra que en los países con niveles más bajos de corrupción, los proyectos de inversión pública tienen un desperdicio significativamente menor. Estimamos que las economías de mercados emergentes más corruptas, comparadas con las menos corruptas, derrochan el doble.

Los gobiernos derrochan el dinero de los contribuyentes cuando lo gastan en sobrecostos atribuibles a coimas u ofertas colusorias en la contratación pública. Es decir, cuando un país es menos corrupto, invierte el dinero con más eficiencia y equidad.

La corrupción también distorsiona las prioridades del Estado. Por ejemplo, entre los países de bajo ingreso, la proporción del presupuesto dedicada a la educación y la salud es un tercio más baja en los países sumamente corruptos. Al mismo tiempo, afecta a la eficacia del gasto social. En los países más corruptos, los alumnos en edad escolar califican peor en los exámenes.

La corrupción también es problemática en empresas estatales, como algunas petroleras nacionales, y de servicios públicos como el agua y la electricidad. Nuestro análisis hace pensar que estas empresas son menos eficientes en los países con elevados niveles de corrupción.

Políticamente, querer es poder

La lucha contra la corrupción requiere voluntad política para crear instituciones fiscales sólidas que promuevan la integridad y la rendición de cuentas a lo largo y a lo ancho del sector público.

En base a nuestro estudio, estas son algunas de las lecciones que los países pueden aprovechar para crear instituciones eficaces que mitiguen las vulnerabilidades frente a la corrupción:

Invertir en elevados niveles de transparencia y vigilancia externa independiente para que los organismos de auditoría y el público en general puedan realizar una supervisión eficaz. Por ejemplo, Colombia, Costa Rica y Paraguay están usando una plataforma digital que le permite a la ciudadanía monitorear el avance físico y financiero de proyectos de inversión. Noruega ha creado una estricta norma de transparencia para administrar los recursos naturales. Nuestro análisis muestra también que la libertad de prensa realza los beneficios de la transparencia fiscal. En Brasil, los resultados de auditorías influyeron en las perspectivas de reelección de funcionarios sobre los que recaían sospechas de malversación de fondos públicos, y el impacto fue más marcado en las zonas con estaciones de radio locales.

Reformar las instituciones . Las posibilidades de éxito son mayores cuando los países estructuran las reformas para atacar la corrupción desde todos los ángulos. Por ejemplo, las reformas de la administración tributaria redituarán más si las leyes impositivas son más sencillas y si reducen la discrecionalidad de los funcionarios. Para ayudar a los países, el FMI ha creado herramientas de diagnóstico integral de la calidad de las instituciones fiscales, como la gestión de la inversión pública , la administración de los ingresos públicos y la transparencia fiscal .

Crear una función pública profesional . Los procedimientos de contratación y remuneración transparentes y meritocráticos reducen las oportunidades de corrupción. Los titulares de los organismos, los ministerios y las empresas estatales deben promover un comportamiento ético dando la pauta desde las esferas más altas.

Mantenerse informado sobre los nuevos retos a medida que evolucionan la tecnología y las oportunidades delictivas . La atención debe estar puesta en los ámbitos de mayor riesgo —como la contratación pública, la administración de los ingresos públicos y la gestión de los recursos naturales—, así como en controles internos eficaces. En Chile y Corea, por ejemplo, los sistemas electrónicos de contratación pública son herramientas poderosas para frenar la corrupción, ya que promueven la transparencia y mejoran la competencia.

Mayor cooperación en la lucha contra la corrupción . Los países también pueden mancomunarse para prevenir la difusión transfronteriza de la corrupción. Por ejemplo, en el marco del convenio de la OCDE de lucha contra la corrupción , más de 40 países tipifican como delito el pago de sobornos por parte de una empresa del país para hacerse con un negocio en el extranjero. Los países también pueden perseguir enérgicamente el lavado de dinero y reducir las oportunidades trasnacionales para ocultar el fruto de la corrupción en centros financieros opacos.

Poner freno a la corrupción constituye un reto que requiere perseverancia en muchos ámbitos, pero que promete enormes dividendos. Comienza con voluntad política, un constante fortalecimiento de las instituciones para promover la integridad y la rendición de cuentas, y cooperación internacional.

 

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