lunes,6 diciembre 2021
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Montesó Curto,María Pilar/Publicacions U Rovira Virgili/232p

La depresión en las mujeres. Una aproximación multidisciplinar desde la perspectiva de género

Redacción
Las mujeres y los hombres no somos tan diferentes en una perspectiva psico-social, al contrario de lo que indica la biología. Así lo revela "La depresión en las mujeres. Una aproximación multidisciplinar desde la perspectiva de género", tras efectuar una revisión y un análisis de la salud mental y de sus problemas desde el siglo XIX hasta la actualidad desde una perspectiva internacional. Para ello, aborda las cuestiones básicas en las vertientes médica, psiquiátrica, psicológica y sociológica.

Este libro, publicado por la editorial de la Universidad Rovira Virgili de Tarragona en 232 páginas y al precio de18,00 €, también disponible en versión ebook, contribuye al conocimiento de la depresión en las mujeres con una investigación cualitativa desde una perspectiva sociológica y también con una visión enfermera. A través de una muestra de mujeres y hombres se indaga en las causas y en las consecuencias que tiene esta dolencia, resaltando las cuestiones culturales y sociales que más han quedado en segundo plano en la generalidad de las investigaciones. 

Las conclusiones de la autora de esta investigación basada en su tesis doctoral confirman los mejores hallazgos de la literatura previa, especialmente de Bleichmar: «La mayor incidencia de la depresión en las mujeres no debe buscarse en la biología, en su fisiología, en su cuerpo, sino en las condiciones de vida y en las características de su subjetividad» (Dio Bleichmar, 1998: 54).

Tras analizar los roles masculino y femenino relacionándolos con la depresión, concluía esa aportación previa que, a mayor feminidad en el entorno cultural en el que nos hallemos, mayor depresión. Así, la mayor vulnerabilidad o riesgo de depresión estaría en las mujeres que reúnen las siguientes características: 1) Estereotipo de feminidad con ausencia de cualquier atributo de masculinidad,como son las ambiciones y la confianza en uno mismo.2) Presencia de los atributos más negativos de la feminidad, como la dependenciay la sumisión. Pero María Pilar Montesó revela que las diferencias con los hombres no son tan sustanciales. He aquí sus conclusiones textuales:

Conclusiones

"A lo largo de todas las páginas de este libro, he intentado describir todo aquello que pude observar de primera mano cuando realicé la investigación en el Centro de Ate-ción Primaria Tortosa oeste, concretamente en las localidades de Tortosa y de Roquetes, y que acabó convirtiéndose en una tesis doctoral guiada por la Dra. Violante Martínez Quintana del Departamento de Sociología III. He publicado dos artículos en revistas internacionales y algunos en revistas nacionales, pero pensé que serviría de ayuda ofrecer esta nueva visión a caballo entre las ciencias médicas y las ciencias sociales en forma de libro. Además, el año pasado se reconoció una nueva especialidad dentro de la sociología: la sociología clínica, y pensaba que desde mi formación enfermera y en ciencias sociales podría ayudar a realizar un abordaje mucho más integrador.

Me siento privilegiada por haber podido ser observadora de las vivencias y de las enfermedades tanto agudas como crónicas que padecen las personas con depresión. Pude cotejar los registros médicos con las experiencias vividas por hombres y mujeres a los que se les ha diagnosticado depresión al mismo tiempo, por lo que no me fue difícil establecer una bidireccionalidad, que a veces no está bien vista desde las ciencias biomédicas más conservadoras. Asimismo, pude comprobar que el cuerpo se resiente ante los traumas biopsicosociales que se presentan a lo largo de la vida.

El estrés percibido, tanto el agudo como el crónico, azota los cuerpos y las mentes de las mujeres y también de los hombres. La mayoría de las veces primero aparece la depresión y luego, las enfermedades; aunque en otros casos la depresión aparece conjuntamente con enfermedades agudas, como procesos infecciosos y enfermedades crónicas. Por ello, es difícil separar ambos procesos. No obstante, cuando el suceso traumático es vivido con intensidad por la persona, sí puede recordar e identificar cómo han ido apareciendo todas las enfermedades una por una tras la depresión, llegando a establecer una clara secuencia.

Algunos ejemplos de personas que recuerdan e identifican las enfermedades posteriores vinculadas a la depresión son los siguientes: aquel chico que padeció mobbing  en la empresa y vino por una crisis de ansiedad, el que sufrió un infarto de miocardio, o las mujeres que padecieron depresión posparto cuando se les juntó un cúmulo de trabajo que no podían afrontar e hicieron una montaña de todo ello. Asimismo, destacan las mujeres que fueron víctimas de la violencia de género y les aparecieron enfermedades agudas y crónicas, como la hipertensión, lumbalgias, la diabetes, la dislipemia, la fibromialgia, etc. Cabe destacar también a los hombres que después de un suceso de violencia laboral tuvieron que enfrentarse a enfermedades físicas derivadas de esa situación.

No somos tan diferentes hombres y mujeres a la hora de reaccionar ante sucesos que nos desestabilizan, pero sí lo somos en la manera en la que estamos expuestos a ellos, por nuestra educación y por nuestras vivencias claramente marcadas por el género, es decir, sexistas, lo queramos o no.

Después de indagar en cómo las dificultades que padecen las mujeres pueden conducir a la depresión en varios estudios teóricos, confirmamos la hipótesis de que las personas que padecen depresión han estado expuestas a diversos factores que las han conducido a ello. Algunas personas no la desarrollaron porque tenían estrategias de afrontamiento diferentes. Sin embargo, esto sería otra variable para desarrollar en otro momento.

Lo cierto es que hay tan solo unos pocos factores que explican la mayoría de depresiones: la sobrecarga de trabajo, la violencia tanto en el mundo laboral (mobbing) como en el familiar (violencia de género), la pérdida de personas queridas, enfermeda-des importantes, experiencias negativas desde la infancia, etc. Se han analizado estos factores detenidamente por género.Algunas depresiones aparecen por primera vez a los de 20, 30 y 40 años, aunque el número es mayor a los 40 y 50 años. Estas mujeres relacionan la depresión con los problemas que han padecido a lo largo de su vida, empezando algunos de ellos en la infancia o adolescencia. Algunas causas detectadas son la enorme carga tanto emocional como física que han llevado a cuestas desde pequeñas al haber tenido que realizar todas las tareas del hogar o cuidar de sus hermanos pequeños, ya que sus padres las abandonaron o tenían que salir a trabajar. Otra causa es el padecimiento de malos tratos y el sentimiento de abandono. En la edad adulta, las mujeres confían ciegamente en el matrimonio y en una pareja con la que puedan compartir todo aquello que no pudieron en casa de sus padres, pero este hecho se convierte en ciencia ficción, puesto que se reproducen los mismos roles vividos en la infancia, y las mujeres deben aprender a vivir en un entorno hostil, que es el de la realidad familiar, con resignación y tristeza.

Las separaciones aumentan en las mujeres nacidas a partir de los años cincuenta del siglo XX , ya que las nacidas en los años cuarenta y anteriormente es difícil que se lo planteen. No se sienten apoyadas por sus maridos ni se les reconoce todo lo que hacen. No obstante, no solo se da la violencia en el mundo del hogar, sino también en el laboral. Aunque hombres y muje-res posean la misma titulación, las mujeres tienen menos oportunidades de encontrar trabajo, su salario es inferior y los puestos de responsabilidad que ocupan también.Además, la sociedad ejerce un control social sobre ellas de manera invisible a través de la familia, la religión, etc.

Las principales causas de depresión que han identificado las propias mujeres son las siguientes: la violencia laboral, la familiar, ambas, la separación de la pareja, la dificultad de adaptación debido a un proceso migratorio, las enfermedades graves en miembros de la familia —por la carga tanto física como emocional que comportan— y las muertes, sobre todo de los hijos. Asimismo, los problemas con los hijos, como el consumo de drogas, el embarazo temprano de alguna de las hijas, una adolescencia complicada, la inseguridad laboral y, sobre todo, la búsqueda del primer empleo pueden ser detonantes de la depresión. Aparece también la depresión posparto debido al cúmulo de tareas que deben realizar junto con la perfección con la que deben hacerlas.

Cabe destacar que los hombres tampoco quedan exentos de padecer depresión. La primera causa identificada es la violencia laboral o mobbing , seguida del estrés laboral en los hombres de mediana edad, las enfermedades graves que incapacitan en los hombres mayores y las drogas en los más jóvenes. Aparece también un caso de de presión por separación y por sentirse solo.

El estrés aparece relacionado con la depresión tanto en hombres como en mujeres, por lo que creemos que el personal de enfermería puede ser de vital importancia para ayudar a las personas a buscar mecanismos de afrontamiento positivo, como tomarse las cosas de otra manera o reorientar su vida.

Los hombres exteriorizan menos sus sentimientos que las mujeres, por lo que es es más difícil buscar ayuda. Los hombres mayores entrevistados que han perdido a su mujer viven mal el hecho de realizar las tareas del hogar, ya que no han sido educados para ello, y la soledad a la que deben enfrentarse cada día. También les agobian las numerosas enfermedades que padecen y los tratamientos que siguen para combatirlas.

Los hombres viven peor la pérdida de capacidades físicas que les dificulta realizar sus tareas cotidianas (pérdida de visión y de oído, dificultad en la movilidad, etc.) y que está vinculada al envejecimiento.

Para acabar, haremos alusión a una de las principales conclusiones de este estudio, que ya se ha mencionado anteriormente y que pudimos observarla atentamente tras la mirada de numerosas personas. Se trata de que muchos pacientes pueden identificar claramente la secuenciación de la aparición de la enfermedad. Primero se produce un suceso desencadenante, después la depresión y a partir de ahí, enfermedades agudas y crónicas

Algunas de estas personas han pensado en el suicidio: los hombres en un 25% y las mujeres en un 15%. La familia y la religión han impedido que este pensamiento se materializara. Cuando se toca fondo es cuando debe buscarse ayuda desesperadamente, puesto que aunque algunas personas han vivido el proceso depresivo completamente solas, hay un momento en el que ya no pueden más.

También la incapacidad laboral encubre un gran porcentaje de depresiones, que se presentan en forma de patología orgánica como lumbalgias, hipertensión, cefalea,vértigo, etc. Es una forma de ausentarse del trabajo cuando ya no se puede más.

Puede que este libro sea la primera parte de una investigación más extensa y detallada, en la que sería necesaria un segundo estudio en el que se ofreciera todo el análisis estadístico que complementara el actual análisis cualitativo. No obstante, de momento queda a la espera. Eso sí, esta investigación abre la puerta a un tema que ha empezado a tratarse y a implementarse en la actualidad: la visión psicosocial de la depresión.

Se considera que con los datos aportados, puede ayudarse a superar o al menos a que no se viva de forma tan negativa el proceso depresivo. Es necesario que los clínicos del ámbito sanitario y el personal del ámbito social ayuden a la ciudadanía y construyan puentes entre ellos para difuminar las barreras que separan ambos campos a fin de ofrecer una verdadera relación de ayuda para las personas con depresión y realizar una correcta prevención de esta enfermedad y del suicidio".

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