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Otras variables apenas incluyen tanto, salvo el género,  según el mayor estudio electoral con datos de 21 países de 1950 al 2020

La educación, desconectada de los ingresos, clave de la creciente polarización política y los populismos en Francia y otras democracias occidentales

Tras la década de 2010 hay una desconexión entre los efectos del ingreso y la educación en el voto de 21 democracias occidentales estudiadas con los datos de 300 elecciones realizadas entre 1948 y 2020. Lo dice la mayor investigación realizada hasta ahora para explicar la creciente polarización política y los populismos. Asegura que los tradicionales vínculo de clase y otras variables ya apenas influyen, salvo el sexo o género. Los votantes con mayor nivel educativo ahora votan por la “izquierda”, mientras que los de altos ingresos siguen con la “derecha”, transición acelerada al surgir movimientos verdes y antiinmigración, cuyo rasgo distintivo es concentrar los votos de los electores con mayor y menor nivel educativo en un nuevo sistema de élites múltiples.

Tras la década de 2010 hay una desconexión entre los efectos del ingreso y la educación en el voto entre 1948 y 2020 de 21 democracias occidentales estudiadas con los datos de 300 elecciones. Es la mayor investigación realizada hasta ahora para explicar la creciente polarización política y los populismos y asegura quentree los tradicionales vínculo de clase y otras variables ya apenas influyen, salvo el sexo o género. Los votantes con mayor nivel educativo ahora votan por la “izquierda”, mientras que los de con altos ingresos siguen con la “derecha”, transición acelerada al surgir movimientos verdes y antiinmigración, cuyo rasgo distintivo es concentraentrer los votos de los electores con mayor y menor nivel educativoLa investigación fue publicada antes de convocarse las recientes elecciones presidenciales francesas, donde pese a la victoria de Macron (58,5%) Marine Le Pen avanzó de nuevo (hasta el 41,5% gracias a 13,3 millones de franceses, cuando en 2007 sólo sacó el 33,9% de los votos y su padre Jean Marie apenas llegó hace 20 años al 17,8%), entre el creciente éxito de otros movimientos autoritarios antisistema (Trump, Brexit, etc.).Lleva por título Brahmin Left versus Merchant Right: Changing Political Cleavages in 21 Western Democracies, 1948-2020. 

Realza asi la tesis de que los sistemas de partidos han evolucionado gradualmente hacia sistemas «multiconflicto» o «multiélite» en la mayoría de las democracias occidentales, de manera que ha surgido una izquierda que recuerda las élites de poder en la India de los brahmanes y se enfrenta a la derecha mercantil, alterando las divisiones políticas registradas en Occidente desde 1948. Propone llamar a estos sistemas de partidos de “élites múltiples”, en los que las coaliciones de gobierno que se alternan en el poder tienden a reflejar los puntos de vista e intereses de un tipo diferente de élite (intelectual versus económica), asumiendo en todo caso que las élites tienen una mayor influencia en los programas políticos y políticas que el resto del electorado.

Otra interpretación complementaria es que los partidos de izquierda han desarrollado gradualmente un enfoque más elitista de la política educativa, en el sentido de que los votantes menos acomodados los ven cada vez más como defensores principales de los ganadores de la competencia de educación superior, si bien los datos no proporcionan una prueba directa de estas hipótesis.Pero el hecho de que la participación haya caído drásticamente entre el 50% inferior de los votantes menos educados y más pobres en varios países, pero no entre el 50% superior, podría interpretarse como una señal de que los votantes socialmente desfavorecidos se han sentido dejados de lado por el aumento de “ sistemas de partidos de “élites múltiples”.

Expone el estudio que, en las décadas de 1950 y 1960, el voto por los partidos socialdemócratas y afiliados estaba “basado en la clase”, en el sentido de que estaba fuertemente asociado con el electorado de bajos ingresos y educación. Gradualmente se ha ido asociando con los votantes de mayor nivel educativo, dando lugar en la década de 2010 a una divergencia entre las influencias de los ingresos (capital económico) y la educación (capital humano): los votantes de altos ingresos siguen votando por la derecha, mientras que los de alta educación los votantes han pasado a apoyar a la izquierda. Esta separación entre una “derecha mercantil” y una “izquierda brahmán” es visible en casi todas las democracias occidentales, a pesar de sus principales instituciones políticas, históricas e institucionales o diferencias culturales.

También encontramos que el auge de los partidos verdes y antiinmigración desde las décadas de 1980 y 1990 ha acelerado esta transición, aunque solo puede explicar alrededor del 15% del cambio total observado, ya que la educación, no los ingresos, distingue más claramente apoyo a estas dos familias de partidos hoy.

Según el texto íntegro, reproducido por The Quarterly Journal of Economics en su volumen 13 el pasado mes de febrero February 2022, Pages 1–48, los datos sugieren que el surgimiento de un nuevo eje sociocultural de conflicto político se ha asociado estrechamente con la reversión de la división educativa en las democracias occidentales. Lo firman Amory Gethin, Clara Martínez-Toledano y Thomas Piketty, famoso autor de libros sobre la desigualdad quien junto a Joseph Stiglitz y otros economistas propusieron hace unos días  un registro global contra la ocultación de activos en paraísos fiscales,  a través consorcio internacional Icrict. Este plantea al G20 la obligación de informar del beneficiario real de los activos en cualquier territorio, que a su vez haría más efectiva las sanciones a oligarcas rusos.

Aunque la investigación de Piketty y sus dos colegas estudia también divisiones relacionadas con la edad, la geografía, la religión, el género y otras variables socioeconómicas, su principal conclusión al respecto es que no ha habido un mayor realineamiento de votantes en estas otras dimensiones comparable al observado en el caso de la educación. Es más probable que los votantes más jóvenes voten por partidos socialdemócratas y afiliados, pero esto ya ocurría en una magnitud comparable en la década de 1950. De manera similar, las divisiones rural-urbana y religiosa se han mantenido estables o han disminuido en la mayoría de los países de nuestro conjunto de datos: las áreas rurales y los votantes religiosos siguen apoyando a los partidos conservadores, como solían hacerlo en el pasado. La principal excepción es el género: en casi todos los países, las mujeres solían ser más conservadoras que los hombres y gradualmente se han vuelto más propensas a votar por partidos de izquierda.

Las conclusiones de la investigación sugieren asimismo que la divergencia de los conflictos políticos relacionados con los ingresos y la educación, dos medidas de estatus socioeconómico fuertemente correlacionadas, también podría contribuir a explicar por qué las crecientes disparidades de ingresos y riqueza no han llevado a nuevos conflictos de clase. Su respuesta es que no se han enfrentado con una mayor redistribución en muchos países porque los sistemas políticos oponen cada vez más a dos coaliciones que encarnan los intereses de dos tipos de élites.

También indican las conclusiones que, si bien reversión de la división educativa y surgimiento de un nuevo eje sociocultural de conflicto político fueron fenómenos interrelacionados, queda mucho por entender en lo que respecta a los mecanismos subyacentes. Sigue sin estar claro si la reversión de las brechas educativas fue impulsada por un cambio en la oferta política independientemente de la estructura de creencias colectivas o si, por el contrario, el cambio de oferta fue impulsado por el cambio de actitudes sociales entre los grupos educativos. Si bien algunos estudios han sugerido que las brechas sociales entre grupos se han mantenido estables en una serie de cuestiones a largo plazo (p. ej., Evans y Tilley 2017; Bertrand y Kamenica 2018), lo que señalaría el papel de los cambios en la oferta, los datos en nuestra disposición no nos permite desentrañar estos diferentes canales de causalidad.

Para comparar la evolución de las divisiones electorales, la investigación agrupa a los partidos en dos bloques: socialdemócratas, socialistas, comunistas y verdes (partidos “de izquierda” o “socialdemócratas y afiliados”) por un lado, y conservadores, cristianos. partidos democráticos y anti-inmigración (partidos “de derecha” o “conservadores y afiliados”) en el otro lado.

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