viernes,28 enero 2022
Espacio euroiberoamericano de diálogo sobre la innovación social, profesional y académica
InicioOpiniónLos políticos que no amaban a las mujeres

Los políticos que no amaban a las mujeres

Vueltas al conocimiento
De nuevo vuelvo a reincidir sobre el problema de los derechos de las mujeres. Desgraciadamente las cifras de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas sentimentales no paran de recordarnos el frente social que sigue permaneciendo abierto. Cifras que son un claro indicador de que algo, mejor, un muy mucho, no anda bien en las relaciones entre mujeres y varones.

Para los partidos políticos los derechos de las mujeres han sido siempre, en el mejor de los casos, un tema "indiferente". La historia nos muestra que ante las demandas de  igual trato y derechos,  los partidos en principio sostuvieron  una actitud en franca oposición. Sin más baste recordar que  los logros sociales  de equidad para las mujeres  como,  por ejemplo,  el derecho al voto, a la educación o al divorcio, se  debieron siempre al empeño  y  lucha de las reivindicaciones formuladas por las feministas y sin más compañía que ellas mismas.

 Quizá esta “indiferencia” sea la que explique el rechazo de la mayoría de mujeres feministas a engrosar las filas de las agrupaciones políticas incluso las situadas a la  izquierda ideológicamente -la derecha, como es sabido,  por principio, niega el conflicto en la estructura social-.   Si bien es cierto que  ha habido y hay algunas feministas que sí se han atrevido a aceptar el reto partidista integrándose. Mayormente lo que les suele suceder es que se encuentran  con  el  “reconocimiento”  de un  mejor o peor arrinconamiento personal y de sus ideas.  A pesar de que en algunos casos se trata de feministas de larga e impecable trayectoria política dentro del movimiento de los derechos de las mujeres.    

 Hasta aquí muchos lectores y lectoras pensaran que todo esto es una visión feminista interesada y por tanto  exagerada de la realidad y que no hay porqué quejarse tanto, pues también se pueden observar los avances que se han hecho en los últimos tiempos en  la mayoría de los  partidos políticos (incluso los de derechas). Éstos se han vuelto más sensibles a la igualdad entre mujeres y hombres y  así muchos de ellos han  incluido  mujeres  como cabeza de sus listas electorales (Ada Colau, Manuela Carmena, Inés Arrimadas, etc.).  Asimismo se puede alegar que en el campo de la violencia de género se ha  logrado un alto reconocimiento institucional del problema.

Ciertamente la sociedad española tiene una ley (Ley Orgánica 1/2004) que en su día supuso un gran avance social y con el que se  ganaron el respeto y  los elogios del resto de países europeos. Efectivamente se han abierto juzgados especializados, se  ha concienciado y especializado a policías, jueces y  cuerpo sanitario; tenemos casas refugios, teléfono de atención a las víctimas, etc.

Sin embargo,  las  noticias  nos recuerdan muy a menudo que los asesinatos  siguen perpetrándose e incluso llegan a  crecer de manera intolerable cada año (57 asesinadas en 2015). Lo más dramático de todo ello es  que parece ser que por parte de la clase política no hay visos  de poner solución a estos crímenes y demás violencias contra las mujeres. Para los políticos  la considerada violencia de género  es tomada como  un mal bíblico en  tanto no parece que busquen solución. No, no exagero. Esta desgraciada  afirmación la sostengo, y me atrevo a pronosticar que casi todo el mundo la intuye, ante la  inoperatividad política mostrada hasta el momento.   

Las evidencias de este desinterés político son contundentes, las tenemos delante y a la vista.  Basta con aproximarse a los programas electorales de 2015 y sus propuestas en materia de violencia de género. Da la impresión de que se hubiera producido un consenso entre los cuatro partidos con posibilidades de gobernar -supongamos que tanto solos como  en distintas coaliciones-. El común denominador del supuesto  pacto no es otro  que  abordar el fenómeno de la violencia de género  sólo en el  nivel de las consecuencias, esto es, la atención a las víctimas. Sí, no es ningún error,  les animo a que lo contrasten.

Por supuesto, que desde estas líneas no se propone quitar ni un solo céntimo a los cuidados y atención a las víctimas, pero ¿nuestra sociedad se puede permitir que sólo hasta ahí vayan sus esfuerzos para salvar las  vidas de tantas mujeres? Sí bien es cierto que alguna propuesta va un poco más allá y  pide que se restablezca en el sistema educativo la desaparecida asignatura de Educación para la Ciudadanía o una medida similar ¿un problema de esta dimensión se soluciona sólo con una asignatura o seminario?

Tampoco puedo dejar de mencionar, por el contrario, que en algún caso también se proponen empeorar lo hasta hoy dispuesto en la ley mencionada. Así Ciudadanos llega a cuestionar el propio fenómeno de la violencia contra las mujeres,  sustituyéndolo por todas las violencias que se producen en el ámbito doméstico, lo que creo, por otro lado, que le valió a esta formación política su público desenmascaramiento  ideológico.

Ante este llamémoslo “pacto” habria que preguntarse cómo hubiera reaccionado la opinión pública española, o imaginemos a los propios medios de comunicación, si ante el problema de la violencia de ETA, por ejemplo, las propuestas políticas hubieran tenido  el mismo alcance: la atención a las víctimas más la propuesta de incluir una asignatura educativa en el currículo escolar o seminario en el caso de  extra-escolares. De risa si no fuera porque estamos ante una tragedia humana.

 ¿Somos exageradas las feministas?

faarranz@ucm.es

De interés

Artículos Relacionados