sábado,22 enero 2022
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Por la corrupción e insatisfacción ante la economía (-1,5%)

Menos apoyo en la nueva oleada de movilizaciones contra el gobierno brasileño

Redacción
Pos de medio millón de personas, menos que en anteriores ocasiones, se manifestaron este domingo en las principales ciudades del Brasil de los juegos olímpicos 2016 para protestar ante la corrupción y la situación económica, por tercera vez este año. Los manifestantes piden un juicio político para derrocar el gobierno elegido el 26 de octubre pasado por el 51,6% por ciento de los votos en una segunda vuelta. Previamente, sindicatos y organizaciones estudiantiles se manifestaron en contra.

La presidenta Dilma Rousseff, a quien responsabilizan por el escándalo de sobornos en Petrobras y la recesión,guarda en esta ocasión silencio sobre estas movilizaciones, resaltando en su cuenta de Twitter los éxitos formativos y deportivos del país, mientras sus apoyos políticos se debilitan ante las dudas dentro de su propio partido de los Trabajadores y del socialdemócrata sobre su gestión.  Las movilizaciones, apoyadas desde el empresariado por el mediático Grupo Globo, han vuelto a ser presentadas como un golpe contra el gobierno democrático por parte de telesurtv, la televisión pública con sede en caradas de los gobiernos  Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela.

A pesar de haber sido multitudinarias y muy críticas, las manifestaciones realizadas este domingo en las principales ciudades de Brasil podrían abrir una tregua para la presidenta Dilma Rousseff. Con una participación menor a la esperada en Brasilia, Río de Janeiro o Belo Horizonte -unas 137.000 personas en total según la policía y 225.000 según los organizadores-, y un objetivo más difuso que en anteriores protestas, los brasileños marcharon en nueve estados y en el distrito federal pidiendo "Fuera Dilma", pero también reclamaron contra otros dirigentes políticos y contra la corrupción en general.

Las protestas fueron convocadas por grupos opositores ajenos a la política formal y seguidas en unas 150 ciudades con bastante menos participantes que otras dos realizadas este año, que llegaron a congregar a 2,5 millones de personas, según la mayoría de la prensa. Su diferencia fue el coro que gritó Fuera Dilma. Los manifestantes exhibieron pancartas contra las corruptelas en Petrobras, que involucran a dirigentes del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), y la crisis dela economía, que este año decrecerá en torno al 1,5 %.

Pese a ser acusada de destruir el país como lo hizo con Petrobras, esta nueva oleada de manifestaciones en 25 estados y el distrito federal ha sido menor que la primera, apenas dos meses y medio después de que Rousseff asumiera su segundo mandato, y que la segunda, con algo más de 700.000 manifestantes. El buen clima en todo el país, con temperaturas más dignas de verano que de pleno inverno, llevó a que mucha gente prefiriera disfrutar del día de ocio en vez de participar de la convocatoria realizada por los grupos cívicos Movimiento Brasil Libre, Vem Pra Rua y Revoltados Online. Pero esta vez fuerzas de la oposición política lideradas por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) apoyaron las protestas y exhortaron a sus seguidores a salir a las calles.

Tampoco faltaron los carteles en apoyo y agradecimiento al juez federal Sergio Moro, quien lleva adelante el caso del multimillonario esquema de sobornos en Petrobras, por el cual las principales constructoras del país pagaron “coimas” a directivos de la petrolera estatal para garantizarse contratos de licitaciones. Como consecuencia de las investigaciones ya están en prisión varios ex directores de Petrobras, una treintena de ejecutivos de grandes empresas y hasta el ex tesorero del PT, João Vaccari Neto, acusado de desviar hacia el partido y sus aliados fondos ilegales de la red de corrupción. "¡Fuera Dilma!", fue nuevamente el mensaje más repetido en las manifestaciones. Muchas personas fueron con sus perros enfundados en banderas brasileñas, otras en bicicleta  y con música, entonando el himno nacional y comiendo el tradicional churrasco dominguero en los puestos instalados en las calles laterales.

La mandataria siguió las noticias de las manifestaciones -transmitidas en vivo por varios canales de televisión- desde su residencia del Palacio de la Alvorada. Allí, donde anteayer había mantenido un encuentro reservado con Lula, al final de la tarde recibió a su jefe de Gabinete, Aloizio Mercadante, y sus ministros de Comunicación Social (Edinho Silva), Defensa (Jaques Wagner) y Justicia (Eduardo Cardozo) para evaluar el peso del evento y definir los próximos pasos a seguir. Lula ya le había recomendado salir de Brasilia y recorrer más el país, estar en contacto con la gente para reforzar su agenda positiva y buscar revertir la notoria impopularidad que hoy tiene; las últimas encuestas apuntan que apenas un 8% de la población la respalda, mientras el 71% considera que su administración es mala o muy mala, y el 66% se inclina por un impeachment en el Congreso.

Rousseff obtuvo su segundo mandato antes de que estallara la crisis económica y tras haber logrado importantes avances en diferentes esferas. En los últimos años Brasil ha registrado una importante disminución de los niveles de pobreza y un significativo crecimiento de las clases medias de la población debido, principalmente, al aumento de los puestos de trabajo y a la puesta en práctica de unas iniciativas de inclusión sin precedentes. Para su nueva gestión de Gobierno Rousseff se comprometió a mejorar y extender a educación; luchar contra la corrupción y el lavado de activos; reformar el sistema político y electoral de Brasil para resolver las distorsiones del modelo representativo y ahondar la participación popular; descentralizar los servicios públicos; fortalecer los planes sociales “Bolsa Familia”, “Luz para todos”, “Más médicos” y “Mi casa, mi vida”; mayor inversión en el área educativa y de salud con recursos provenientes de la redistribución de la renta petrolera con Petrobras como palanca de desarrollo social.

A la cabeza de los ataques contra la presidenta Dilma se encuentra el conglomerado mediático Grupo Globo, formado también por bancos, inmobiliarias y alimentarias, que  desde febrero pide la destitución o impeachment de Dilma. Antes, en agosto del año pasado, el expresidente y antiguo líder del PT, Inácio Lula da Silva, demandó a cuatro periodistas y al editor de la revista Veja por publicar un especial de primera página que lo vinculaba con el escándalo de Petrobras. Lula, quien lideró la bonanza económica de Brasil desde 2003 hasta 2010, todavía goza de popularidad entre la población y ha sido ferviente partidario de Dilma, según teleSUR,  cadena que ha destacado que  los Juegos Parapanamericanos culminan con Brasil en primer lugar.


A Rousseff se le recrimina incumplir la ley al manipular las cuentas fiscales para permitir un mayor gasto del Gobierno en octubre del año pasado. Este último asunto está investigándolo el Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU). Si este organismo certifica alguna irregularidad, los partidarios de la impugnación de la presidenta se apuntarían un tanto importante.

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