viernes,20 mayo 2022
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Modelo productivo de Almería (I): Cambios estructurales y desequilibrios territoriales

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Los cambios que ha experimentado el modelo productivo de la provincia de Almería en los últimos sesenta años, le han permitido pasar de ser una de las últimas provincias en renta percápita de España a una de las más dinámicas. En ese tránsito se han producido alteraciones productivas de gran calado y, sobre todo, ha provocado un considerable desequilibrio territorial.

Es necesario retrotraerse a la segunda mitad del siglo pasado para entender el alcance de las transformaciones estructurales que ha experimentado el modelo productivo almeriense. En los sesenta del pasado siglo Almería era una de las provincias más atrasadas en una España subdesarrollada. Por entonces se decía que Almería era la tierra de las tres cosechas: del esparto, del hambre y de las lagañas. Por esos años, según las estadísticas de la “Renta Nacional de España y su distribución provincial” del entonces Servicio de Estudios del Banco de Bilbao (BB), Almería ocupaba, por el valor de producción per cápita, los último lugares entre las provincias españolas en disputa con Badajoz, Granada, Jaén y Orense.

   El cambio de tendencia comienza a apreciarse claramente a partir de los sesenta, con un ritmo de crecimiento mayor que el de Andalucía y España. Desde entonces, Almería ha ido ganando posiciones en el ranking nacional, situándose, ya en los setenta, entre las 10 y 15 últimas provincias españolas. La serie homogénea que elaboraba el BB –después la Fundación BBA- concluyó en 1995, lo que dificulta proyectarla al presente. Otras fuentes, con distinta metodología, tomaron el relevo; este fue el caso de la Contabilidad Regional de España, a cargo del INE, que comenzó a elaborarse en 1980 y que cuantifica la actividad económica a escala regional (comunidades autónomas) y provincial.

   Tomando como base las fuentes indicadas y haciendo los cálculos correspondientes, el PIB de Almería, a precios corrientes, ha pasado de 110,3 millones de euros en 1970 a 13.330.2 en 2016; es decir, se ha multiplicado por 121, siendo la de mayor crecimiento de Andalucía y una de las primeras de España.

   

   Este cambio también se aprecia en la evolución que ha seguido la población. Ésta se mantuvo prácticamente constante entre 1900 y 1960, situándose en torno a los 360 miles habitantes. A partir de la década de los setenta comienza a crecer a un ritmo acelerado, alcanzando los 375 mil habitantes ya en 1970, 465,7 mil en 1991 y 698 mil en 2016 (en 2018, se situó en 709,3 mil). De manera que, entre 1960 y 2016, la población de esta provincia se ha incrementado en un 93,6%, esto es, casi se ha doblado. En las últimas dos décadas, según la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas- Almería ha sido la segunda provincia -tras Guadalajara- con crecimiento relativo en población más alto de España.

   Globalmente considerado, el intenso crecimiento en PIB y población desde los años sesenta hasta el presente, obedece al cambio que ha experimentado en su modelo productivo: el paso de una agricultura extensiva (básicamente de autoconsumo), a otra intensiva (de orientación exportadora); al turismo y a la piedra natural, que son las que han activado las restantes (construcción, transporte, comercio, servicios públicos, etc.).

   Dichas transformaciones han tenido dos consecuencias muy importantes en el modelo productivo: por una parte, se ha modificado considerablemente la estructura económica de Almería (que la diferencia claramente de Andalucía y de España); y, por otra, se ha trasladado el centro de gravedad económica del interior a la costa, lo que ha originado considerables desequilibrios territoriales en la provincia.         

   Por lo que respecta al primer efecto citado, se ha producido una considerable alteración en la estructura económica almeriense, tanto en la generación del PIB como en la población ocupada. Tomando como referencia el año 2016, el último para el que la Contabilidad Regional de España del INE ofrece datos definitivos, el PIB de Almería ascendió a 13.330.2 millones de euros y el empleo a 261,6 mil de personas. Su distribución sectorial fue la siguiente:

   El sector más importante por su aportación al PIB y al empleo, fue el de servicios, que es lo normal en cualquier estructura territorial medianamente desarrollada. Su peso fue del 68,3% en PIB y del 57,8% en empleo (en este último caso, con gran diferencia del de Andalucía que se situó en el 76,6%). Los principales subsectores de servicios fueron (y continúan siendo): las administraciones públicas (destacando educación y sanidad), el turismo, el comercio y el transporte.

   En segundo lugar se situó el sector agrario, que aportó un 16,5 al PIB provincial y un 29,7% al empleo. Aquí  reside el principal hecho diferencial con Andalucía en el que representaban el 5,2% y 7%, respectivamente. El 85% del PIB agrario almeriense lo aporta la rúbrica de hortalizas, plantones, flores y plantaciones; el restante 15% se repartía entre los demás vegetales, principalmente los frutales -cítricos y almendra-, que lo hicieron en el  6,4% y el aceite con el 2%. En dicho año la ganadería, que  nunca ha sido muy importante en la provincia, aportó un 6,5% del citado PIB agrario.

   En industria, Almería ocupa el último lugar entre las provincias andaluzas. En el año de referencia su peso en el PIB fue solo el 5,9%, lo que lo sitúa en cuarto lugar entre los sectores productivos. Las empresas industriales son escasas y, con la excepción del Grupo Cosentino, su tamaño es, en general, muy reducido. Por ramas de actividad las que adquieren algún relieve son las de material de transporte y productos metálicos (básicamente talleres de automóviles); minerales y productos no metálicos (que se localiza en su práctica totalidad en la Comarca del Mármol); productos energéticos y agua (destaca el complejo de Carboneras, que se verá muy afectado cuando se cierre su central térmica, salvo que se reconvierta, como se prevé, en generadora de energías renovables.); alimentación, bebidas y tabaco, que se localiza principalmente en el municipio de Almería y en el Campo de Dalías; y productos químicos, que tiene cierta presencia en los municipio de Almería, Cuevas del Almanzora y Níjar.

   Finalmente el sector de la construcción, que tampoco es muy relevante en la provincia: en 2016 aportó al PIB provincial el 7% y el 6,5% al empleo.

   En síntesis y como conclusión, mientras que en el modelo tradicional el subdesarrollo era bastante homogéneo en todo el territorio provincial, las zonas más prósperas eran las interior en las que predominaba el cultivo de la uva de mesa (regadío) y los cereales (secano).

 

 En el nuevo modelo, que gira fundamentalmente en torno a las hortalizas, el turismo y la piedra natural, el centro de gravedad económica provincial, como se ha dicho, se ha trasladado a la costa: desde Adra, en el límite con Granada, hasta Huércal Overa y Pulpí, en el de Murcia. Incluye todos los municipios cuyos territorios están comprendidos entre la Autovía del Mediterráneo (A-7) y el mar, así como aquellos que son cruzados por la misma. En concreto, los siguientes: Adra, Balanegra, Berja, Dalías, El Ejido, La Mojonera, Roquetas de Mar y Vícar en la Comarca de Dalías; Almería, en el Bajo Andarax; Níjar y Carboneras, en el Campo de Níjar; Los Gallardos, Mojácar y Turre en el Río Aguas; Antas, Cuevas del Almanzora, Garrucha, Huércal Overa, Pulpí y Vera, en el Bajo Almanzora.

   La superficie total de estos 20 municipios es de 2.867,7 km2, equivalente al 32,7% total provincial. En 2018, dicha área concentraba el 81,1% de la población y unas tres cuartas partes del PIB provincial. Pero si se pretende ser más preciso, dicha concentración se produce básicamente en la estrecha franja que separa la mencionada autovía del mar; en este caso, la superficie se reduce a unos 2.000 km2, esto es el 23% de la superficie provincial.

   La conclusión es obvia: el cambio del modelo productivo almeriense ha originado una muy elevada concentración territorial en población y en renta en la franja costera, en tanto que, el resto de la provincia, se despuebla y pierde peso en su contribución al PIB.

 

 

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