sábado,29 enero 2022
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Predicciones económicas con fecha de caducidad

Futurolandia
Las predicciones económicas son material reciclable y tienen fecha de caducidad, aunque esta no figure en el producto y cambie según la calidad del proceso de fabricación y la mayor o menor estabilidad del entorno. No hay predicciones seguras, sino apuestas más o menos razonables y arriesgadas de futuro, con márgenes de confianza que se amplían según se aleja el horizonte de referencia.

Para las variaciones en el PIB del año en curso, puede considerarse que no hay fecha de caducidad si admitimos un posible error de pocas décimas de punto y no estamos en época de especial turbulencia. En todo caso, es recomendable no "consumir" las predicciones elaboradas hace ya más de un trimestre, en particular si nos encontramos a principios de año. Realmente, en todas las economías desarrolladas se dispone de actualizaciones trimestrales e incluso mensuales.

Naturalmente, hay componentes del cuadro macroeconómico anual que tienen mayor riesgo de predicción y caducidad más elevada que otros. Así es más fácil (por su estabilidad relativa en el tiempo) establecer las tasas de variación del consumo que las de la inversión o exportaciones e importaciones.

A medio plazo (dos o tres años vista) la predicción económica se complica exponencialmente y más aún a largo plazo. Extrapolaciones del pasado son solo referencias de lo que podría ocurrir si continuasen las inercias del pasado. Con nuevos datos se adaptan automáticamente las predicciones elaboradas. Por tanto, revisiones, al menos semestrales, son aconsejables.

Pero extrapolar el pasado a futuro tiene un valor reducido para el usuario, sobre todo si tiene que tomar decisiones comprometidas. A dos o tres años es poco probable que permanezcan constantes las tendencias del momento. Precios del petróleo, tipos de interés, dinamicidad de los países a los que exportamos, volatilidad de los mercados financieros,…, es una ingenuidad considerarlos sin cambios de ritmos. Al usuario de predicciones económicas lo que le resulta especialmente útil son los avisos de posibles alteraciones, los cambios de tendencia o "turning points".

Aquí entra en juego la calidad del proceso de predicción y el reconocimiento explícito de los supuestos de futuro para los condicionantes estratégicos relevantes. Un dato aislado de crecimiento del PIB a dos o tres años, sin conocer procedimiento de elaboración ni supuestos en que se basa, lleva fecha de caducidad inmediata. Su valor es el que pueda respaldar la confianza en el economista o institución que suministra la información. Intuiciones y procedimientos rudimentarios pueden acertar en ocasiones pero son, en general, productos de alto riesgo.

Cuando  FMI,  OCDE, UE, Gobiernos o algunos centros públicos o privados especializados, nos suministran predicciones a medio plazo, utilizando procesos técnicamente reconocidos y explicando supuestos, no tenemos tampoco garantía de acierto, pero sí unas referencias que pueden resultarnos útiles.

Hay que saber que hay predicciones económicas a medio plazo que proporcionan un marco razonable en circunstancias "normales", pero que puede cambiar, incluso drásticamente, si los entornos con los que se establece se alteran. Aquí la obsolescencia de la apuesta de futuro es inmediata, en cuanto se produce ese cambio radical.  Conflictos geopolíticos, inestabilidad financiera acusada, Brexit o efectos Trump pueden hacer caducas predicciones elaboradas previamente.

¿Pero ustedes los economistas no son tan listos y están tan orgullosos de sus teorías, técnicas y modelos? ¿Cómo no aciertan cuándo se van a producir situaciones como la pasada Gran Crisis? ¿Es que no había antecedentes de excesos de endeudamiento, inestabilidad financiera y burbuja inmobiliaria?

Creo que la respuesta exige muchos matices. En primer lugar no hay que confundir un riesgo potencial, con una situación de elevada probabilidad a incorporar en el entorne de una predicción a fecha fija. Un endeudamiento excesivo y mantenido, público o privado, es un factor de riesgo;  la duda está en si terminará provocando una turbulencia parcial o generalizada y cuándo ocurrirá. Existe una burbuja, pero se desconoce su potencia de arrastre y el detonante que la hará estallar en un momento dado ¿Es razonable apostar por una predicción a plazo fijo que incorpore el impacto de ese riesgo?

Responder a ese reto nos lleva a introducir un segundo matiz. Nadie debiera partir de que la solución a disponer de una visión de futuro de una economía, está en una predicción única. "La predicción" que se asigna al FMI, al Banco de España o a Ceprede es la "básica", que cada institución considera como más probable y que, como norma, no incorpora el impacto de riesgos potenciales aún no concretados. Pero también  se añaden predicciones alternativas, incluso asignando una probabilidad subjetiva de ocurrencia.

Realmente no debiéramos enfrentarnos al futuro con una visión única, sino con la multiplicidad de situaciones posibles, incluso incorporando cisnes negros de gran impacto aunque de baja probabilidad. Nos complica nuestra visión del mundo y nos obliga a asumir el riesgo de decidir el futuro por el que apostamos, pero nos sitúa en la realidad compleja con la que nos toca vivir.

Sin embargo, esta disponibilidad de predicciones múltiples no supone un indulto general a los errores de predicción y a los fallos de diagnóstico sobre el cuándo, cómo y cuánto de un riesgo potencial. Sigue siendo cierto que en el tratamiento prospectivo de la pasada Gran Crisis no se han producido, en tiempo y forma, las alertas necesarias para una gestión económica eficiente de futuro.

Decía, hace unas semanas Noah Smith (@Noahpinion) en su post When Economics Failed, que llegar a la conclusión pesimista de que las recesiones resultan raramente predecibles con los datos económicos disponibles, no es por incapacidad de predicción, sino por el fallo en el tipo de datos que ahora existen. "En lugar de centrarse sobre consumo, inversión y otras cosas fácilmente medibles. los economistas deberían tratar de pensar más acerca de los problemas, sutiles y de largo plazo,  que se producen en los mercados financieros".

Mejores datos, teorías y modelos son imprescindibles en un mundo complejo y en rápido cambio. Pero nunca olvidemos que las predicciones económicas siempre serán múltiples y tendrán fecha de caducidad, posiblemente cada día más exigentes.

Antonio Pulido http://www.twitter.com/@PsrA

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