lunes,29 noviembre 2021
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Vandana Shiva /Capitán Swing/Traducción:Amelia Pérez Villar

¿Quién alimenta realmente al mundo?Fracaso de la agricultura industrial ypromesa de la agroecologia

Redacción
El principal mensaje de este libro es que él "cártel del Veneno" domina el mundo y que lo peor de las experiencias de la agricultura genéticamente modificada está por llegar, desoues de que Trump haya convertido en reguladores a los ´lobbies´ del sector.Tras la fusión de Bayer y Monsanto, la alimentación del globo está en sus manos. DuPont y Syngenta controlan la mitad de la oferta comercial de semillas patentadas,y más o menos el mismo porcentaje del mercado mundial de productos derivados.

Otro mensaje de mayor calado de esa obra radica en los efectos del control o monopolio del conocimiento, especialmente ahora que viene la inteligencia artificial, cuyos primeros pasos han derivado en convertir presidente de los EEUUa una persona como Donald Trump.

Desacreditando la noción de que nuestra actual crisis alimentaria debe abordarse a través de la agricultura industrial y la modificación genética, la autora y activista Vandana Shiva sostiene que esas fuerzas son, de hecho, las responsables del problema del hambre en primer lugar. En “¿Quién alimenta realmente al mundo?” hace un poderoso manifiesto que alza la voz por la justicia agrícola y la sostenibilidad genuina, basándose en los treinta años de investigación y logros de Shiva en este campo.

Cada año mueren 222.000 personas en todo el mundo envenenados por los pesticidas, según la OMS. Las mismas sustancias químicas que se emplearon en guerras, como el Agente Naranja en Vietnam, se utilizan hoy para acabar con las plagas, y de paso con todo el planeta, según Vandana Shiva, quien  urge un nuevo modelo de agricultura más sostenible y local, en el que la mujer vuelva a tener un papel central. Asimismo, la activista india, que se ha convertido en el azote de las multinacionales, responsabiliza a la multinacional Monsanto de los suicidios de 300.000 agricultores en la India por el pago de patentes de semillas modificadas

En lugar de depender de la modificación genética y el monocultivo a gran escala para resolver la crisis alimentaria mundial, la autora propone que consideremos la agroecología, el conocimiento de la interconexión que crea los alimentos, como una alternativa real y posible frente al paradigma industrial. Shiva establece de manera sucinta y elocuente las redes de personas y procesos que alimentan el mundo, explorando cuestiones de diversidad, las necesidades de pequeños productores, la importancia de guardar semillas, el movimiento hacia la localización y el papel de las mujeres en la producción de alimentos del mundo.

Doctora en Física y activista ambiental de renombre que lucha por la justicia económica, alimentaria y de género, Vandana Shiva es autora y editora de muchos libros influyentes como Making Peace with the Earth, Earth Democracy, Soil Not Oil, Staying Alive, Stolen Harvest, Water Wars, y Globalization’s New Wars. Ha recibido más de…

Dice en la promoción de su obra que recibió amenazas directas de Monsanto cuando los denunció. “Monsanto es la compañía más importante del mundo de semillas, pero no tenía nada que ver con ellas hace 20 años. No han creado ninguna semilla, lo que han hecho es modificarlas genéticamente y por eso dicen que las han inventado y compran todas las patentes. Ellos mismos son los que escribieron el acuerdo con la Organización Mundial del Comercio (OMC) para tener su monopolio, pero en 1991 hubo una revisión y empecé a trabajar en el Parlamento para que no se permitieran estas patentes. Una semilla no es una invención ni una máquina, sino una expresión regulada de un sistema vivo que se reproduce, se multiplica y se adapta. Cada vez que me interpongo en el camino de Monsanto recibo amenazas, pero lo relevante para todos es que esta nueva economía que dirige un 1% quiere poseer nuestros recursos y nuestras mentes, y lo siguiente será que nos digan qué tenemos que pensar. Pero tienen miedo, porque no puedes enfrentarte al 99% del mundo y no tener miedo, y ese miedo es el que genera los sistemas de vigilancia. Lo que he aprendido en esta vida es que las plantas se autorregulan solas, si las sometes a químicos ocurre lo que en Estados Unidos, que la mitad de sus campos están cubiertos de superhierbas. Lo que busca ese 1% es el control de la política y de la democracia representativa a través de mensajes falsos como los de Trump. Tenemos que recuperar la capacidad de pensar por nosotros mismos y nuestra libertad”.

En los años 80, investigó la revolución verde empezó en Punjab, y dice: “Pero no fue una revolución, lo que se hizo fue introducir productos químicos en la agricultura por una imposición de los Estados Unidos y el Banco Mundial. Sí, el presidente Johnson, la Fundación Rockefeller y la Fundación Ford forzaron a la India para que aceptase la introducción de químicos cuando el país era próspero. Yo me licencié en Ciencias Físicas en Punjab en 1973 y hacia el final de la década había mucha violencia. Entonces la revolución verde recibió un Premio Nobel con el argumento de que era lo que traería la prosperidad pero, ¿sabe lo que querían? Lo que no querían, en realidad, es que India fuese hacia el ‘rojo’ de China, ese era su gran temor, y el color verde no tiene nada que ver con la ecología. No había ningún movimiento ecológico detrás, simplemente un color distinto. Y recibieron un Nobel de la Paz cuando en Punjab había una guerra, en una tierra en la que murieron 30.000 personas por culpa de esos movimientos. Entonces me empecé a preguntar qué era lo que había pasado, por qué la gente estaba en contra. Los agricultores me dijeron en una reunión: “Si no podemos decidir qué cultivamos –porque les forzaban a cultivar arroz y trigo-, ni tampoco cómo lo hacemos y nos obligan a utilizar químicos, si ni siquiera podemos decidir el precio de venta, estamos en un modelo de esclavos”.

Denuncia también que la violencia de los transgénicos la encontramos a muchos más niveles: “Todos los sistemas vivos se autorregulan y las semillas también, y una de las primeras violencias es reducirlo todo a un gen; no puedes decir que has creado una planta por haber modificado un gen. En India las leyes no permiten crear patentes para las semillas, pero Monsanto continua pidiendo regalías a los agricultores y ellos no tienen dinero. Les dicen que si firman un papel serán multimillonarios, pero el documento lo que dice en realidad es que la tierra será de la corporación si no pagan, y cuando pasan un par de años se acaban quedando con su tierra y el agricultor se suicida porque no puede pagar. Ya se han suicidado 300.000 agricultores en India por culpa de Monsanto”.

“Cuando asesoré a Zapatero hubo una época en que el Ministerio de Medioambiente no podía tomar sus propias decisiones porque estaban manipulados por la industria de los transgénicos”.

Otra forma de violencia es la que se ejerce contra la naturaleza. Las corporaciones decían que iban a hacer milagros, como cultivar alimentos en el Sáhara, pero lo que tenemos son cultivos BT, que contienen pesticidas que matan a los insectos polinizadores de las plantas. Ya han matado al 66% de los organismos que vivían en las tierras algodoneras; también han matado abejas y han surgido patógenos en la comida de los animales, también los pájaros empiezan a morir. En Argentina hay bebés que tienen diez veces más cáncer que antes, y en Honduras y Sri Lanka ocurre lo mismo con los trastornos de hígado. No solo se destruye el planeta, sino también la salud.

¿Por qué si la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que los transgénicos son perjudiciales sigue produciéndolos Monsanto? Han destruido a todos mis amigos científicos que trabajaban para el Gobierno, les han robado las tierras. Se han cargado todas las instituciones científicas y esa es la mayor de las violencias, la que atenta contra la ciencia y la democracia.

Nuestras estructuras están diseñadas para proteger la salud y el medioambiente, pero Monsanto corrompe a los Gobiernos. Cuando asesoré a Zapatero hubo una época en que el Ministerio de Medioambiente no podía tomar sus propias decisiones porque estaban manipulados por la industria de los transgénicos.

Dice en el libro que las agroquímicas trajeron la guerra a los campos, que los productos que se utilizaron primero para matar personas, como el Agente Naranja en Vietnam, se usaron luego como pesticidas.“La industria de los pesticidas dice que todos los insectos deben ser exterminados, pero la naturaleza es capaz de controlar las plagas a través de la diversidad sin necesidad de químicos. Si planto nueve cultivos distintos, esas diferentes plantas alimentarán a los diversos insectos y mantendrán el equilibrio ante los depredadores. Lo que significa que un insecto no se convertía en plaga porque se controlaban entre ellos. Cuando devolvemos materia orgánica al suelo y reciclamos semillas, las plantas tienen más resistencia a una plaga.Hemos realizado muchos estudios y prueban que si empleas fertilizantes químicos la planta tienen más agua y las plagas pueden atacar, se generan mayores plagas en tanto la materia orgánica las reduce. En segundo lugar, las plantas tienen un mecanismo de control de plagas que consiste en que cuando un insecto ataca a una de ellas, suelta una sustancia que afecta a las demás plantas, es decir, construye su inmunidad. Porque son inteligentes, tienen sobrada resistencia a las plagas. Y ocurre al contrario con los pesticidas y el veneno que tienen los transgénicos, las plantas se vuelven vulnerables y las plagas se hacen más resistentes y se incrementan”.

Cree que el urbanismo debería integrar la planificación de alimentación, incluyendo los mercados, el cultivo de cercanía… Empezar por lo pequeño sin destruir la agricultura y nuestra salud.

Otras de sus declaraciones con  motivo de la promoción del libro han sido: 

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