viernes,3 diciembre 2021
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Un 6% de la población española ofrece ese tipo de actividad

La llamada «economía colaborativa» se muestra imparable

Redacción
Airbnb, BlaBlaCar, Uber, Wallapop, Nubelo y todo un sinfín de nuevos nombres están ahí para indicarlo... La llamada economía colaborativa resulta imparable, aunque algunos críticos del fenómeno indican que bajo este nombre se ofrece lo que en castellano analógico se llamaba "gato por liebre", porque la colaboración más claramente demostrada por algunos de sus oferentes es con sus expectativas de beneficios.

De algunos estudios se desprende que el 6% de la población española ofrece productos o servicios bajo este modelo de la «sharing economy», según LA RAZÓN Se trata de la cifra más alta de la Unión Europea, donde ya el año pasado el Parlamento Europeo promovió con vistas a su regulación el informe de A. Sundararajan  “The collaborative economy: socioeconomic, regulatory and labour issues”, Bruselas, 2017. que recogía un famoso resumen con los nombres de dos centenares de empresas de 16 sectores que ya se reclamaban en 2016 de "economía colaborativa". (gráfico superior). La cifra española es un punto superior a la media. Y según un informe publicado en octubre por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), en España uno de cada tres internautas utiliza este tipo de plataformas al menos una vez al año.

"Algunas de las empresas que se presentan como de economía colavorativa lo único que hacen es simplemente explotar a fondo las posibilidades del comercio electrónico de bienes y servicios, aunque obtienen mayor rentabilidad si involucran a personas que telebraban y a trabajadores o consumidores llevados de una u otra forma a economías externas negativas que así pasan a elevar la rentabilidad de los promotores de tales proyectos", declara el profesor Gustavo Matías, autor en el año 1999 de media docena de libros de la colección "Autoempleo con teletrabajo" publicada por La Gaceta de os Negocios y el Instituto de Fórmación Empresarial de la Cámara de Comercio e Industria de Madrid, así como de otros siete libros bajo el títuo de Manual de Comercio Electrónico, todo ello antes de publicar el libro "Digitalismo, Horizonte Sociocultural Emergente:" (Taurus, 2001), donde se anunciaba un capitalismo digital distinto de los previos financiero, indusrial o mercantil. Matías es miembro del consejo editorial de Ibercampus.es y antes habia escrito que las telecomunicaciones se sitúan desde hace varias décadas en el umbral del infolítico, era de la humanidad conceptualizada a finales de los ochenta él mismo, que en1995 coordinó un informe especial del BBV  iniciado con su artículo académico "Telecomunicaciones en el umbral del infolitico: una introducción prospectiva". Algo más de una década después, el "Diccionario de uso del español actual", publicado en 2006 por Ediciones SM, incluye por primera vez el término "infolítico" o "infolítica", tras aparecer en numerosos libros y algunas publicaciones académicas, como "Referido a un periodo histórico que se caracteriza por el uso generalizado de la información".

El caso es que actual trabajo en plataformas informñaticas o electrónicas en el marco de la economía (indebidamente denominada) colaborativa es uno de los mayores desafíos a los que se encuentra el Derecho de la economía en el siglo XXI, según las conclusiones de un trabajo bajo el titulo "La agenda reguladora de la economía colaborativa", esrito por Miguel Rodríguez-Piñero Royo, Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social Universidad de Sevilla y Senior Counsellor de la consultora y auditora  PwC en el número 138/2017 de la revista académica TEMAS LABORALES, págs. 125-161: 

"Supone nuevas formas de prestar, comprar, facturar, dirigir y controlar las actividades económicas, utilizando canales originales basados en tecnologías de fácil acceso. El marco regulatorio tradicional fue diseñado en un contexto productivo radicalmente diferente; y aunque dispone de mecanismos de adaptación y modernización, éstos no parecen ser suficientes en un contexto que podemos considerar disruptivo, por la coincidencia temporal e interacción de diversos fenómenos que incluyen, pero no solo, a los cambios tecnológicos. Es por ello que se está debatiendo sobre la necesidad de una intervención reguladora en la economía colaborativa, adoptando el marco normativo de los servicios y de los factores de producción, o generando otro nuevo. Este debate, en el que hay también opiniones favorables a la desregulación o autorregulación, parece inclinarse definitivamente por una opción reguladora. Se acepta, en consecuencia, la oportunidad y conveniencia de acometer una intervención de los sujetos con poder normativo. A partir de aquí, se sigue discutiendo sobre cuáles debe ser los objetivos a lograr, cuál debe ser su contenido y cuáles podrán ser los instrumentos reguladores. Se habla en este sentido de que existe una “agenda legislativa” para la economía colaborativa. Se han realizado ya diversas aportaciones sobre cuál debe ser su contenido, aunque las experiencias de implantación han sido hasta el momento muy escasas. Nos encontramos en gran medida en una fase prelegislativa, donde los distintos consensos sobre la oportunidad de nueva regulación no han llegado todavía a traducirse en la adopción de medidas concretas. La agenda legislativa contiene en su seno una agenda laboral, un conjunto de medidas que se demandan para resolver las graves cuestiones que plantea el trabajo en plataformas. En prácticamente todas las propuestas que se están elaborando para regular la economía colaborativa tienen su sitio las medidas laborales, e incluso llegan a elaborarse otras monográficas sobre estos aspectos. Esto resulta perfectamente comprensible, porque la realidad del mercado digital pone de manifiesto la existencia de serios riesgos para la ordenación del trabajo y para las personas que acuden a prestar sus servicios. A pesar de toda su potencialidad, la economía colaborativa no genera por sí misma el tipo de trabajos que la sociedad necesita; y el mecanismo que convierte actividad económica en empleo digno, reparto de riqueza y sostenibilidad social no es otro que la regulación laboral, estatal o colectiva. Hasta que ésta se desarrolle, la economía colaborativa seguirá siendo un factor de riesgo para las sociedades, y sus grandes expectativas no se verán cumplidas", concluia Rodríguez-Piñero Royo.

Potencial y primeras realidades

Ya en 2011, la revista TIME publicaba un artículo1 en el que consideraba a la economía colaborativa como una de las diez ideas que cambiarían el mundo. Según datos estimados por la consultora PWC en 20162, estamos hablando de un mercado global potencial de 570.000 millones de dólares para 2025 y con más de la mitad de la población española dispuesta a compartir, según un estudio de la consultora Nielsen. Este fue realizado en 2014, cuando más de la mitad de los españoles (53%) estaría dispuesto a compartir o alquilar bienes personales, según refleja el último informe de Nielsen ‘Compartir en Sociedad’.  Esa cifra era superada entonces por el 61% de griegos y un 60% de portugués, al igual que un 55% de los italianos, con un máximo en Eslovenia: 71% de sus ciudadanos.

Algunas de las 500 primeras empresas españolas de "economia colaborativa"

Rentalia se establece en España en 2003,  Cuentan con más de 100.000 alojamientos distribuidos en 7 países, con un trá co de más de 15 millones de visitas al año. 

HomeAway, presente en España desde 2010, 533 millones de usuarios únicos, 1 billón de visitas al año (+17%) y más de 1.2 millones de alojamientos en 190 países (datos de diciembre de 2014 a diciembre de 2015) cerca de 86 millones de peticiones a través de todas las webs a nivel mundial. 

BlaBlaCar,  fundada en Francia en 2006,  está presente en España desde el 2010 y cuenta con más de 2.5 millones de usuarios en nuestro país. 

Housers es la mayor plataforma de crowdfunding in- mobiliario en España.En un año y medio de andadura, han conseguido llegar a contar con más de 35.500 usuarios en la plataforma, con más de 18 millones de euros invertidos y 81 inmuebles comprados. 
Drivy,  fundada en junio de 2015, ha conseguido llegar a los 36.000 usuarios y los 2.200 coches, realizando más de 22.000 días de alquiler en España, con más de 7.000 comentarios positivos en sólo un año. 
Estamos asistiendo, en de nitiva, a un profundo cambio de paradigma con respecto al consumo, la propiedad y las relaciones sociales que se está materializando en nuevos modelos económicos, donde la tecnología permite nuevas maneras de conectar, crear y compartir valor.
El consumo colaborativo es la parte de la economía colaborativa que está creciendo más rápido y permite a individuos colaborar, explotar y compartir servicios o bienes, por medio del intercambio o trueque, o bien convirtiéndose en micro-productores o emprendedores que prestan servicios u obtienen un rendimiento de sus activos infrautilizados mediante el alquiler de los mismos.
Sin embargo, como colectivo que reúne a diversas empresas que operan bajo éste y otros modelos similares, en SE han observando una fragmentación cada vez mayor en el concepto de economía colaborativa, desde aproximaciones bastante restrictivas, en las que solamente se consideran economía colaborativa a los modelos entre particulares o P2P (peer to peer) a posiciones más amplias que también consideran incluidas la denominada economía bajo demanda o de acceso.
Igualmente hemos detectado que existe una necesidad de definir los modelos de interacción social y económica que se dan entre usuarios en el entorno digital, en base a sus transacciones, respetando la actuación de mero intermediario que lleva a cabo la plataforma. Ésta será normalmente titularidad de una empresa que llevará a cabo una actividad de intermediación propia de la sociedad de la información y habitualmente con ánimo de lucro determinando, según su modelo, qué tipo de actividades se llevan a cabo dentro de la misma, pudiendo ser éstas de naturaleza altruista, con o sin ánimo de lucro o mixtas.
existencia de movimientos de economía colaborativa of ine con notable implantación: los bancos del tiempo, los grupos de consumo, los huertos urbanos, los espacios makers, fablabs o los coworkings son claros ejemplos de esta economía colaborativa of ine.
Sin embargo, también es cierto que el uso de la tecnología es una de las claves que ha propiciado la expansión y el crecimiento exponencial de estos modelos gracias a la facilidad de conectar de manera instantánea oferta y demanda, por lo que hemos considerado apropiado centrarnos en la economía colaborativa, bajo demanda y de acceso que sucede online gracias a las plataformas tecnológicas que ponen en contacto a los usuarios. 
Es cierto que la economía colaborativa y la economía bajo demanda se presentan en conjunto como un fenómeno económico, político y social. Sin embargo, es objeto de este documento centrar el estudio del fenómeno desde el punto de vista empresarial, del consumo y la producción generando, desde esta perspectiva, un análisis que ayude a todos los stakeholders a situarse en el contexto y las particularidades que acompañan a cada iniciativa empresarial o social que se desarrolla en los nuevos modelos económicos que orecen actualmente en el mundo. 
El modelo está en auge, y no deja de crecer a gran velocidad en todo el mundo. Se refiere a un sistema que permite compartir todo tipo de bienes: activos tangibles y servicios, pero también tiempo y habilidades sociales, aprovechando recursos de una forma más eficiente. El único denominador común es la base tecnológica y la existencia de una comunidad.
Los datos más actualizados del Eurobarómetro, a nivel europeo, 2016 reflejan que este tipo de plataformas colaborativas obtuvieron unos ingresos brutos estimados de 28.000 millones de euros en 2015. Y, según los expertos, este sistema podría añadir entre 160.000 y 572.000 millones de euros a la economía de la UE. De hecho, se prevé que el número de partícipes en Europa supere los 150 millones en el futuro más inminente.
España está a la cabeza. Y a las fuentes consultadas no les sorprende, ya que la crudeza de la crisis que ha azotado el país durante los últimos años ha fomentado sobremanera la tendencia hacia el consumo colaborativo. Más allá de que predominen los demandantes frente a los oferentes, los usuarios recurren a estas plataformas porque obtienen un precio más ventajoso y servicios más adaptados a sus necesidades. 
Los resultados del Panel de Hogares, de la CNMC, reflejan que las plataformas colaborativas más empleadas son las de compra o alquiler de productos de segunda mano, que casi un 27% de los internautas las usan al menos una vez al año; seguidas del alojamiento en casa de otro particular, con un 9,7% de uso; y de aquellas plataformas que facilitan compartir trayectos en automóvil entre ciudades, con un 6,4% de uso.
«Tenemos bienes a los que no sacamos partido. Por ello, existe una necesidad común de hacerlo. Y no sólo bienes, sino nuestro capital humano como un recurso más para obtener ingresos». Desde Spotahome –plataforma on-line de reservas de alquiler de vivienda no vacacional– recuerdan que el aumento del desempleo ha llevado a una parte de los españoles no sólo a buscar productos o servicios más económicos, sino a ofrecer los suyos propios para lograr beneficios.
Si bien la cultura española siempre ha sido colaborativa y abierta, España ha evolucionado en los últimos años hacia este modelo de economía. De ahí, las más de 500 empresas españolas que han nacido en los últimos años, abarcando todos los sectores: desde el inmobiliario hasta la compraventa de artículos de segunda mano, pasando por el financiero e incluso el tecnológico.
Mientras que los principales beneficiados son los usuarios finales, la economía colaborativa «atenta» contra el «status quo» de sectores productivos donde esta nueva manera de generar e intercambiar valor está creando una fuerte disrupción. Albert Cañigueral, experto en Economía Colaborativa, revela que si en algunos casos podrán coexistir (hoteles y alojamientos P2P que cubren necesidades diferentes), en otros, donde el servicio ofrecido está menos diferenciado (movilidad, préstamos…), pueden suponer una verdadera amenaza de colapso. «Especialmente en estos casos hay que buscar un equilibrio normativo entre los diferentes modos de producción», agrega. Pero las empresas de economía colaborativa también generan nuevas oportunidades de negocio para los sectores más tradicionales.
Cañigueral considera que la sociedad española presenta dos ventajas interesantes para el éxito de este sector. Por un lado destaca que la penetración de smartphones y redes sociales en nuestro país es de las más altas de Europa. Por el otro, recuerda que los españoles están muy habituados a los cambios y a las grandes transformaciones. Otro estudio de PwC corrobora que los productos y servicios que más se prestan en plataformas de «sharing economy» se incluyen en sectores como los alojamientos «peer-to-peer», casas que alquilan una habitación o una casa entera a viajeros; el transporte «peer-to-peer», trayectos a cambio de un pago, compartir gastos de una trayecto, alquilar coche o estacionamiento a otros; servicios bajo demanda para el hogar, mercados de proveedores que permiten obtener ayuda en tareas del hogar; servicios bajo demanda de profesionales de la administración, la contabilidad o la consultoría, y las finanzas colaborativas, referidas a individuos y negocios que invierten, prestan o reciben dinero directamente entre ellos.
«Una revolución no se produce cuando una sociedad adopta nuevas herramientas, sino cuando la sociedad adquiere nuevos comportamientos», decía Clay Shirky. Y Cañigueral afirma que el mayor cambio se deriva del incremento de la confianza entre desconocidos mediante el uso de la tecnología y de reglas claras y transparentes. La combinación de tecnología, nuevas fuentes de confianza y nuevos derechos ciudadanos han sido los motores del cambio a nivel histórico. Y eso es lo que está ocurriendo ahora mismo con la economía colaborativa, cuya mayor oportunidad pasa por contribuir a cambiar la manera de pensar, y, en este caso, de consumir.
Economía colaborativa
La economía colaborativa la conforman aquellos modelos de producción, consumo o nanciación que se basan en la intermediación entre la oferta y la demanda generada en relaciones entre iguales (P2P o B2B) o de particular a profesional a través de plataformas digitales que no prestan el servicio subyacente, generando un aprovechamiento e ciente y sostenible de los bienes y recursos ya existentes e infrautilizados9, permitiendo utilizar, compartir, intercambiar o invertir los recursos o bienes, pudiendo existir o no una contraprestación entre los usuarios.10
Economía bajo demanda
Dentro de la economía bajo demanda, encontramos aquellos modelos de consumo y provisión de servicios que se basan en la intermediación entre la oferta y la demanda generada habitualmente de profesional a consumidor (B2C) a través de plataformas digitales que no prestan el servicio subyacente y cuya prestación se origina en base a las necesidades del usuario que demanda y se adapta a sus preferencias, prestándose normalmente a cambio de una contraprestación y habitualmente con ánimo de lucro.11
La diferencia fundamental de este tipo de modelos bajo demanda y los modelos colaborativos es que entre los usuarios existe una relación comercial, es decir, son plataformas en las que tiene lugar la prestación de un servicio ya sea por parte de profesionales o por parte de particulares, dependiendo del modelo.
Economía de acceso
Finalmente, consideramos que forman parte de la economía de acceso12 aquellos modelos de consumo en los cuales una empresa, con nes comerciales, pone a disposición de un conjunto de usuarios unos bienes para su uso temporal, adaptándose al tiempo de uso efectivo que requieren dichos usuarios y exibilizando la localización espacial de los mismos.13
Si bien la economía colaborativa ya fomenta el acceso frente a la propiedad de los bienes, la economía de acceso hace referencia únicamente a los modelos en los que la plataforma digital sí presta el servicio subyacente y los usuarios normalmente no tienen contacto directo entre sí para efectuar las transacciones. 
 

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