sábado,29 enero 2022
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El Leviatán como Tercera Cultura

«Lo mismo despiertos, que soñando»: Hobbes sobre la virtualidad de lo real

Vanity Fea
Empieza fuerte e impresionante el Leviathan de Hobbes, tanto que voy a traducir aquí ese comienzo, el capítulo I, "Of Sense", de la parte primera "Of Man"—para dejarme más fuerte impresión de él.

Empieza fuerte e impresionante el Leviathan

de Hobbes, tanto que voy a traducir aquí ese comienzo, el capítulo I,

«Of Sense», de la parte primera «Of Man»—para dejarme más fuerte

impresión de él. Trata aquí de la percepción, desde un punto de vista

empirista y materialista, pero no simplista. Obsérvese de manera

notable cómo define Hobbes la realidad como una

realidad constituida

por la actividad mental del organismo en su actividad hacia el

exterior—muy a la manera en que lo harán psicólogos materialistas

como

George Herbert Mead siglos después. (Ver el

ensayo de Mead «La cosa

física» a este respecto). Esta tesis es a lo que me refiero con la

Virtualidad de lo Real en Hobbes. Sigan los pasos del razonamiento en

el que define qué es la percepción, que vale la pena.

DEL

HOMBRE

Cap. I

Del SENTIDO


En lo referente a los pensamientos del hombre, los trataré primero Aisladamente, y después en Secuencia o dependencia unos de

otros. Aisladamente, cada

uno de ellos es una Representación o

Apariencia, de alguna

cualidad, u otro accidente de un cuerpo externo a nosotros, lo que

comúnmente se llama un Objeto.

Objeto que afecta a los ojos, oídos y otras partes del cuerpo del

hombre, y por diversas maneras de afectar, produce una diversidad de

Apariencias.


La Original es la que llamamos el SENTIDO; (pues no hay

concepción en la mente humana que no haya sido antes engendrada,

totalmente o por partes, en los órganos del Sentido.) Las demás derivan

de ese original.


El conocer las causas naturales del sentido no es muy necesario para el

asunto que ahora tenemos entre manos; y en otros sitios he escrito

sobre ello por extenso. Sin embargo, para rellenar cada parte de mi

método actual, pondré brevemente lo mismo aquí.


La causa del Sentido, es el Cuerpo Externo, u Objeto, que presiona al

órgano propio de cada sentido, ya sea inmediatamente, como en el Gusto

y el Tacto; o mediatamente, como en la Vista, el Oído, y el Olfato:

presión que, por mediación  de los Nervios, y otros hilos, y

membranas del cuerpo, continuada hacia dentro al Cerebro y al Corazón,

causa allí una resistencia, o contra-presión, o empeño del corazón, por

liberarse: este empeño, al ir dirigido hacia Afuera, da la impresión de

ser algo exterior. Y este parecer,

o fantasía, es lo que los

hombres llaman Sentido [o

percepción sensible]; y consiste, en lo referente al ojo, en una Luz, o Color, figurado [imaginado,

representado]; Al Oído, en un Sonido,

Al agujero de la Nariz, en un Olor, A

la Lengua y Paladar, en un Sabor;

Y al resto del cuerpo, en Calor,

Frío, Dureza, Suavidad,

y otras cualidades tales que

distinguimos por el Tacto.

Todas estas cualidades llamadas Sensibles, están

en el objeto que las causa, pero están en tanto que diversos

movimientos de la materia, mediante los cuales presiona de modo diverso

nuestros órganos. Ni tampoco en nosotros que somos presionados son otra

cosa que movimientos diversos; (puesto que el movimiento no produce

sino movimiento). Pero su apariencia para nosotros es Fantasía, lo

mismo despiertos, que soñando. Y al igual que oprimir, frotar, o

golpear el ojo, nos hace imaginar que vemos una luz; y apretar el oído,

produce un estrépito; del mismo modo también los cuerpos que vemos, o

que oímos, producen lo mismo por su acción fuerte, aunque invisible.

Puesto que si esos Colores, y Sonidos, estuviesen en los Cuerpos, u

Objetos que los causan, no podrían ser separados de ellos, como vemos

que lo son con espejos, y en los Ecos, por reflejo; donde sabemos que

la cosa que vemos está en un sitio; y la apariencia en otro. Y aunque a

cierta distancia, el objeto real mismo parece investido con la fantasía

que engendra en nosotros; Sin embargo el objeto sigue siendo una cosa,

y la imagen o fantasía es otra. De modo que el Sentido en todos los

casos, no es otra cosa que fantasía original, causada (como he dicho)

por la presión, es decir, por el movimiento, de las cosas externas

sobre nuestros Ojos, Oídos, y otros órganos ordenados hacia eso.

Pero la Filosofía de escuela,

por todas las Universidades de la Cristiandad, fundada sobre ciertos

Textos de Aristóteles,

enseñan otra doctrina; y dicen, En cuanto a la causa de la Visión, que la cosa vista, envía

fuera por todas partes una especie

visible (o en inglés) una imagen

visible, aparición, o aspecto, o un ser vista; cuya recepción en el

Ojo, es Ver. Y en cuanto a la

causa del Oír, que la cosa

emite una Especie audible, es

decir, un Aspecto audible, o

un Ser visto audible; que

entrando por el Oído, hace Oír.

Es más, en cuanto a la causa del Entendimiento

también, dicen que la cosa Entendida emite especies inteligibles, es decir un ser visto inteligible;

que al llegar al Entendimiento, nos hace Entender. No digo esto por

desaprobar el uso de las Universidades; sino porque como he de hablar

más adelante de su función en una Comunidad política, he de haceros ver

en todas las ocasiones al paso, qué cosas habrían de enmendarse en

ellas; entre las cuales una es la frecuencia de Palabras sin sentido.

Lo mismo despiertos, que soñando,

lo que vemos no es lo que hay «allí fuera», sino una reacción generada

por nuestra mente, un mundo estructurado no meramente por lo que el

mundo es en sí, sino por lo que somos nosotros en nuestra interacción

con él, y por cómo reaccionamos a él, y por nuestra capacidad de acción

en él.

En el ensayo de Mead sobre «La cosa física» puede verse una reinterpretación de la

«esencia» de un objeto físico, o más bien, en la tradición empirista

Lockeana, de sus «cualidades primarias», que pasan aquí a ser también

secundarias, referidas al organismo-sujeto y a su capacidad de acción

sobre el objeto. La materia, tal como la reinterpreta Mead, es un tipo

de respuesta dada por el organismo al entorno, respuesta siempre

mediatizada por sus capaciades de acción en ese entorno, y por la

inhibición de sus propios impulsos de acción o «actitudes» bloqueadas.

Podríamos ver este análisis de Mead, en clave desconstruccionista, como

una redefinición paradójica de lo «subjetivo» y lo «objetivo», o de la

«voluntad» y el «mundo», buscando a ambos una base común en la

experiencia de autorregulación del sistema nervioso del organismo en su

respuesta tanto a sí mismo y su propia actividad como a impulsos

sensoriales más directos; el objeto y la actitud subjetiva hacia él,

por no hablar del propio sujeto o su autoconcepto, son así fenómenos

emergentes a partir de un nivel de acontecimientos que deben ser

descritos a un nivel de análisis diferente. Observemos que la teoría de

la percepción de Mead es perfectamente consistente con otras teorías

ecológicas de la percepción y de la constitución mental de objetos como

la del umwelt

relativista de las diferentes especies propuesta por la biosemiótica de

von Uexküll, o la más reciente de Donald D. Hoffman referida a la

construcción del mundo visual como una interfaz. Véase a este respecto «La teoría de la interface de la percepción» en La Nueva Ilustración Evolucionista;  «The Interface Theory of Perception», y «The Construction of Visual Reality»,

de Donald D. Hoffman. Estas teorías cognitivistas extraen las

consecuencias ecológicas y cognitivas de un principio central en la

biosemiótica y en el cognitivismo ecológico (Mead, Uexküll): a saber,

que la percepción constituye un entorno de realidad (semiótica)

relativo al organismo y el ambiente en el que se desenvuelve, y que no

puede confundirse esta realidad relacional con una supuesta realidad

«en bruto». De hecho, las bases de esta «virtualización» de lo real se

hallan ya en la teoría empirista de la percepción. Es famoso el caso

del inmaterialismo de Berkeley, una especie de fenomenología avant la lettre, propuesto por un autor que ya en su Ensayo sobre una teoría de la visión

definió los objetos físicos como una construcción mental a partir de la

combinación diversos datos sensoriales.  Yendo más atrás, podemos

ver en el principio cognitivista sentado por Hobbes un precedente de

estos planteamientos, y más en concreto de la definición del objeto

físico realizada por Mead, remitiéndolo a la reacción proyectiva del

organismo en su respuesta integrada a los impulsos sensoriales. El

objeto que estimula el sentido es una cosa, nos dice Hobbes, y la

fantasía de ese objeto producida por la mente es otra. Es un análisis

materialista de la realidad que es a la vez inmaterialista, y por ello

más sutil y con más potencial que el materialismo vulgar propuesto por

Lenin en Materialismo y Empiriocriticismo, que pretende eliminar de un plumazo el problema de la construcción mental de la realidad percibida.

Con el mismo impulso de pura inteligencia y de crítica empirista al

escolasticismo, y al materialismo simplista, empieza el capítulo 2 de Leviathan, «Of Imagination»—no

hablando exactamente de la imaginación, sino con una refutación de la

física

aristotélica, y formulando el principio de la inercia con toda claridad

y rotundidad:

Cap.

II

De la IMAGINACIÓN


El que cuando una cosa está

quieta, a menos que alguna otra cosa la agite, seguirá quieta para

siempre, es una verdad de la cual nadie duda. Pero que cuando una cosa

está en movimiento, estará en movimiento eternamente, a menos que

alguna otra cosa la pare, aunque la razón sea la misma (a saber, que

ninguna cosa puede cambiarse a sí misma,) no es algo a lo que se

asienta con tanta facilidad. Porque los hombres miden, no sólo a los

otros hombres, sino a todas las otras cosas, por sí mismos: y como se

encuentran a sí mismos sujetos tras el movimiento a esfuerzo, y

cansancio, piensan que cualquier otra cosa se cansa con el movimiento,

y busca reposo por sí misma; parándose poco a considerar si no será en

algún otro movimiento, en lo que consiste ese deseo de descanso que

encuentran en sí mismos. De aquí viene que los Escolásticos dicen, que

los Cuerpos pesados caen hacia abajo, debido a un apetito de reposo, y

por conservar su naturaleza en el lugar que les es más propio;

ascribiendo apetito, y Conocimiento de lo que es bueno para su

conservación, (cosa que es más de lo que tiene el hombre) a cosas

inanimadas de manera absurda.


Una vez un Cuerpo está en

movimiento, se mueve (a menos que alguna otra cosa se lo impida)

eternamente; y sea lo que sea que se lo impida, no puede extinguirlo en

un momento, sino con el tiempo, y gradualmente: Y del mismo modo que

vemos en el agua, que aunque cese el viento, las olas no dejan de

agitarse durante mucho rato después; de la misma manera sucede también

en ese movimiento, que se hace en las partes internas de un hombre,

entonces, cuando Ve, Sueña, etc. Puesto que después de apartar el

objeto, o de cerrar el ojo, aún retenemos una imagen de la cosa vista,

aunque más oscura que cuando la vemos. Y esto es lo que los Latinos

llaman Imaginación,

por

la imagen hecha al ver; y aplican la misma [palabra], aunque de modo

impropio, a todos los otros sentidos. Pero los griegos lo llaman

Fantasía: que significa apariencia, y es tan propia para un sentido,

como para otro. La IMAGINACIÓN

no es por tanto sino sentido en

decadencia; y se

encuentra en los hombres, y en muchas otras Criaturas vivas, tanto

durmiendo, como despiertos.

Hay que subrayar que esta formulación del principio de la inercia

aparece en Hobbes bastantes años antes de la obra de Newton, a quien se

le suele

atribuir bajo el nombre de «Primera Ley de Newton»—aunque hay otros

candidatos para esa formulación del principio

de la inercia, como Galileo, y como se ve aquí, el mismo Hobbes.

Lástima que a continuación aplique Hobbes este principio a una

explicación demasiado mecanicista de la imaginación como un resto

inercial de la percepción. Pero incluso en esta idea se apunta la

voluntad de una explicación materialista de la conciencia, que es más

moderna y osada en su planteamiento que la radical separación

cartesiana entre

materia y espíritu.

En esta voluntad de integración de lo material y lo espiritual, así

como en el proyecto que anima el conjunto de la obra de Hobbes, pasando

de la fisiología y la historia natural a la psicología, a la moral y a

la política, es donde se echa de ver la profundidad filosófica de su

pensamiento, y a la vez su modernidad. En Hobbes encontramos un

pensador de los fenómenos humanos como fenómenos naturales, en su

propio ámbito, y por tanto un

gran precursor y pensador de la consiliencia

entre los diversos tipos de explicaciones que damos a los fenómenos

naturales y a los fenómenos humanos. No pueden sino converger en él

ciencias naturales y ciencias morales, siendo el hombre producto no

(sin más) de Dios, sino de la Naturaleza, «ese arte mediante el cual

Dios ha creado y gobierna el mundo», como nos dice en

la Introducción

al Leviathan. Donde

algunos todavía ven intencionalismo teológico,

podemos ver más bien—viéndolo en su contexto—una voluntad de

explicación de los fenómenos humanos que sea íntegramente naturalista.

La integración de materialismo e idealismo que vemos en su teoría de la

percepción es un buen ejemplo de esta voluntad de síntesis y de este

naturalismo aplicado a los fenómenos de la mente.

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