jueves,26 mayo 2022
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Humor y Comunicación Política

Que los Jueces salgan en las grabaciones de los juicios

Humor y Comunicación Política
He escrito dos artículos en La Voz Libre y en Ibercampus sobre Carlos Berbell y Yolanda Rodríguez Vidales y sobre lo bien que lo han hecho, durante diez años, en el Consejo General del Poder Judicial.

Hace unas semanas, asistí a un juicio de faltas y me llamó la atención la comunicación no verbal, e incluso el paralenguaje, de la señora juez. Mucho más que el contenido de sus intervenciones.

Después, me he enterado de que quien participa en un juicio, recibe solo la grabación de las actuaciones de las partes, pero no la del juez. «¡Así, cualquiera!», exclama cualquier contribuyente, que es el que paga las cámaras, las grabaciones y el sueldo del juez. O dicho de otro modo, de nuevo nos encontramos con la ley del embudo.

No hace falta ser un lince para darse cuenta de que la relación juez-partes es asimétrica… mientras dura el juicio. Después, se ha puesto de moda eso de que «hay que acatar y respetar las decisiones de los jueces». Acatar, sí, porque no hay más remedio. Pero ¿qué es eso de respetar? ¿Qué las sentencias de los jueces han de estar exentas de críticas?

Recuerdo que el profesor D. José Luis Aranguren decía que él se negaba llamar «Magnífico» a un Rector, por muy magnífico que éste fuese. Lo mismo podemos decir de los jueces. Éstos no nos pueden privar a los contribuyentes de las imágenes de sus actuaciones. Sobre todo, si hay dos cámaras en la sala. Y si no las hay, tendremos que promover una petición para que, en cada sala, se instale esa cámara indispensable que capte lo que los jueces hacen con su cuerpo y transmiten con su voz.

El profesor Alfred Mehrabian estableció, hace más de cuarenta años, en su libro Silent Messages, la regla según la cual, la importancia de la comunicación Verbal era del 7%; el Paralenguaje o Comunicación Vocal contaba un 38%; y el 55% o Comunicación Visual (Lenguaje Corporal) era el factor que más contaba.

Lo que más me llamó la atención de la señora Juez era cómo asentía con su cabeza, repetidas veces, a lo que una de las partes afirmaba y cómo detenía tajantemente las intervenciones que le molestaban. ¿Se imaginan la que se organizaría en los medios de comunicación si quien entrevista en televisión comenta con sus gestos lo que el entrevistado dice? Pues eso es lo que puede ocurrir en muchos juicios.

Y entonces, ¿qué? Pues que los jueces han de aprender a comunicar y a conseguir no verbalmente una imparcialidad por la que les pagamos los contribuyentes. Y además, han de hacerlo pronto. Si no, van a ser pasto de los humoristas. Y el prestigio de algunos o muchos de ellos sufrirá, y mucho, cuando haya estudiantes y profesores que presenten ponencias en los Congresos y demuestren la gran parcialidad de muchos jueces.

No hace falta que me ponga solemne para afirmar una perogrullada: «Ha comenzado la marcha atrás para que los jueces se pongan al día en comunicación». Durante años, hay que ver la presión que han soportado los profesores de todos los niveles para que se pusieran al día.

Ahora, van a ser los jueces. Creo que, en los próximos años, vamos a ver en los Congresos científicos, un área temática dedicada a las actuaciones de los jueces. Y los estudios aparecerán en las revistas y en Internet.

¿Qué van a decir los jueces resistentes? ¿Qué ellos no quieren salir por razones de seguridad? Pues incluso esa respuesta será motivo de debates. Y si no, demos tiempo al tiempo.

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