miércoles,1 diciembre 2021
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Un entremés en colaboración con Miguel de Cervantes

El Retablo de las Mascarillas

Vanity Fea
El cual fabricó y compuso el sabio Tontonelo con tales puntos, caracteres y observaciones, que ninguno puede ver las cosas que en él se muestran que tenga alguna raza de confeso, que no lleve puesta su reglamentaria Mascarilla, o no sea habido y procreado de sus padres de legítimo matrimonio; y el que fuere contagiado destas tres tan usadas enfermedades, despídase de ver las cosas, jamás vistas ni oídas, de mi retablo. (14/03/21).

(Un entremés en un acto, en colaboración con Miguel de Cervantes)

 

 

 

😷 El Retablo de las Mascarillas 😮

GOBERNADOR.  Y ¿qué quiere decir Retablo de las Mascarillas?

CHANFALLA. Por las maravillosas cosas que en él se enseñan y muestran, y por las Mascarillas que a modo de Máscaras trágicas y cómicas adornan a actores y público, viene a ser llamado Retablo de las Mascarillas; el cual fabricó y compuso el sabio Tontonelo debajo de tales paralelos, rumbos, astros y estrellas, con tales puntos, caracteres y observaciones, que ninguno puede ver las cosas que en él se muestran que tenga alguna raza de confeso, que no lleve puesta su reglamentaria Mascarilla, o no sea habido y procreado de sus padres de legítimo matrimonio; y el que fuere contagiado destas tres tan usadas enfermedades, despídase de ver las cosas, jamás vistas ni oídas, de mi retablo. Y cuiden bien vuesas mercedes de no quitarse la Mascarilla, pues todos somos actores a nuestra manera, y sin ellas se disuelve pronto la Función.

BENITO. Aora echo de ver que cada día se ven en el mundo cosas nuevas. Y ¡qué! ¿Se llamaba Tontonelo el sabio que el Retablo compuso?

CHIRINOS. Tontonelo se llamaba, nacido en la ciudad de Tontonela; hombre de quien hay fama que le llegaba la barba a la cintura.

BENITO. Por la mayor parte, los hombres de grandes barbas son sabiondos.

CHIRINOS. Ante omnia nos han de pagar lo que fuere justo.

BENITO. Aquí no os ha de pagar ninguna Antona ni  ningún Antoño; el señor regidor Juan Castrado os pagará más que honradamente, y si no, el Concejo. ¡Bien conocéis el lugar, por cierto! Aquí, hermana, no aguardamos a que ninguna Antona pague por nosotros.

CAPACHO ¡Pecador de mí, señor Benito Repollo, y qué lejos da del blanco! No dice la señora Autora que pague ninguna Antona, sino que le paguen adelantado y ante todas cosas, que eso quiere decir ante omnia.

 

BENITO.  Mirad, escribano Pedro Capacho, haced vos que me hablen a derechas, que yo entenderé a pie llano; vos, que sois leído y escribido, podéis entender esas algarabías de Allende, que yo no.

[Entran al Retablo el GOBERNADOR, BENITO REPOLLO, JUAN CASTRADO, PEDRO CAPACHO, EL AUTOR y LA AUTORA, y EL MÚSICO, y otra gente del pueblo, y UN SOBRINO de Benito, que ha de ser aquel gentil hombre que baila.]

CHANFALLA. Siéntense todos. El Retablo ha de estar detrás deste repostero, y la Autora también, y aquí el músico.

BENITO. ¿Músico es éste? Métanle también detrás del repostero; que, a trueco de no velle, daré por bien empleado el no oílle.

CHANFALLA. No tiene vuestra merced razón, señor alcalde Repollo, de descontentarse del músico, que en verdad que es muy buen cristiano, y hidalgo de solar conocido.

GOBERNADOR. ¡Calidades son bien necesarias para ser buen músico!

BENITO. De solar, bien podrá ser; mas de sonar, abrenuncio.

 

RABEL. ¡Eso se merece el bellaco que se viene a sonar delante de […]!

BENITO. ¡Pues por Dios, que hemos visto aquí sonar a otros músicos tan […]!

GOBERNADOR. Quédese esta razón en el de del señor Rabel y en el tan del Alcalde, que será proceder en infinito; y el señor Montiel comience su obra.

BENITO. Poca balumba trae este autor para tan gran Retablo.

JUAN CASTRADO. Todo habrá de ser de Mascarillas.

CHANFALLA. ¡Atención, señores, que comienzo! —¡Oh, tú, quien quiera que fuiste, que fabricaste este Retablo con tan maravilloso artificio, que alcanzó renombre de las Mascarillas: por la virtud que en él se encierra, te conjuro, apremio y mando que luego incontinenti muestres a estos señores algunas de las tus maravillosas Mascarillas, para que se regocijen y tomen placer, sin escándalo alguno! Ea, que ya veo que has otorgado mi petición, pues por aquella parte asoma la figura del valentísimo Sansón, con la su mascarilla, abrazado con las colunas del templo, para derriballe por el suelo y tomar venganza de sus enemigos. ¡Tente, valeroso caballero; tente, por la gracia de Dios Padre! ¡No hagas tal desaguisado, porque no cojas debajo y hagas tortilla tanta y tan noble gente como aquí se ha juntado!

BENITO. ¡Téngase, cuerpo de tal conmigo! Bueno sería que, en lugar de habernos venido a holgar, quedásemos aquí hechos plasta! ¡Téngase, señor Sansón, pesia a mis males, que se lo ruegan buenos!

CAPACHO. ¿Veisle vos, Castrado?

JUAN CASTRADO. Pues, ¿no le había de ver? ¿Tengo yo los ojos en el colodrillo, o la Mascarilla delante dellos?

GOBERNADOR. [Aparte.] Milagroso caso es éste: así veo yo a Sansón aora como el Gran Turco. Pues en verdad que me tengo por legítimo y cristiano viejo. Y la Mascarilla, bien puesta la llevo.

CHIRINOS. ¡Guárdate, hombre, que sale el mesmo toro que mató al ganapán en Salamanca! ¡Échate, hombre, échate, hombre, Dios te libre, Dios te libre!

CHANFALLA. ¡Échense todos, échense todos! ¡Bicho, ho! ¡Bicho, ho! ¡Bicho, ho!

(Échanse todos, y alborótanse.)

 

BENITO. El diablo lleva en el cuerpo el torillo; sus partes tiene de hosco y de bragado; si no me tiendo, me lleva de vuelo.

JUAN CASTRADO. Señor Autor, haga, si puede, que no salgan figuras que nos alboroten; y no lo digo por mí, sino por estas mochachas, que no les ha quedado gota de sangre en el cuerpo, de la ferocidad del toro.

CASTRADA. Y ¡cómo, padre! No pienso volver en mí en tres días; ya me ví en sus cuernos, que los tiene tan agudos como una lesna.

JUAN CASTRADO. No fueras tú mi hija, y no lo vieras.

GOBERNADOR. [Aparte.] Basta; que todos ven lo que yo no veo; pero al fin habré de decir que lo veo, por la negra honrilla. Guarde yo puesta mi Mascarilla.

CHIRINOS. Esa manada de ratones que allá va, deciende por línea recta de aquellos que se criaron en el arca de Noé; dellos son blancos, dellos albarazados, dellos jaspeados y dellos azules; y, finalmente, todos son ratones.

CASTRADA. ¡Jesús! ¡Ay de mí! ¡Ténganme, que me arrojaré por aquella ventana! ¿Ratones? ¡Desdichada! Amiga, apriétate las faldas, y mira no te muerdan; y ¡monta que son pocos! ¡Por el siglo de mi abuela, que pasan de milenta!

CHANFALLA. Nada tema vuesa merced, si lleva la Mascarilla puesta, pasarán como el aire.

REPOLLA. Yo sí soy la desdichada, porque se me entran sin reparo ninguno; un ratón morenico me tiene asida de una rodilla. ¡Socorro venga del cielo, pues en la tierra me falta!

BENITO. Aun bien que tengo gregüescos: que no hay ratón que se me entre, por pequeño que sea.

CHANFALLA. Esta agua, que con tanta priesa se deja descolgar de las nubes, es de la fuente que da origen y principio al río Jordán. Toda mujer a quien tocare en el rostro, se le volverá como de plata bruñida, y a los hombres se les volverán las barbas como de oro.

CASTRADA. ¿Oyes, amiga? Baja la mascarilla y descubre el rostro, pues ves lo que te importa. ¡Oh, qué licor tan sabroso! Cúbrase, padre, no se moje.

JUAN CASTRADO.  Todos nos cubrimos, hija.

BENITO. Por las espaldas me ha calado el agua hasta la canal maestra.

CAPACHO. Yo estoy más seco que un esparto.

GOBERNADOR. [Aparte.] ¿Qué diablos puede ser esto, que aún no me ha tocado una gota, donde todos se ahogan? Mas, ¿si viniera yo a ser bastardo entre tantos legítimos? Pondréme dos Mascarillas.

BENITO. Quítenme de allí aquel músico; si no, voto a Dios que me vaya sin ver más figura. ¡Válgate el diablo por músicos aduendado, y qué hace de menudear sin cítola y sin son!

RABELÍN. Señor alcalde, no tome conmigo la hincha, que yo toco como Dios ha sido servido de enseñarme.

BENITO. ¿Dios te había de enseñar, sabandija? ¡Métete tras la manta; si no, por Dios que te arroje este banco!

RABELÍN. El diablo creo que me ha traído a este pueblo.

CAPACHO. Fresca es el agua del santo río Jordán, y aunque me cubrí lo que pude, todavía me alcanzó un poco en los bigotes, y apostaré que los tengo rubios como un oro.

BENITO. Y aun peor cincuenta veces.

CHIRINOS. Allá van hasta dos docenas de leones rampantes y de osos colmeneros; todo vivente se guarde; que, aunque fantásticos, no dejarán de dar alguna pesadumbre, y aun de hacer las fuerzas de Hércules, con espadas desenvainadas.

JUAN CASTRADO. Ea, señor Autor, ¡cuerpo de nosía! ¿Y agora nos quiere llenar la casa de osos y de leones?

BENITO. ¡Mirad qué ruiseñores y calandrias nos envía Tontonelo, sino leones y dragones! Señor Autor, o salgan figuras más apacibles, o aquí nos contentamos con las vistas, y Dios le guíe, y no pare más en el pueblo un momento.

CASTRADA. Señor Benito Repollo, deje salir ese oso y leones, siquiera por nosotras, y recebiremos mucho contento.

JUAN CASTRADO. Pues, hija, ¿de antes te espantabas de los ratones, y agora pides osos y leones?

CASTRADA. Todo lo nuevo aplace, señor Padre. ¡Mire vuesa merced qué moza tan galana paresce ahora, si no que con las Mascarillas semejamos todas moras de Berbería, ella y nosotras!

CHIRINOS. Esa doncella, que ahora se muestra tan galana y tan compuesta, es la llamada Herodías, cuyo baile de las Siete Mascarillas alcanzó en premio la cabeza del Precursor de la vida. Si hay quien la ayude a bailar, verán maravillas.

BENITO. ¡Ésta sí, cuerpo del mundo, que es figura hermosa, apacible y reluciente! ¡Hideputa, y cómo que se vuelve la mochacha. —Sobrino Repollo, tú que sabes de achaque de castañetas, ayúdala, y será la fiesta de cuatro capas.

SOBRINO. Que me place, tío Benito Repollo.

CAPACHO. ¡Toma mi abuelo, si es antiguo el baile de la zarabanda y de la chacona!

BENITO. Ea, sobrino, ténselas tiesas a esa bellaca jodía; pero, si ésta es jodía, ¿cómo vee estas maravillas?

CHANFALLA. Todas las reglas tienen excepción, señor Alcalde. Y vea que son siete las Mascarillas que lleva puestas la moza.

(Suena una trompeta, o corneta dentro del teatro, y entra  UN FURRIER de compañía).

 

FURRIER. ¿Quién es aquí el señor Gobernador?

GOBERNADOR. Yo soy, ¿Qué manda vuesa merced?

FURRIER. Que luego, al punto, mande hacer alojamiento para treinta hombres de armas que llegarán aquí dentro de media hora, y aun antes, que ya suena la trompeta, y adiós. (Vase).

 

BENITO. Yo apostaré que los envía el sabio Tontonelo.

CHANFALLA. No hay tal; que ésta es una compañía de caballos, que estaba alojada dos leguas de aquí.

BENITO. Aora yo conozco bien a Tontonelo, y sé que vos y él sois unos grandísimos bellacos, no perdonando al músico; y mirad que os mando que mandéis a Tontonelo no tenga atrevimiento de enviar estos hombres de armas, que le haré dar dozientos azotes en las espaldas, que se vean unos a otros.

CHANFALLA. ¡Digo, señor Alcalde, que no los envía Tontonelo!

BENITO. Digo que los envía Tontonelo, como ha enviado las otras sabandijas que yo he visto.

CAPACHO. Todos las habemos visto, señor Benito Repollo.

BENITO. No digo yo que no, señor Pedro Capacho. —No toques más, músico de entre sueños, que te romperé la cabeza.

(Vuelve el FURRIER.)

 

FURRIER. Ea, ¿está ya hecho el alojamiento? Que ya están los caballos en el pueblo.

BENITO. ¿Qué, todavía ha salido con la suya Tontonelo? ¡Pues yo os voto a tal, Autor de humos y de embelecos, que me lo habéis de pagar!

CHANFALLA.  Séanme testigos que me amenaza el Alcalde.

CHIRINOS. Séanme testigos que dice el Alcalde que lo que manda Su Majestad lo manda el sabio Tontonelo.

BENITO. Atontoneleada te vean mis ojos, plega a Dios Todopoderoso.

GOBERNADOR. Yo para mí tengo que verdaderamente estos hombres de armas no deben de ser de burlas.

FURRIER. ¿De burlas habían de ser, señor Gobernador? ¿Está en su seso?

JUAN CASTRADO. Bien pudieran ser atontonelados; como esas cosas habemos visto aquí. Por vida del Autor, que haga salir otra vez a la doncella Herodías, porque vea este señor lo que nunca ha visto; quizá con esto le cohecharemos para que se vaya presto del lugar.

CHANFALLA. Eso en buen hora, y veisla aquí a do vuelve, y hace de señas a su bailador a que de nuevo la ayude.

SOBRINO. Por mí no quedará, por cierto.

BENITO. Eso sí, sobrino; cánsala, cánsala; vueltas y más vueltas; ¡vive Dios, que es un azogue la muchacha! ¡Al hoyo, al hoyo! ¡a ello, a ello!

FURRIER. ¿Está loca esta gente? ¿Qué diablos de doncella es ésta, y qué baile, y qué Tontonelo?

CAPACHO. Luego ¿no vee la doncella herodiana el señor Furrier?

FURRIER. ¿Qué diablos de doncella tengo que ver?

CAPACHO. Basta: de ex illis es.

GOBERNADOR. De es illis es, de ex illis es.

JUAN CASTRADO. Dellos es, dellos el señor Furrier; dellos es.

FURRIER. ¡Soy de la mala puta que los parió; y, por Dios vivo, que si echo mano a la espada, que los haga salir por las ventanas, que no por la puerta!

CAPACHO. Basta: de ex illis es.

BENITO. Basta: dellos es, pues no vee nada. Cierto es que viene sin Mascarilla.

FURRIER. Canalla barretina: si otra vez me dicen que soy dellos, no les dejaré hueso sano.

BENITO. Nunca los confesos ni bastardos fueron valientes; y por eso no podemos dejar de decir: dellos es, dellos es.

FURRIER. ¡Cuerpo de Dios con los villanos! ¡Esperad!

(Mete mano a la espada, y acuchíllase con todos; y el ALCALDE aporrea al RABELLEJO; y la CHIRINOS descuelga la manta y dice:)

CHIRINOS. El diablo ha sido la trompeta, y la venida de los hombres de armas; parece que los llamaron con campanilla.

CHANFALLA.  El suceso ha sido extraordinario; la virtud del Retablo de las Mascarillas se queda en su punto, y mañana lo podemos mostrar al pueblo; y nosotros mismos podemos cantar el triunfo desta batalla, diciendo: ¡Vivan Chirinos y Chanfalla!

 

 

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