martes,30 noviembre 2021
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Ni Gobierno ni comunidades atajan los problemas clave para atraer talento innovador

Turistas con laptop: los errores del plan para atraer nómadas digitales a España

Si hay algo en lo que parece existir unanimidad entre el Gobierno y las comunidades autónomas, las empresas y los medios de comunicación, es en la oportunidad que la transformación digital y el teletrabajo ofrecen para atraer a nuestro país a ciento de miles de los conocidos como nómadas digitales: profesionales tecnológicos de alta cualificación que pueden trabajar prácticamente desde cualquier lugar.

Sin embargo, la realidad de los nómadas es diferente a la foto de los jóvenes tecleando sonriente en un portátil de alta gama desde un decorado de franquicia de cafeterías con las que se ilustran las noticias sobre este colectivo.

Según un estudio publicado por Infojobs sobre Los perfiles actitudinales de los trabajadores en España, el 17% de los trabajadores españoles entrarían en este estereotipo: se sienten absolutamente cómodos trabajando con herramientas digitales, se decantan por las empresas que apuestan por el talento, “que ofrecen proyectos retadores y que trabajan en la mejora continua y el crecimiento profesional continuado” y están dispuestos a cambiar de ciudad, comunidad autónoma o incluso país si se le presenta una buena oportunidad laboral.

Son un perfil joven y mayoritariamente masculino que opera en sectores de información y comunicaciones o administrativos y servicios auxiliares para el que el trabajo es un medio, no un fin, con lo cual no siente una vinculación especial con las empresas.

Lo que ocurre es que el nomadismo no es una cuestión de actitud, sino de coste de oportunidad. En un país en el que la emancipación se retrasa hasta los 29,6 años y mantiene la mayor tasa de paro juvenil –y general– de la Unión Europea, esa idealización puede parecer incluso cínica.

Nómadas vs exiliados

Durante la crisis financiera y de deuda, en la que se produjo una gran salida de trabajadores con nacionalidad española al exterior –liderada en un primer momento por los extranjeros nacionalizados durante la regulación de 2004, luego por los nacidos en España– nadie hablaba de nómadas. De hecho, usar términos técnicos como movilidad laboral o trabajadores desplazados –que es la terminología administrativa y laboral estándar– ya se criticaba como un eufemismo de exilio.

Usamos la palabra nómada como una simplificación de knowmad, juego de palabras acuñado por John Morevic en 2011 y que se traduce más correctamente como “nómada del conocimiento”. Un nuevo paradigma laboral para el siglo XXI sostenido sobre una visión de la globalización positiva basado en flujo de competencias y el establecimiento de relaciones y redes profesionales a medida de la nueva fase de la transformación digital.

Un concepto fundacional también para la gig economy, aunque su traslación a la realidad del mercado laboral se haya visto distorsionada por la irrupción de las plataformas de reparto, conductores y logística, seguramente en las antípodas de lo que Morevic tenía en mente como knowmads.

Aun así, la idea original sobrevive y acaba entrando en la agenda política española un poco antes de la pandemia. Pero aunque se presenta como una forma de atraer innovadores a nuestro país, en la práctica los que más en serio se toman esto son regiones turísticas que buscan explorar nuevos modelos que garanticen un flujo de visitantes de alto poder adquisitivo durante todo el año–. Es el ejemplo de Canarias.

Pero en 2020 llega la pandemia y esta visión se exporta al resto del territorio. La razón es simple: el colapso del turismo de negocios. Aunque los eventos presenciales han ido poco a poco volviendo en el último año, el consenso es que salvo para grandes citas, nada volverá a ser como antes. A diferencia del turismo vacacional, que se recuperará, los viajes de empresa se reducirán a una fracción de lo que fueron.

Desde las videoconferencias de Zoom al Metaverso de Facebook, la transformación tecnológica se orienta a la certeza de que gastar miles de euros en transporte, alojamiento y dietas para darse un simple apretón de manos –o chocar los codos– ya no es rentable.

Y en este contexto, los nómadas digitales y la innovación se ven como una alternativa de negocio.

Pese a que los datos nacionales no avalan esta idea. No hay más que ver la decepcionante evolución de nuestra tasa real de teletrabajo que hace apenas un año se veía como la solución a problemas como el de la España Vaciada.

“Turismo con laptop”

Aun así, el Gobierno ha diseñado un sistema de visados ‘ad hoc’ para los nómadas digitales en su Ley de Start Ups. En una jugada que recuerda a las “Golden Visa” por compra de viviendas de más 500.000 euros creada durante la etapa del Gobierno del PP, la iniciativa viene pilotada por la vicepresidencia económica más que el ministerio competente en política migratoria, en su momento el de Empleo y Seguridad Social, hoy el de Inclusión Social.

La norma busca atraer inversores, emprendedores, profesionales altamente cualificados, investigadores y y trabajadores desplazados por sus empresas –así como a estudiantes cursando formación o en prácticas– a los que se les flexibilizan los requisitos de permanencia, de entrada y salida de España, precisamente para facilitar su naturaleza “nómada”.

La experta en innovación y concejala de Mas Madrid en el ayuntamiento de la capital, Maysoun Douas, advierte de que la visión de estos profesionales como “turismo en laptop” no sólo está desconectada de la realidad, sino que desperdicia el verdadero potencial de estos profesionales al negar su carácter como migrantes.

Y es que el valor de estas personas no se limita a su capacidad de consumo, sino a la de aportar valor precisamente por el carácter innovador de su actividad.

En este sentido, Douas explica que el gran lastre de España para atraer el talento no se reduce a los visados, sino a las oportunidades de un mercado laboral y una infraestructura de políticas de integración que no tienen en cuenta el perfil profesional de las personas que llegan a nuestro país.

En este sentido explica que, aunque en las políticas públicas “prima lo asistencial”, es decir, las ayudas en los casos de vulnerabilidad social. Sin embargo, atendido esto, las barreras para una integración profesional existen, como ocurre en el caso de la homologación de las competencias profesionales.

De esta dificultad para atraer talento no depende de los visados, nos dan prueba los datos de trabajadores cualificados publicados por EUROSTAT: nuestro país tiene la mayor tasa de sobrecualificación de trabajadores nacionales y comunitarios –es decir, que no necesitan visado– de toda la Unión Europea.

La idea de atraer nómadas digitales mediante estos visados también choca con los ‘costes burocráticos’ que afrontan los desplazados que trabajar desde España para una empresa.

Cuestiones tan básicas como la escolarización de los hijos, el acceso a servicios hacen que esta posibilidad se restrinja a una minoría de altos directivos y no a otros perfiles cualificados que pueden ayudar consolidar una industria innovadora.

Por no hablar, por supuesto, de los problemas que afrontan los profesionales freelance para establecerse por su cuenta en España, con una fiscalidad emprendedora poco adaptada a esta la realidad.

 

Los nómadas que quieren las empresas

Pero existe un problema aún mayor con esta idea de nomadismo digital. Y es que las propias empresas españolas no son creadoras de talento nómada, sino consumidoras.

Es decir, utilizan nómadas digitales pero desde otros países: latinoamericanos, de Europa del Este, como Estonia –que está viviendo la mayor revolución digital de las UE– o incluso africanos como Ghana.

Douas, que además de su faceta política es co-fundadora de Excellentingalgoritmo para emparejar la oferta y la demanda tecnológica mediante el mapeo de innovaciones, recuerda que esta subcontratación es una práctica habitual en marketing y programación. La razón es tanto el menor coste de estos profesionales como para esquivar la regulación y burocracia de España.

Esto lleva a la paradoja, como apunta Douas, de que un migrante “tenga peor empleo que un compatriota con la misma cualificación trabajando en remoto desde su país”.

Esta dependencia es un síntoma de la falta de competitividad de la industria digital en España, que hace que nuestro país no sea un destino atractivo para los nómadas a los que aspiran tentar el Gobierno, comunidades autónomas y ayuntamientos.

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